Nos encontramos ante la gran oportunidad de hacer de la educación una palanca de crecimiento económico y desarrollo social para España, mejorando la calidad percibida a través de los rankings internacionales y seamos un referente mundial capaz de atraer el mejor talento y las mentes más brillantes. Podemos y debemos ambicionar que el sector de la educación (2,2% del PIB) sea motor de crecimiento en exportaciones, como ya hemos conseguido con el turismo (13,4% del PIB)

Contamos con un sistema universitario consolidado y robusto y con una comunidad educativa comprometida con la innovación. Debemos actuar con ambición y urgencia. La velocidad del cambio tecnológico no espera, y aquellos países que se adapten rápidamente liderarán el futuro.

Tal y como se apuntaba en el Foro de Davos celebrado la semana pasada, el cambio sistémico que estamos viviendo, y que continuará en los próximos años, exige alinear los modelos de educación con las demandas de una sociedad en constante evolución. El impacto de la tecnología - donde la Inteligencia Artificial, la automatización y el aprendizaje basado en datos están remodelando las competencias necesarias para el éxito profesional- requiere de nuevos currículos adaptados a esta realidad. Al mismo tiempo, es necesario insistir en la importancia del lado humano, en el desarrollo personal y profesional de los estudiantes y en el impulso de habilidades sociales de los directivos.

Según datos del FMI, el 40% de los puestos de trabajo de todo el mundo están expuestos a la influencia de la IA de una manera u otra. Además, el último Informe del Futuro del Trabajo del Foro Económico Mundial, publicado hace unas semanas, indica que en los próximos cinco años se crearán en torno a 170 millones de empleos, que equivalen al 14% del empleo actual. De ellos, estima que 92 millones serán fruto del desplazamiento de puestos de trabajo derivado de un cambio de tendencia entre sectores productivos y de la necesidad de recualificación de los profesionales para hacer frente a la transformación industrial.

Estos nuevos empleos requerirán además de nuevas habilidades, dado que el 39% de las core skills cambiarán en los próximos cinco años, según el mismo informe. Por tanto, conocimientos en IA, habilidades digitales y nociones en ciberseguridad ya se están combinando con otras como el pensamiento analítico, la curiosidad y la comunicación, entre otras, para dibujar el profesional del futuro.

Para responder al nuevo mercado laboral, habría que repensar el modelo educativo, teniendo en cuenta estos dos hemisferios: las habilidades tecnológicas y el desarrollo emocional y social. Solo hace falta echar un vistazo a los índices globales para ver que necesitamos aumentar la capacitación en habilidades digitales de la población en general. Debemos revisar la adaptación de los currículos a las competencias que el mercado demanda y al mismo tiempo dotar de mayor flexibilidad al modelo educativo para que se ajuste más rápido a los cambios que vendrán. Al mismo tiempo, hemos de cuidar el desarrollo humano de los estudiantes.

Ofrecerles guía y apoyo para desarrollar todo su potencial y las habilidades que les ayudarán a dotar de propósito a todo lo que hacen.

Debemos dotar a las nuevas generaciones con los conocimientos necesarios para hacer -como se indicaba en Davos- que la tecnología les ayude a ser más productivos y a simplificar sus tareas, pero, sobre todo, a aumentar la igualdad y accesibilidad de los servicios y a reducir las brechas sociales. En definitiva, para que aprendan a encontrar un propósito a la tecnología que usan en su actividad profesional que redunde en beneficios para las comunidades a las que pertenecen.

Se trata, en suma, de construir un modelo en evolución rápida con la demanda de la sociedad, para lo que es crucial la cooperación y trabajo conjunto del ámbito público y privado. Combinar fuerzas, capacidades y conocimientos nos permitirá establecer un sistema que ayude a los estudiantes a entender el mundo y aprender constantemente las claves de su evolución para que puedan ser dueños de su futuro y construirlo a su manera.

Tenemos la oportunidad de convertir al sector de la educación en España en un referente internacional, contribuyendo así al crecimiento del PIB -por ejemplo, en Reino Unido supone el 7,7% de su PIB-. Para ello debemos continuar la senda de mejora continua de la calidad real y percibida, adaptar la regulación para favorecer la velocidad de adaptación de los currículos a las necesidades de los empleadores – públicos y privados -, y dotar a nuestros estudiantes y profesionales con las mejores capacidades en las tecnologías generales y especializadas de su profesión.

*** Domingo Mirón es CEO del grupo educativo UAX (Universidad Alfonso X el Sabio).