Casi la mitad de las muertes de menores de 5 años en el mundo podrían evitarse tratando la desnutrición infantil, pero la financiación y el compromiso político para erradicar el hambre es insuficiente. En la Cumbre Internacional 'Nutrición para el Crecimiento', que arrancó el 27 de marzo en París, nuestro país debe comprometerse a incrementar su inversión en nutrición.
Cada día mueren en el mundo 13.800 niños y niñas menores de 5 años, y casi la mitad de ellos pierde la vida por causas relacionadas con la desnutrición. A pesar de los avances científicos, estamos retrocediendo en seguridad alimentaria.
El hambre ha aumentado a lo largo de la última década y, según el más reciente informe de Naciones Unidas, en la actualidad lo sufren 733 millones de personas, lo que supone una de cada once en todo el planeta, y una de cada cinco en África. En cuanto a la infancia, casi 149 millones de menores de 5 años en todo el mundo sufrieron desnutrición crónica y 45 millones padecieron desnutrición aguda severa en 2022.
Se trata de cifras alarmantes, sobre todo cuando nos encontramos en la recta final de la Agenda 2030 y alcanzar el Objetivo de Hambre Cero (ODS 2) parece una utopía en el plazo establecido de cinco años. La nutrición, además, impacta en 11 de los 17 Objetivos establecidos en la hoja de ruta de Naciones Unidas, por lo que difícilmente se podrá cumplir con este compromiso global sin incidir en un aspecto que lo atraviesa todo.
En este contexto, resulta más urgente que nunca que España aumente la inversión que destina a nutrición a nivel global, se involucre a fondo en el movimiento Scalling Up Nutrition y participe de forma activa en la próxima Cumbre Internacional Nutrición para el Crecimiento (N4G, por sus siglas en inglés), que se celebra el 27 y 28 de marzo en París.
La cita, que busca movilizar a la comunidad internacional para garantizar la nutrición a escala global, es clave para que tanto los Estados afectados como los Estados donantes establezcan compromisos firmes para poner fin al hambre. Nuestro país no puede asistir como mero espectador. Tiene que actuar.
Se trata de una oportunidad decisiva para que España, que hasta la fecha ha puesto a disposición recursos limitados a la hora de combatir la desnutrición, se comprometa a erradicarla en todas sus formas, ponga en marcha medidas políticas, amplíe su financiación para acercarse a los estándares europeos y se convierta en una voz relevante dentro de los foros globales.
Pese a que nuestro país ha hecho grandes contribuciones para reducir la mortalidad entre niños y niñas, mejorar la salud o ayudar al desarrollo de las sociedades, la lucha contra la desnutrición infantil no ha recibido la atención necesaria.
España solo destina el 0,12% de su presupuesto de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) a nutrición básica, es decir, a intervenciones para combatir la desnutrición infantil. Se trata de un porcentaje muy inferior al de otros países homólogos, como Irlanda (1,35%) o Países Bajos (0,95%), algo que pone de manifiesto la urgencia de aumentar el presupuesto para atender a los países más afectados por el hambre y, en concreto, a su población infantil.
Acción contra el Hambre considera que el porcentaje de AOD que España destina a nutrición es claramente insuficiente. Debe multiplicarse por diez y alcanzar al menos el 1% de esta partida lo antes posible. También abogamos porque ese incremento se mantenga estable durante los próximos años para ajustarse a las recomendaciones del Banco Mundial y para que el país adquiera un papel relevante como impulsor del ODS 2, crucial para la Agenda 2030.
Sin embargo, no basta solo con eso. El propio presupuesto general de Ayuda Oficial al Desarrollo resulta escaso y todavía queda muy lejos del 0,7% del PIB al que se comprometió nuestro país de cara a 2030 ante la Organización para la Cooperación Económica Europea (OCDE).
Por otro lado, instamos a que la Estrategia de Lucha contra el Hambre de la Cooperación Española, que se encuentra en proceso de renovación, incluya la lucha contra la desnutrición infantil como eje principal, y los derechos de la infancia como cuestión transversal.
Tratar el hambre salva vidas, ya que está demostrado que el 80% de los niños y niñas que accede a tratamientos contra la desnutrición aguda se cura. En cambio, tan solo el 25% acceden a estos tratamientos, y si no se toman medidas urgentes para poner fin a las muertes prevenibles de recién nacidos y menores de 5 años, 35 millones de niños y niñas fallecerán antes de 2030.
Invertir en nutrición es altamente rentable, con beneficios económicos que superan ampliamente los costos, puesto que la mejora nutricional disminuye la prevalencia de enfermedades, reduciendo los costos en salud, y favorece el desarrollo cognitivo y la productividad, siendo estas cuestiones fundamentales para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social.
Se estima que el retorno de cada dólar invertido en intervenciones tempranas de nutrición es de 23 dólares, por lo que garantizar la seguridad alimentaria infantil debe estar en el centro de nuestras políticas y financiación para el desarrollo sostenible.
La cumbre N4G de París nos brinda una buena oportunidad para hacerlo. Además, este año tendremos otra ocasión de oro para seguir insistiendo en que erradicar el hambre es fundamental para el desarrollo sostenible.
Naciones Unidas ha elegido España para albergar la IV Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, que se celebrará en Sevilla del 30 de junio y el 3 de julio de 2025. En esta cita clave para que la comunidad internacional adopte medidas y movilice recursos para cumplir los compromisos de la Agenda 2030, poner fin al hambre y la desnutrición infantil debe estar en el centro.
*** Menna Seged Abraha es responsable de Incidencia para África en Acción contra el Hambre.