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Eduardo Andreu junto a los equipos de rescate que buscan cadáveres en el río Potomac. EFE
Dr. Andreu, forense en el accidente de Spanair: "El mayor problema en un accidente aéreo es el número de víctimas"
El director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Madrid reconoce que el elevado número de cadáveres dificulta las tareas de identificación.
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A las pocas horas de que un avión de pasajeros de American Eagle colisionara con un helicóptero militar Black Hawk en Washington, se confirmaba la peor de las noticias: no había ningún superviviente. En la aeronave viajaban 60 pasajeros y cuatro miembros de la tripulación, mientras que en el helicóptero iban tres soldados. Aunque hasta el momento se han recuperado 28 cadáveres de las aguas del río Potomac, según han anunciado las autoridades locales, ya se conoce que en el vuelo siniestrado viajaba el equipo estadounidense de patinaje artístico.
Pero, como precisa a EL ESPAÑOL Eduardo Andreu, director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IML) de Madrid, ante un suceso con múltiples muertos el último error que se puede cometer es el de no identificar bien a una víctima. Y sabe bien de lo que habla: además de participar en las tareas de identificación del 11-M, coordinó las identificaciones de los 154 fallecidos en el accidente de Spanair.
En este último caso, un total de 94 pasajeros fueron víctimas de la carbonización. Pese a que varía según las circunstancias, en los accidentes aéreos es probable que muchos cadáveres estén carbonizados. También hubo dos víctimas que fallecieron asfixiadas por sumersión, al caer en el arroyo cercano al lugar del siniestro, como comentaron en un artículo que publicó posteriormente en la Revista Española de Medicina Legal, junto a Francisco Pera Bajo.
Desde que sucedió el accidente de Spanair hasta que "se entregó el último cadáver" tardaron una semana. Es probable que en el accidente de Washington también se alcance este periodo. Aunque desconoce "cualquier dato" acerca de este suceso, Andreu entiende que, al ser un país como Estados Unidos, "no habrá falta de recursos y se resolverá relativamente rápido".
Del ADN al tatuaje
El mayor problema en este tipo de situaciones es "el número elevado de víctimas". Los médicos forenses se ven abocados a un escenario en el que deben gestionar una cantidad importante de cadáveres. A diferencia de lo que sucede en otras catástrofes —como, por ejemplo, la Dana—, en los accidentes aéreos no suelen existir múltiples focos, por lo que el registro de víctimas no es tan complejo.
Y es que manejar un número tan elevado de víctimas se hace difícil para evitar cualquier error. No sólo en la identificación de la víctima, aunque las pruebas que se realizan "son casi todas irrefutables"; sino también en la entrega del cadáver, donde pueden existir "confusiones" por problemas como, por ejemplo, la numeración.
En algunos países la entrega de los cadáveres a las familias no se realiza hasta que se identifica a todas las víctimas. Aunque no hay una forma universal de actuar. En España, se va entregando a los familiares a medida que las van identificando. "Corremos el riesgo de cometer un error", apunta Andreu, "pero nunca ha ocurrido".
OMG—Video showing American Airline flight ✈️ 5342 colliding with a helicopter 🚁 on approach to DCA airport just over the Potomac River. The AA 5342 is a Bombardier CRJ700 with a capacity of 68-73 passengers. Explosion visible on footage from the Kennedy Center. pic.twitter.com/jO80KAMWKC
— Eric Feigl-Ding (@DrEricDing) January 30, 2025
Aunque para llegar a la entrega de los cadáveres, primero se debe activar el protocolo con el que se pone en marcha el operativo. Es entonces cuando los médicos forenses acuden al lugar de los hechos para "la inspección ocular e iniciar los trabajos de identificación de las víctimas".
En base al número de víctimas, previamente se ha decidido cuál será el área de depósito de cadáveres. En el accidente de Spanair, se optó por el Pabellón 6 de IFEMA ya que el IML de Madrid no contaba con las instalaciones actuales. En este espacio también se lleva a cabo el estudio para determinar la causa oficial de la muerte.
Aunque "la cuestión principal", sin duda, es la identificación de las víctimas a través de los métodos de identificación primarios, que comienzan por las huellas dactilares. En ocasiones, resulta imposible obtener esta información por el estado de descomposición del cadáver, por lo que se recurre a la identificación por ADN, puesto que en las autopsias se toman muestras biológicas del cuerpo.
También se usa la identificación dental, comparando la ficha dental con la dentadura del cadáver. En el caso de que ni siquiera se consiga de esta forma, se utilizan otros métodos de identificación secundarios para ayudar en la identificación como prótesis, intervenciones quirúrgicas o tatuajes.
Sin sensación de cansancio
Desde el punto de vista personal, Andreu reconoce que como médicos forenses no están preparados para hacer frente a una catástrofe con múltiples víctimas. Por ello lo más importante es "desligar el plano familiar del laboral". Esto les permite estar alerta sin tener la sensación de cansancio: "Quienes hemos trabajado en estas situaciones hemos estado 36 horas sin parar porque tu único interés pasa por que las familias de esas víctimas tengan a su ser querido cuanto antes".
En esos momentos, los forenses no son conscientes de la catástrofe que les rodea. Aunque una vez que terminan su actividad y regresan a casa es cuando aparece, dice Andreu, "una especie de vacío". Aunque, por fortuna, cuentan con suficientes recursos como para superarlo. En sus más de 25 años de carrera, el director del IML de Madrid no sólo ha participado en la identificación de las víctimas del 11-M y del accidente de Spanair.
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E.E.
También guarda un recuerdo amargo del accidente del pabellón Madrid Arena, en el que fallecieron cinco jóvenes como consecuencia de una avalancha. Sus hijos estuvieron allí, por lo que fue casi imposible en este caso desligar lo laboral de lo personal. Además, "las autopsias a menores son muy dramáticas". Todas estas experiencias quedan en el recuerdo de Andreu "como una cicatriz". Porque, al final, aunque "se termine superando, no se olvida nunca".