Sandra Barneda no descansa. Tras una de las ediciones más agotadoras y exitosas de La isla de las tentaciones con Montoya como gran protagonista, la presentadora ha enlazado ese proyecto con otro, Supervivientes, donde está al frente de SV. Conexión Honduras cada domingo a las 22:00 horas en Telecinco, donde informa de todas las novedades que les han sucedido al los concursantes del reality de supervivencia de Mediaset a lo largo de la semana.
Aunque los espectadores más jóvenes la sitúen en ambos formatos, la barcelonesa acumula muchos años de experiencia en televisión, donde debutó en 2009 al frente del espacio De buena ley en Telecinco, un programa de juicios que caló entre la audiencia.
De ahí a La Noria, El gran debate, Hable con ellas, Viva la vida, La casa fuerte: Código Secreto, El debate de las tentaciones, las Campanadas de fin de año de 2020, En el nombre de Rocío, La última noche o Así es la vida, que han sido algunos de los programas que han contado con Barneda a lo largo de estos más de 15 años en televisión.

Sandra Barneda.
Esa ha sido su vida delante de las cámaras, pero detrás, la barcelonesa también tiene una gran historia de superación, ya que desde muy pequeña fue incomprendida en el colegio por sus grandes aptitudes, además de sus problemas de dislexia o ser zurda, que en su infancia dificultaron sus estudios.
Sandra Barneda encontró un hueco en su apretada agenda entre el final de La Isla de las tentaciones y el comienzo de Superviviente para atender a EL ESPAÑOL | Porfolio y hacer un repaso a su trayectoria personal y profesional, echando la vista atrás hablándonos de cómo fue su niñez y cómo, poco a poco, fue superando todas las dificultades para llegar a donde está ahora, una de las presentadoras más reconocidas del panorama televisivo nacional.
Pregunta: ¿Cómo se consigue lidiar con el éxito de programas como La isla de las tentaciones? ¿Y con la pena de que otros proyectos no funcionen y se retiren de parrilla?
Respuesta: Se lidia dándote cuenta de que no puedes cuestionar tu profesionalidad porque un programa vaya mal o vaya bien. Hay muchos condicionantes más allá del presentador que afectan al hecho de que un formato funcione o no. Es una cadena de cosas que tienen que marchar para que consigamos un éxito. La isla de las tentaciones siempre ha sido un programa que ha funcionado muy bien y en que en una octava edición consigamos una viralización mundial es porque hemos tenido la constancia de buscar el éxito, ha sido una cosa trabajada por todos, desde los cámaras a la postproducción, redacción, dirección, casting, edición, presentación...
P: Algunos compañeros suyos han comentado que han acudido a especialistas para lidiar con el éxito y el fracaso: ¿cree que son una herramienta de utilidad?
R: Sí, y no solo es para lidiar con el éxito o con el fracaso laboral. Creo que la terapia es fundamental para lograr tu estabilidad emocional. Pienso que una de las cosas que el sistema educativo no incorpora es la gestión emocional y opino que el aprender a gestionar tus emociones es fundamental para alcanzar tu propio bienestar. Como no está incorporado en el sistema educativo, nos lo tenemos que buscar fuera, ya sea yo como presentadora o como cualquier otra persona. El conocerse a uno mismo, el saber dónde están tus carencias emocionales, el cuestionarte, el sentirte menos o más, el ir hacia una neurosis o un narcisismo, el por qué hay veces que no te sientes tan feliz a pesar de que tu vida funciona muy bien, no sé… Todas esas cosas que son tan necesarias para alcanzar un bienestar personal pueden llegar a través de terapia y meditación, ayudándote a alcanzar ese equilibrio tan necesario y tan difícil. Yo lo hago, voy a terapia y medito desde hace años.
P: Paula Vázquez nos comentó que cumplir los 50 años le había dado otra visión de la vida tanto personal como profesional: ¿qué opina?
R: Creo que la vida es una continua evolución y así es como yo me la tomo. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. No estoy de acuerdo. La vida es un continuo aprendizaje, es un camino donde cada etapa hay que quemarla como corresponde y hay que aceptar en la que estás. Desde hace un tiempo estoy en mi época adulta y no quiero vivir como una joven, con esa energía desbordada, no tengo tanta prisa como antes. Lo que sí tengo intacta es la ilusión y la curiosidad.
P: ¿La edad no es tan importante para una presentadora como para una actriz, por ejemplo?
R: Creo que el edadismo está cambiando. Ya se habla de los modelos silver, de la cuarta edad… Tampoco pretendo estar como cuando tenía 20 o 30 años, soy distinta y mis prioridades cambian. Evidentemente, tiene que haber unas oportunidades y confío mucho en la sociedad española porque sabemos evolucionar, somos una sociedad mucho más avanzada de lo que nos creemos. Nos damos cuenta de nuestras carencias mucho antes que otros países.
Pienso que a mi edad estoy mucho mejor posicionada que antes, personal y profesionalmente, que van en concordancia. No creo en los personajes en televisión, yo soy de una transparencia tremenda y creo que este es un trabajo de valentía, mostrarte sin filtros cuando presentas. Para bien y para mal.
P: También sufre dislexia: ¿Le afecta a su trabajo?
R: A veces tengo problemas con algunas frases, soy incapaz de leer exactamente lo que pone, por ejemplo, en los guiones, me los salto, mi mente funciona de una manera que no puedo repetir exactamente lo que pone en el texto. Soy incapaz de memorizar una canción y me da mucha envidia esa gente que tiene esa facilidad para hacerlo. Los refranes los cambio todos…
En cambio tengo una memoria bastante fotográfica para números. Lo descubrí haciendo el Gran debate porque cuando leíamos el guion, que podía tener 30 páginas, me preguntaban, por ejemplo, cuando era la primera pausa publicitaria, y yo les decía imediatamente: “En la página 12”. Me acordaba perfectamente.
