Europa

El histórico Ayuntamiento de Limoges sufre graves daños en un incendio provocado durante las manifestaciones en Francia

Francia "no se deja intimidar" y sigue protestando por el coste de la vida: 272 detenidos y otro joven pierde una mano

Más información: La derecha reclama investigar al grupo de Mélenchon y Podemos en la Eurocámara por instigar la violencia estudiantil en Francia

Cristina Muñiz | Agencias E. Rodríguez
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El Ayuntamiento de Limoges, monumento histórico del siglo XIX, ha quedado prácticamente destruido tras un incendio provocado durante violentas protestas.

Decenas de miles de personas se movilizaron en toda Francia contra la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, pero la jornada derivó en graves disturbios.

Otras ciudades como París, Lyon y Marsella sufrieron ataques a sedes municipales, saqueos y enfrentamientos que dejaron más de 270 detenidos.

El primer ministro Sébastien Lecornu afirmó que el Gobierno no se dejará intimidar por la violencia, mientras la tensión política escala a meses de las elecciones presidenciales.

Las protestas en Francia, en un principio lideraban los estudiantes pero a las que ahora se han sumado muchos trabajadores llevados por un profundo malestar se han convertido en una oleada de violencia y enfrentamientos.

Su victima más grave ha sido el Ayuntamiento de Limoges, declarado monumento histórico y construido en el último cuarto del siglo XIX. Poco queda de lo que fue.

Ha sido prácticamente destruido devorado por las llamas de un incendio provocado durante un ataque de manifestantes.

"No hay palabras para condenar lo que ha ocurrido, de tan abyecto que es", declaró el alcalde de esta ciudad del centro de Francia, Guillaume Guérin, en declaraciones a los medios esta noche, cuatro horas después de que varios cientos de personas incendiaran hacia las 17.00 horas el Ayuntamiento y dejaran varios coches volcados delante del edificio.

Los asaltantes fueron evacuados rápidamente, pero las llamas no pudieron ser extinguidas y se propagaron a las plantas superiores y alcanzaron la techumbre que terminó derrumbándose.

"Desde mañana vamos a asegurar una continuidad del servicio, vamos a organizarnos. Han destruido un edificio que los habitantes de Limoges aman, pero no han destruido el servicio público. Es un monumento que quema, pero no la República", afirmó Guérin.

El primer edil se mostró convencido de que la justicia actuará y envió "un mensaje a los delincuentes: 'seréis detenidos".

A su juicio, los policías nacionales que estaban encargados de la seguridad de las protestas en la ciudad "no tenían suficientes medios" para contener "el millar" de manifestantes violentos que participaban en el desfile.

Luego, según su relato, los policías municipales que estaban en el Ayuntamiento lograron escapar cuando "esos bárbaros entraron explicando que los iban a matar".

Insistió en que ese comportamiento "no es estupidez, es odio a la bandera francesa (...), odio a las instituciones, odio a los directores de instituto, odio a los polis, odio a los políticos, odio a todo lo que encarna la autoridad".

El edificio del Ayuntamiento se había construido entre 1876 y 1883 sobre la base del antiguo Ayuntamiento de París con una mezcla de estilos de finales del Renacimiento y de la época de Luis XIII.

Pasadas las ocho y media de la tarde, las llamas alcanzaron la cubierta y provocaron el derrumbe del campanario, elevando una enorme columna de humo sobre la ciudad. El fuego se propagó velozmente por un ala del consistorio y calcinó el tejado, dejando las vigas al borde del colapso estructural.

Movilizaciones multitudinarias

La movilización reunió a decenas de miles de personas en todo el país —500.000 según el sindicato CGT—, a seis meses de las elecciones presidenciales, con reivindicaciones relacionadas con la inflación, el precio de los carburantes y la pérdida de poder adquisitivo.

Sin embargo, aunque muchas de las marchas transcurrieron con normalidad, los incidentes violentos focalizaron la atención de la jornada en París, Lyon, Marsella o Lille, donde se produjeron sucesos graves, especialmente en estas dos últimas ciudades donde fueron asaltados sus respectivos ayuntamientos.

El Ministerio de Interior informó de que hasta las 15.00 horas (13.00 GMT) habían sido detenidas 272 personas.

En París, varios cientos de personas se enfrentaron a las fuerzas de seguridad en la plaza de la República antes incluso del inicio de la manifestación principal, donde manifestantes enmascarados se enfrentaron a las fuerzas del orden y prendieron fuego a varios automóviles en la zona.

