Image: Ira y tiempo

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Ensayo

Ira y tiempo

Peter Sloterdijk

30 abril, 2010 02:00

Peter Sloterdijk. Foto: Jesús Morón

Trad. M. A. Vega y E. Serrano. Siruela, 2010. 292 pp, 26 e.


Para lo bueno y para lo malo, Peter Sloterdijk (Karlsruhe, 1947) es un pensador tremendamente efectista. A veces, sus deslumbrantes divagaciones no son más que visitas camufladas a los grandes lugares comunes de la filosofía contemporánea. Suele buscar por igual la sorpresa y la provocación, sugiriendo al lector horizontes inéditos a base de describir esos tópicos con expresiones sorprendentes, llenas de ingenio e inventiva. En su último libro, ya el propio título parece un guiño al solemne Sein und Zeit de Heidegger, convertido aquí en Zorn und Zeit: no una historia del olvido del Ser, sino una historia del olvido de la ira como factor psicopolítico decisivo en Occidente.

No obstante, más allá de su apariencia teatral a modo de historia jamás contada, e incluso de la realidad de sus muchos préstamos implícitos, la obratestimonia la envidiable capacidad de Sloterdijk para exprimir todo el potencial de su brillantísimo estilo, tan desusado en la prosa científica, y extraer de él auténticos hallazgos teóricos. En este caso, el relato en cuatro tiempos de las economías occidentales de la ira, de la antigüedad a la actual sociedad de consumo, pasando por el cristianismo y el comunismo, desemboca en una sugestiva lectura de la condición humana del presente.

La ira está inscrita en el corazón mismo de la civilización europea, nos recuerda Sloterdijk. Es su primera palabra, con la que se inicia la Ilíada, invocando a la diosa para que cante la cólera de Aquiles. En cuanto inductora del exceso, los griegos la consideraron portadora de desgracias, pero también supieron ver en ella una ocasión singular para el heroísmo, al inspirar arrojo (thymós) frente a la injusticia. Después, el cristianismo aparentó querer erradicarla por completo. Proclamó el paso del iracundo Dios veterotestamentario a una religión del amor al enemigo, del perdón y la renuncia a la venganza. Pero eso, advierte Sloterdijk, sería desconocer hasta qué punto persistió en la escatología cristiana un furor apocalíptico que seguía demandando resarcimiento. En realidad, con la cristianización de la ira de Dios se establece un "banco transcendental para los depósitos aplazados de los impulsos thimóticos", que posterga la amortización de la venganza hasta el fin de los tiempos. Luego, en la modernidad, la muerte de Dios condena a los hombres a la impaciencia, la venganza ya no puede aplazarse tanto y agentes de ira terrenales asumen la misión de desplegarla en la historia. Estimulando el resentimiento de los humillados, el comunismo sería la expresión depurada de este banco mundial de la ira de la era burguesa, que tuvo su máxima forma novelada en El conde de Montecristo, a la que dedica unas inspiradas páginas el pensador.

Apelando a Nietzsche, Sloterdijk no ve en todo esto sino una manera resentida de administrar esa dimensión fundamental del ser humano. El psicoanálisis no habría sido sino otra variante más, una errónea comprensión del hombre que atiende sólo al polo erótico de la psique y descuida el polo de las energías thimóticas. El programa pedagógico psicoanalítico habría buscado la superación del narcisismo en un amor maduro al objeto, pero no el cultivo del adulto "orgulloso, guerrero y portador de ambición". Con ello se habría distorsionado la relación de las energías en la propia economía libidinal del individuo, proyectándola luego al exterior. Así llega Sloterdijk a su interpretación del consumismo actual como una entrega unilateral a los afectos "eróticos", que debería ser compensada con una pedagogía de la autoafirmación orgullosa, no neurótica ni resentida del yo.

Como en otras ocasiones, Sloterdijk se muestra más acertado en la crítica de lo establecido que en la terapéutica que sugiere. Su propuesta de unos "ejercicios de equilibrio" entre impulsos eróticos y thimóticos, queda en la misma imprecisión que aquella polémica invocación suya de unas normas para el parque zoológico humano. Pero su lectura de la actual sociedad de consumo como una sociedad del resentimiento posee una carga crítica de lo mas estimulante. Y eso no es poco.