Fede Valverde, 27 años

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Corazón

Fede Valverde, 27 años: "Mi madre se saltaba comidas para que yo pudiera tener mi latita de Coca-Cola"

El centrocampista del Real Madrid se sinceró sobre la dura realidad de sus orígenes y el sacrificio impagable de sus padres para que hoy brille en el Bernabéu.

Más información: Fede Valverde: "No me gusta decir que éramos pobres, prefiero decir que mi padre y mi madre eran muy trabajadores".

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Cuando vemos a Fede Valverde correr incansablemente por el imponente césped del Santiago Bernabéu, levantar trofeos de la Champions League o firmar autógrafos a cientos de fans que corean su nombre, es muy fácil dejarse llevar por el brillo del éxito y olvidar que detrás del ídolo mundial hay una historia humana llena de duros sacrificios.

El futbolista uruguayo de 27 años se abrió en canal, mostrando su lado más vulnerable en unas declaraciones que han dejado sin palabras tanto al madridismo como a sus seguidores.

No siempre hubo focos, fama ni lujos. Hubo un tiempo en el que la supervivencia era el verdadero partido a ganar cada día.

"No me gusta decir que éramos pobres. Prefiero decir que mi madre y mi padre eran muy trabajadores", confiesa el mediocampista con una madurez y un orgullo que logran erizar la piel.

Nacido y crecido en las humildes calles de Montevideo, en Uruguay, el camino del 'Pajarito' hacia la cima no estuvo pavimentado con facilidades.

Sus palabras son un crudo recordatorio de la realidad de miles de niños que abrazan el balón como su única vía de escape.

Las estrecheces económicas en su hogar marcaban el día a día, pero el amor incondicional de su familia siempre lograba imponerse a las carencias materiales.

Los recuerdos de su infancia están grabados a fuego en su memoria y uno de los pasajes más impactantes de su relato expone las duras condiciones de su vivienda.

"En verano te acostabas a la noche y quizás escuchabas las cucarachas. Mi cama era apenas un colchón en el suelo", relata Valverde con una honestidad desarmante.

Un colchón que, además, estaba en tan mal estado que, según bromea hoy el propio futbolista para quitarle hierro al asunto, "si te llegabas a poner justo en el medio, te hacía un sándwich y tenías que pedir ayuda para poder salir".

Lo que hoy recuerda con una tímida sonrisa de superación, en su niñez era motivo de una profunda vergüenza. El pequeño Fede evitaba invitar a sus compañeros de equipo a su casa porque el contraste dolió demasiado pronto.

"Nuestra tele estaba en una mesita que tenía tres ruedas. Si la llegabas a tocar, se caía toda torcida para un lado", rememora, confesando cómo su realidad económica le generaba fuertes complejos infantiles.

Sin embargo, el pasaje que más lágrimas ha arrancado entre quienes escuchan su testimonio tiene que ver con el heroísmo silencioso de su madre.

En un acto supremo de amor filial, la madre de Fede ocultaba el hambre para que su hijo pudiera disfrutar de los pequeños placeres de la vida.

"Mi madre se saltaba comidas para que yo pudiera tener mi latita de Coca-Cola", desvela emocionado. "Ves a tu madre que se salta una comida y quizás de niño piensas: '¿No tiene hambre?'... Lo que ella sacrificaba para que yo pudiera tener mi latita, ni siquiera lo sé. Y no sé si quiero saberlo".

Pese a todo, Valverde asegura que aquella hora diaria que pasaba con sus padres entre sus agotadores turnos de trabajo era "el momento más feliz del día" y que, juntos, "eran más felices que nadie".

Fede Valverde encontró en el fútbol su gran refugio, su forma de canalizar la impotencia y, finalmente, la herramienta milagrosa para cambiar el destino de toda su familia.

La infancia de Valverde

Hoy mira atrás y asegura con humildad: "En verdad, yo no era nadie". Pero se equivoca de lleno. Era un niño con un sueño inmenso sostenido por el sudor y el hambre de unos padres inquebrantables.

Su mayor victoria no es la ansiada gloria europea ni los millones; su verdadero triunfo es haber sacado a su familia de aquel colchón en el suelo para llevarlos a lo más alto.

Una lección de vida espectacular que demuestra por qué Fede Valverde es, más allá del terreno de juego, un auténtico gigante humano.