La cabecera de la marcha autorizada llegó posteriormente a la plaza de Clichy, siguiendo el recorrido previsto, mientras otros grupos se desplazaban por la capital sin autorización. Uno de ellos intentó llegar hasta el Palacio del Elíseo, en una zona expresamente prohibida para manifestaciones.

Para hacer frente a estos grupos incontrolados, las autoridades activaron la CRS 8, una unidad especializada en la lucha contra la violencia urbana.

En Lyon, la situación se agravó en la céntrica plaza de Bellecour, donde una oficina de turismo fue saqueada e incendiada, mientras los enfrentamientos entre grupos violentos y la policía -que hizo uso de gases lacrimógenos y de un cañón de agua- se sucedieron en varias oleadas, mientras los bomberos encontraban dificultades para acceder al lugar para apagar las llamas y los alborotadores vandalizaban comercios.

En Marsella, decenas de manifestantes forzaron las puertas del Ayuntamiento y entraron brevemente en el vestíbulo, donde causaron daños e hicieron pintadas, antes de ser desalojados por la policía. Durante el incidente, un busto de Marianne, símbolo de la República francesa, fue derribado y sufrió desperfectos.

"Es inaceptable utilizar este tipo de reivindicaciones para entrar, romper y destruir el cemento que nos une como nación", declaró el alcalde, Benoît Payan, a BFMTV, y calificó a los violentos de "tontos útiles de la extrema derecha", al considerar que sus acciones refuerzan su discurso político sobre la inseguridad.

En la que es la segunda ciudad más grande de Francia, se produjeron daños en comercios vandalizados y en una comisaría de la policía municipal.

El alcalde, independiente de izquierdas, afirmó que el presidente francés, Emmanuel Macron le había garantizado el envío inmediato de refuerzos policiales. En concreto, dos compañías adicionales de antidisturbios.

El primer incidente grave de la jornada se producía a primera hora en Ruán, donde un incendio que afectó a la fachada de un edificio universitario está siendo investigado como un posible acto criminal.

Las autoridades también denunciaron incidentes en Rennes, Toulouse y Angers, entre muchas otras ciudades, incluidos ataques contra las fuerzas de seguridad, saqueos e incendios de mobiliario urbano.

En previsión de la multiplicación de incidentes, el ministro del Interior, Laurent Núñez, había movilizado a 10.000 policías y gendarmes para esta jornada en todo el país, de los cuales 5.000 en París.

"No nos dejaremos intimidar"

El primer ministro Sébastien Lecornu declaró este sábado que Francia no se dejaría "intimidar" por la violencia después de que decenas de miles de personas protestaran contra el aumento de los costes y el deterioro de los servicios públicos, meses antes de las elecciones presidenciales.

"A quienes claramente quieren usar esta violencia como un 'calentamiento' antes de las elecciones presidenciales, les digo claramente: no nos dejaremos intimidar. Nadie impondrá su agenda política mediante la violencia", escribió en una publicación en X.

En la cabecera de la marcha parisina iba el líder de La Francia Insumisa y candidato a la Presidencia francesa, Jean-Luc Mélenchon, quien fue señalado por la líder ultraderechista y también rival al Elíseo, Marine Le Pen, por "legitimar la violencia" y buscar "precipitar al país en el caos".

Su delfín, Jordan Bardella, afirmó que los responsables de los incidentes eran los "profesionales del caos" y acusó a la extrema izquierda de desacreditar las reivindicaciones sociales. Por su parte, Mélenchon, criticó la cobertura televisiva de los disturbios y destacó el carácter pacífico de numerosas concentraciones.

La convocatoria surgió de un vídeo viral publicado en TikTok a comienzos de septiembre y ganó apoyo ante el aumento de los precios de la gasolina y del coste de la vida. Sus promotores buscaron recuperar el impulso del movimiento de los 'chalecos amarillos' de 2018 y 2019, que marcó el primer mandato del presidente francés, Emmanuel Macron.

La movilización reunió a estudiantes, trabajadores, jubilados, agricultores, activistas climáticos y militantes antifascistas. Varias figuras del movimiento original de los 'chalecos amarillos' respaldaron la convocatoria, que también coincidió con las protestas estudiantiles iniciadas en septiembre para reclamar mejores condiciones educativas.