Carlos Cuerpo, ministro de Economia, Comercio y Empresa.

Carlos Cuerpo, ministro de Economia, Comercio y Empresa. Eduardo Parra / Europa Press.

Macroeconomía

El frenazo del comercio exterior acentúa la desaceleración que ya afronta la economía española

En enero las exportaciones cayeron más de un 1% respecto al mismo mes de 2024.

Más información: Aviso del BdE: los márgenes empresariales están por debajo de 2019 y una "atonía" mayor podría dañar a la inversión

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Las proyecciones de crecimiento vuelven a cambiar. Varios entes económicos y think tanks han variado al alza sus pronósticos de PIB para España en este 2025. Sin embargo, todas las revisiones coinciden también en que la economía va a pasar a una fase de desaceleración en la que el consumo interno va a ocupar un papel todavía más protagonista y, en cambio, las exportaciones poco a poco irán perdiendo fuste.

La mala situación de las economías de la eurozona (principales clientes del comercio exterior español) y la guerra comercial que está dando sus primeros pasos amenazan con perjudicar todavía más la economía española, pudiendo ocasionar un frenazo más fuerte de lo previsto.

El panel de Funcas (que recopila el consenso de los entes oficiales de análisis económico y de los principales think tanks) apunta en esta dirección. Mejora su previsión de crecimiento del PIB de 2025 hasta el 2,5% (una décima más). Con todo, este pronóstico es inferior al crecimiento del 3,2% que la economía española logró en 2024.

En esta evolución, el sector exterior es el que más frena el impulso, vendiendo todavía menos que en 2024 (cuando ya se produjo una considerable desaceleración).

De hecho, las exportaciones de enero de este año ya apuntan en esta dirección, al ser un 1,2% inferiores a las del mismo mes del año pasado. Se quedaron en los 29.780 millones de euros, según los datos del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa.

Con respecto al año 2026, también se augura que el PIB sufrirá una notable desaceleración, con una media de crecimiento del 1,9%, seis décimas menos de lo previsto para 2025, con un sector exterior que va a continuar a la baja.

La aminoración de las exportaciones y la caída de la demanda externa suele marcar el inicio de las crisis más clásicas en España, dado el alto grado de apertura de la economía y la importante dependencia que tiene de algunos socios europeos, como Alemania y Francia, que pasan por una situación crítica en estos momentos.

Cerca del 40% del PIB depende de lo que llega de fuera, incluidos el turismo y los servicios. Lo mismo ocurre con lo que tenemos que importar, que es el equivalente a un 40% del PIB, sobre todo la energía. Por tanto, cuando los ingresos provenientes del exterior caen, su contribución al crecimiento económico se vuelve negativa.

El informe de BBVA Research del mes de marzo también advierte de los primeros síntomas de freno económico desde el sector exterior, con una caída de las exportaciones en el cuarto trimestre del año pasado del 1,1%, cuando se esperaba que crecieran.

Las importaciones se mantuvieron en niveles bajos, pese a la subida de casi un 33% del precio del gas que está alterando los costes energéticos. Pero no parece que las ventas al exterior en el primer trimestre del año vayan a recuperar el terreno perdido, con una economía europea frenada.

El resultado es un estancamiento del sector exterior, dejándolo en niveles de 2022, con una prevista aportación negativa al PIB de entre 6 y 8 décimas para este año y el que viene. Una caída que ya se maneja en todas las previsiones oficiales. Y, dependiendo de los acontecimientos geoestratégicos en la Unión Europea y Estados Unidos, puede ser todavía mayor.

"La atonía de la demanda interna (consumo de los hogares e inversión) y de las exportaciones se está viendo reflejada en la caída de la actividad que muestra la producción de automóviles o de ropa y calzado", alerta BBVA Research.

La mayor parte de los analistas han advertido de que el retroceso del comercio exterior llega en un contexto en el que el PIB español aguanta gracias a cuatro factores que están en riesgo: el gasto público avalado por los fondos europeos (que tiene fecha de caducidad), la aportación al empleo que hace la inmigración, el turismo y un consumo doméstico al que ya le ha empezado a entrar el miedo a lo que vendrá en Europa, con el consiguiente aumento de las tasas de ahorro.

Así, las previsiones oficiales marcan una desaceleración controlada de la economía española que para mantener el crecimiento cuenta con que estos factores den el relevo a la inversión privada, que todavía debe mostrar ciertas fortalezas.

BBVA Research destaca que habrá un fuerte aumento de la inversión en vivienda, hasta cuatro veces más que ahora. Con todo, no parece que sea un dato secundado desde el sector, que considera que hay que afrontar unos costes inasumibles sin cofinanciación.

Otros ámbitos que pueden empujar la inversión son las infraestructuras y la tecnología, que se pueden beneficiar del resurgir de la industria de defensa en Europa.

Con todo, para ello faltan empresas de envergadura en España que tiren del resto de las pymes y aprovechen el momento. Pero la falta de consenso en todos estos escenarios hace que reine la incertidumbre económica a todos los niveles.