El Stream live  no es actividad nueva y sigue siendo atractiva porque, en principio, el acceso a la misma es fácil y económica, parte de los componentes necesarios ya están plenamente incluidos en nuestra vida, fibra, pc cámara y micro, no se necesita más para que en principio “cualquiera pueda lanzar a internet lo que cada uno desee, su mensaje, su actividad, su profesión”. Y digo en principio, si no es por las normas, estrictas normas impuestas por las distintas plataformas para ser usuario de, por ejemplo: YouTube, Twitch, Trovo, twitter, Instagram, Periscope, Younow etc.

“La fama al alcance de un click” Aviso, no es barata.



La RAE define responsabilidad como: “Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.”



Lo malo es asignársela conscientemente a la persona equivocada en base a cualquier norma o criterio, sea público, privada o de aceptación privada.

Todos estamos bajo el imperio de la Ley y el compromiso, como no, de respetarla.



¿Por qué hablo de responsabilidad o de compromiso? Aclaro de qué va el asunto: Pues…..viene todo a este artículo por el “baneo-sanción” es decir, el cierre por 24 horas (al final sólo fueron unas horas) del canal en la plataforma Twitch del afamado streamer -no sé por qué-  Ibai Llanos, del que a veces pienso si no he sintonizado la 4 o la 5 cuando paso -de refilón- por algunas de sus emisiones.



Les pongo en contesto: Hace poco Ibai realizó en su canal una “Batalla de gallos” creo que así se denomina popularmente a los duelos de raperos, en el que se contestaban mutuamente con pareados.

Llegado a un álgido momento del combate- batalla  uno de los participantes pareando sobre calvos de la testa, quiso creer que la suya estaba en su trasero e hizo lo que coloquialmente se llama “un calvo” bajarse los pantalones y enseñar su calvo trasero al contrincante.



Este fue el elemento que cambió el futuro en Twitch de Ibai Llanos.

Al día siguiente y con la escaleta planificada Ibai no pudo emitir, su canal (había sido clausurado 24 horas) y todo por un trasero calvo.

Con el trabajo realizado, habiendo planificado una serie de actos, entrevista ya fijada para ese día, ahí estaba Ibai Llanos “abierto en canal” y nunca mejor dicho, por un acto ajeno a su persona, acto del que no era responsable.



Y cuando hablo del futuro de este streamer en Twitch lo digo porque Ibai ya tiene dos baneos previos y, además, por similares circunstancias, por lo que, aplicando la controvertida normativa de Twitch, debería ser sancionado con el baneo permanente, expulsión y cierre de su canal.

Lógicamente y en tales circunstancias hay que hablar de su futuro y, en general de todos aquellos que realizan esta labor, buena o mala, profesional o amateur, porque el que vive de esta labor de entretenimiento no puede estar pendiente, cada vez que alguien ajeno a él y que, participando en eventos que realice Ibai u otros, se le ocurra enseñar su “baja y trasera calvicie”.

La inseguridad es tan grande por la controvertida normativa de Twitch que hace  imposible que la imaginación alumbre otros eventos, la capacidad coactiva de normas inadecuadas, excesivas, nada justas y, por supuesto, nada equitativas, que tratan de ser un elemento de control, una inquisición encubierta, se tornan, en sí mismas, normas sin eficaz labor, pues dañan colateralmente, cercenan, limitan en este caso la elaboración de eventos y otros actos a los streamer en detrimento lógicamente de una oferta imaginativa. Y así, con todo, es difícil que se pueda crear un espacio de libertad donde la imaginación cabalgue libre.



Nadie puede trabajar o realizar ninguna labor manteniéndose en una cuerda floja que, además, otros mueven a su conveniencia y, en este sentido, el futuro de nadie, en este tipo de plataformas, está seguro si depende de, para mí, sospechosas o dudosas normas que no son objetivas sobre acciones que no son de tu directa responsabilidad, como es el caso de Ibai Llanos.

No es justo, no es equitativo, no es adecuado para la línea de negocio que ofrece Twitch en Europa y que, trata de controlar por medio de una normativa, que sí podría ser adecuada para la moral de la sociedad norteamericana, pero en absoluto para la sociedad europea.

Asignar la responsabilidad de actos que no son propios y, mucho menos, sancionar a la persona equivocada por esos actos no suele estar bien visto en la cultura europea y, creo que, tampoco en la americana. El concepto de lo justo creo que no difiere mucho en ambas sociedades.



Es que hay que entrar en el fondo del asunto, este tipo de normas son muy parecidas a las llamadas “cláusulas leoninas” de algunos contratos de diversos tipos y que se valen de su posición de poder para imponerlas y que, repetidamente han sido puestas en duda en los tribunales de este país -incido- día sí, y día también.

Y esto debería tenerlo en cuenta Twitch y otras plataformas venidas de fuera de Europa o no, en las que sus normas deben adaptarse al diferenciado y particular continente que es Europa; diferente en lo social, en lo político y sobre todo en lo jurídico.

La sociedad europea no es la sociedad americana, el concepto de libertad de opinión están un nivel por encima de otros valores como puede ser la ética y moral de cada uno, muchos “Gazquez” vamos a necesitar para tratar estos ataques a la libertad de opinión.



De todo ello extraigo, para poner en el foco, sobre cómo estas plataformas tratan el esfuerzo, que lo hay, las ilusiones, muchas, los deseos legítimos, para llegar a hacer de tu mensaje un objeto de atención. Lo que sobresale no es baladí y hay que prestar la debida atención sobre la incidencia psicológica que este tratamiento está incidiendo sobre los jóvenes que se acercan a esta actividad.

Lo de Ibai Llanos es un caso menor y demuestra la diferenciación que se hace en el uso y aplicación de  cláusulas que inciden, sin lugar a dudas, en las relaciones con otros streamer, quizás la fama y el poderío mediático tiene que ver, pero lo grave y es a tener en cuenta, no sé si es consecuencia de, pero que la respuesta sea traumática hay que tenerlo en cuenta, las autoridades competentes deben fijarse en los contratos que se  hacen y  evaluar si las relaciones contractuales son las correctas y  adecuadas a derecho.