Elena Tomás.

Elena Tomás. E.E.

Opinión

Distrito 7: ¿Ciudad del Cine o cajón de sastre?

Elena Tomás, portavoz de ZEC
Publicada

El Ayuntamiento de Zaragoza presenta el proyecto Distrito 7 como un ambicioso motor de modernización y empleo. Una “Ciudad del Cine” en pleno barrio de Las Fuentes que, según el discurso oficial, colocará a la capital aragonesa en el mapa audiovisual internacional. Sin embargo, basta leer los planes y escuchar a quienes conocen el sector para descubrir que nos encontramos ante un auténtico cajón de sastre, lleno de ideas que difícilmente encajan entre sí.

El proyecto prevé transformar las antiguas naves de Giesa en un espacio multifuncional: platós de rodaje, escuela audiovisual, salas de postproducción, coworking, espacios para eventos, un bar de barrio e incluso una plaza-backlot pensada a la vez para rodajes y convivencia vecinal. Todo al mismo tiempo. Pero, ¿es esto realista?

Los rodajes profesionales requieren entornos confidenciales, con accesos exclusivos y amplias zonas logísticas para trailers y camiones. El emplazamiento elegido no ofrece nada de eso. Situado en medio de un barrio denso, con problemas crónicos de aparcamiento y accesos ya saturados, pensar que allí se podrán atraer producciones internacionales es, como mínimo, ingenuo.

A esta incompatibilidad se suma la incoherencia de fondo: mientras la alcaldesa vende el audiovisual como “profesión de futuro”, las y los trabajadores del sector en Aragón se movilizan año tras año contra la precariedad. Plantillas enteras de subcontratas que prestan servicio a la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión denuncian sueldos bajos, inestabilidad y falta de reconocimiento. ¿De qué sirve inaugurar platós de millones de euros si quienes sostienen hoy el audiovisual en Aragón siguen sin condiciones dignas?

Y hay una intuición que no se puede obviar: el riesgo de que este gran proyecto, financiado con fondos europeos y recursos municipales, termine gestionado por una fundación privada vinculada al sector audiovisual aragonés. Es decir, dinero público para levantar la infraestructura y, después, beneficio privado para explotarla. Una operación demasiado conocida en nuestra ciudad, donde lo que empieza siendo “estratégico” para Zaragoza acaba convertido en un negocio particular.

La inversión anunciada es de 18,4 millones de euros, tres de ellos procedentes de fondos europeos. Una cifra considerable que contrasta con la falta de un plan claro y definido: ¿Será un espacio para la formación? ¿para rodajes de gran escala? ¿para el barrio? El riesgo es que no sea nada en concreto y un poco de todo a la vez, sin responder ni a las necesidades reales del sector ni a las de Las Fuentes.

La alcaldesa debería dejar de vender titulares y empezar por lo básico: conocer el sector del audiovisual, escuchar a las y los profesionales y dejar de vender humo. Zaragoza necesita políticas culturales y audiovisuales serias, con una mirada estratégica y social. Solo así tendrá sentido hablar de futuro.