La atención telefónica se habla más alto sin darse cuenta.

La atención telefónica se habla más alto sin darse cuenta. iStock

Historias

Riesgos de forzar la voz en el trabajo: señales tempranas, errores comunes y cuándo acudir al especialista

Javier Doñas Beleña, enfermero del trabajo de Quirónprevención advierte del aumento de problemas vocales ligados al estrés y al teletrabajo.

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Mariana Goya
Publicada

La voz es una herramienta de trabajo invisible, pero esencial para muchos profesionales. Docentes, teleoperadores, sanitarios o periodistas dependen de ella a diario, muchas veces sin ser plenamente conscientes del desgaste acumulado.

Según advierten desde Quirónprevención, el abuso vocal sostenido puede derivar en trastornos que afectan a la comunicación y, además, a la salud laboral, con patologías que en algunos casos llegan a considerarse enfermedad profesional.

Desde el punto de vista fisiológico, la voz se produce por la vibración de las cuerdas vocales situadas en la laringe, activadas por el aire procedente de los pulmones.

Este proceso, que implica órganos respiratorios, de fonación y de articulación, permite generar distintas cualidades acústicas como el timbre, el tono o la intensidad. Sin embargo, cuando este sistema se somete a un uso inadecuado o excesivo, comienzan a aparecer alteraciones.

Uno de los principales errores es asociar los problemas de voz únicamente con la ronquera o la afonía. Javier Doñas Beleña, enfermero del trabajo de Quirónprevención, subraya que los signos iniciales suelen ser mucho más sutiles.

"El primer síntoma casi nunca es la afonía, sino el cansancio", explica. Esa fatiga vocal se traduce en una sensación de esfuerzo al hablar, pérdida de agilidad o sequedad persistente.

Otros signos incluyen cosquilleo, ligera quemazón o cambios en la calidad de la voz, como pérdida de brillo o menor capacidad de proyección.

"Lo más llamativo es que todo esto puede ocurrir cuando, aparentemente, suena bien", señala el experto, quien insiste en que esa percepción de que "la voz no responde como antes" debe considerarse una señal de alerta.

Factores de riesgo

En entornos laborales como aulas o centros de atención telefónica, uno de los hábitos más perjudiciales es elevar el volumen para imponerse al ruido ambiental. Este esfuerzo continuado, unido a una respiración ineficaz —superficial y con tensión—, genera una sobrecarga progresiva de las cuerdas vocales.

Además, el escenario del teletrabajo ha añadido nuevos factores de riesgo. El uso de auriculares mal ajustados, la falta de pausas y las posturas rígidas frente al ordenador contribuyen a forzar la voz de forma inconsciente.

"Si uno no se oye bien, fuerza. Si el cuello y los hombros están tensos, la laringe lo paga", resume Doñas Beleña.

En el aula se eleva el volumen para imponerse al ruido.

En el aula se eleva el volumen para imponerse al ruido. iStock

A estos factores se suman elementos ambientales —como la sequedad, el polvo o el ruido— y personales, entre ellos el estrés. La tensión emocional tiene un impacto directo en la voz.

"No es una metáfora: es fisiología pura", afirma el especialista. La rigidez muscular en cuello y mandíbula puede bloquear la laringe incluso en ausencia de lesiones orgánicas.

Entre los comportamientos más extendidos destaca el carraspeo, que lejos de aliviar, agrava la irritación de las cuerdas vocales dado que implica un choque brusco que perpetúa el problema.

Como alternativa, los expertos recomiendan gestos más suaves como beber agua en pequeños sorbos, tragar saliva o emitir sonidos nasales leves.

La hidratación juega un papel clave, aunque no de forma inmediata. Y es que el agua contribuye a la lubricación interna de las cuerdas vocales. Por ello, se recomienda una ingesta regular a lo largo del día.

En paralelo, conviene vigilar la alimentación, especialmente el reflujo gastroesofágico, asociado al consumo de café, alcohol o comidas grasas, que puede dañar la laringe durante el descanso nocturno.

Además, Doñas Beleña insiste en rutinas sencillas para proteger la voz, tales como respirar utilizando el diafragma, relajar hombros y cuello o realizar ejercicios de calentamiento vocal, como la vibración de labios.

De este modo, se consigue reducir la tensión y mejorar la eficiencia del aparato fonador.

Cuándo acudir al especialista

Uno de los mensajes clave del portavoz de Quirónprevención es la importancia del diagnóstico precoz.

Si una alteración vocal persiste más de dos semanas, es necesario consultar a un especialista. "Aunque no duela. Pese a que parezca algo menor", advierte Doñas Beleña.

Y es que detectar a tiempo una sobrecarga puede evitar la aparición de lesiones como nódulos o pólipos, que en casos avanzados pueden requerir tratamientos prolongados o incluso cirugía.

De hecho, los nódulos en las cuerdas vocales están reconocidos como enfermedad profesional en determinados sectores.

Por ese motivo, con el foco puesto en cómo el teletrabajo y las videollamadas han incrementado el uso continuado de la voz, los expertos insisten en la necesidad de incorporar pausas, cuidar la ergonomía y reducir el esfuerzo innecesario. Porque la voz, concluyen, también necesita descanso.