El papado es una institución con luces y sombras a lo largo de la historia. En ocasiones ha actuado como faro y guía espiritual y en otras ha estado sumido en controversias. El actual papa Francisco ha sido un adalid de la lucha por la igualdad de género, la búsqueda de la paz y la responsabilidad ambiental.
Sin embargo, hasta el siglo XX, el papado tenía sobre todo un papel político, con intereses territoriales y de poder que a menudo se sobreponían a su parte religiosa.
Cada papa ha dejado un legado diferente, aunque lo que más se solía esperar era que estuviera involucrado en las tensiones de los países, incluyendo las del mismo Vaticano, o conquistando tierra de infieles.
Pero hasta en esos tiempos algunos pontífices intentaron crear un mundo mejor. Y, siguiendo las palabras de Jesús, eliminar pobreza, curar a los enfermos y trabajar por la paz.
Papas por la paz
Los papas del siglo XX, con la separación formal del Estado y la religión, han adoptado un papel orientativo. De guía espiritual, sin verdadero poder político, pero con una gran influencia en los creyentes. En la mayoría de los casos, la gente recuerda los logros y récords de Juan Pablo II, pero hay algunos más que merecen ser recordados.
El papa Pablo VI (1963-1978) es recordado por su incansable búsqueda del entendimiento entre países. En 1965, se convirtió en el primer pontífice en dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde proclamó: "Nunca más la guerra". En una carta dirigida a todos sus fieles, subrayó que "el desarrollo es el nuevo nombre de la paz", enfatizando la necesidad de justicia social y económica para lograr el fin de los conflictos.
Terminando el siglo XIX la revolución industrial avanzaba a todo vapor, también el proletariado y las injusticias contra ellos. En ese contexto, León XIII (1878-1903) defendió los derechos de los trabajadores, abogando por salarios justos, condiciones laborales dignas y el derecho a formar sindicatos. Este papa sentó las bases de la Doctrina Social de la Iglesia, que ofrece una respuesta moral a los desafíos de la industrialización y las desigualdades económicas, poniéndose del lado de los trabajadores.
Durante el Renacimiento italiano, Nicolás V (1447-1455) es reconocido por su contribución al asentamiento cultural y educativo de la Europa de la época. Fundó la biblioteca vaticana, que preservó invaluables escritos y fomentó el estudio académico, al menos del clero. Su mecenazgo atrajo a eruditos y artistas, convirtiendo a Roma en un centro de conocimiento y cultura durante el Renacimiento.
El papa Nicolás V hizo de Mecenas en los albores del Renacimiento.
Inocencio III (1198-1216) mostró un compromiso con la paz. Durante su pontificado, reforzó el papel de la atención sanitaria y la educación en las órdenes monásticas, dos pilares fundamentales en la lucha contra la desigualdad.
Además, fue un firme defensor de la llamada Tregua de Dios, una iniciativa para limitar la violencia entre los señores feudales en Europa. Su papado, aunque limitado por la política eclesiástica de la época, tuvo un impacto en la protección de los más vulnerables y desnutridos.
Papa en el Siglo XXI
Retomando la figura del papa actual, su figura ha sido un faro de esperanza. Para muchos, Francisco ha traído un nuevo aire a la Iglesia. En un mundo lleno de conflictos y desigualdades, llamó a los jóvenes a defender la justicia, el medio ambiente y los derechos de las mujeres. Se enfrentó a desafíos que vinieron de dentro y de fuera de la Iglesia.
A pesar de todo, su misión de promover el bien común, a menudo se ve obstaculizada por intereses geopolíticos que no siguen el camino del buen cristiano. Como Cristo enseñó en el Sermón de la Montaña, "bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9).
Por desgracia, a menudo la avaricia y el poder prevalecen. La labor de un pontífice por el bienestar de la humanidad enfrenta resistencias constantes y la cuestión que ya asoma es cómo las enfrentará quien venga después.