Tengo bastante memoria fotográfica en números, pero soy incapaz de memorizar. Por eso estudiaba con esquemas. Recuerdo que una vez me suspendieron en Matemáticas y fue porque las fórmulas largas no las podía memorizar y me frustraba, entonces me buscaba la lógica para llegar al mismo punto. Una vez, en no sé qué curso, la profesora me llamó a la pizarra para resolver un problema. Logré el resultado correcto, pero me dijo que no había aplicado la fórmula correcta, y me suspendió. Le dije: “¿Por qué me suspende si he llegado al mismo resultado desde otro lugar? ¿Es más importante el resultado o la fórmula?”. Entonces la profesora se empecinó en que lo hacía por rebeldía, y yo le intentaba explicar que no había aplicado la fórmula porque no la memorizaba, no por porque no me diera la gana. Me había buscado otra salida.
P: ¿Tuvo otros problemas en el colegio?
R: También se pensaban que era muy rebelde porque, al ser zurda, todas las manualidades se me daban fatal y se pensaban que lo hacía aposta porque no me gustaba la asignatura, pero ¡es que las tijeras para recortar están hechas para diestros! Recuerdo que una de las primeras veces que viajé a Londres vi una tienda solo para zurdos y flipé. Siempre he tenido problemas con las anillas de los cuadernos o los pupitres con mesa donde tenía que retorcer la espalda para escribir y tomar apuntes.

Antes no se era consciente de esas situaciones y no se le ponía tanta atención, ahora, por suerte, sí, que se considera la diferencia entre diestros y zurdos. En eso hemos evolucionado, pero antes no, los zurdos éramos un poco distintos, nos decían que éramos un desastre, sobre todo en manualidades. Otra cosa, por ejemplo, es que cuando salía a la pizarra a escribir, se me iba borrando el texto con la mano según avanzaba…
P: ¿Hay antecedentes en su familia de dislexia?
R: Creo que mi madre es disléxica porque toda la vida se ha inventado palabras (risas). Las cambiaba… mi abuelo también debía de serlo, mi hermano creo que también es porque hace unas cosas… A mí no me ha dificultado, pero sí que recuerdo que tardé bastante en aprender a leer. También le dijeron a mis padres que me aburría en clase y que mejor estudiara Formación Profesional porque no servía para los estudios superiores. Menos mal que ellos me dejaron elegir.
Es muy importante en la educación que los profesores y el propio sistema educativo se fijen en las distintas inteligencias que tienen los alumnos, porque eso no se valoraba antes. Cómo las alergias, que ahora se muestra más atención, pues con la inteligencia igual, porque unos la tienen lógica, otros emocional…
P: ¿Tuvo momentos de frustración por la dislexia, por ser zurda o por esa rebeldía?
R: Sí, hubo momentos en los que pensaba que era más lenta que los demás, que no escribía las letras tan redondas como los demás porque la mía era muy pequeña, confundía mucho la B y la V, la Z y la S las ponía al revés, pero yo las veía que estaban escritas de forma correcta. Es verdad que mi expresión verbal siempre he sido muy buena y, de pequeña el NO y el SÍ no me servían, siempre pedía argumentos que me convencieran y eso sacaba de quicio a mucha gente.
P: ¿Cuál ha sido su peor momento profesional?
R: Un momento en el que sufrí mucho fue cuando en Hable con ellas, en una pausa publicitaria, José Luis Moreno me amenazó. Me dijo que quién me pensaba que era yo, que si le hacía una pregunta más… y me hizo el gesto de cortar el cuello. Le dije a dirección que eso no podía tolerarlo y quería contar en pantalla que había pasado eso. Él era un hombre que todavía tenía mucho poder y fue un momento difícil. Me considero una persona respetuosa con la vida que hacen las personas a las que entrevisto y ese momento me pareció muy, muy, muy desagradable. Muy fuera de mis límites como ser humano.
P: ¿Y a qué tiene miedo?
R: Yo te diría que tengo miedo a la desestabilidad mental, al día en que no pueda atravesar mis miedos. En la vida hay que ir superando miedos, porque no desaparecen nunca. Ahora entro en una edad madura y acepto esa madurez de forma correcta.
P: ¿Qué es más duro hacer política o hacer realities?
R: Con los políticos se puede lidiar, otra cosa es la corte que les acompaña, que es más complicado. Tú te sientas con un político, ahí estás tú a solas con él, no hay una mala pregunta ni una mala respuesta. El problema son los límites que te ponen de antemano, es como entrevistar a alguien muy famoso y su agente te pone muchos límites. Y luego, cuando se sienta el personaje a contigo a solas y todo es mucho mejor.
Los realities son agotadores emocionalmente hablando. Son como una olla a presión. Sé que no hay buenas novelas si no hay conflictos y que no hay buenos realities si no los hay también. Tienen que existir, pero también hay que saber encauzarlos porque siempre hay subidas y bajadas, y a mí me gusta trabajar muy bien las bajadas, porque después vendrá otro conflicto. En Supervivientes vives, por ejemplo, momentos muy duros, sobre todo en las galas cuando hablas con ellos porque a lo mejor una palabra tuya puede dejarles hechos polvo.
P: ¿Alguna vez le ha pasado?
R: Sí, alguna vez me han dicho que un concursante se había quedado muy jodido por lo que les había dicho porque no habían entendido el tono. Ten en cuenta que ellos sólo me oyen. Así que estoy más por la mediación que por el conflicto.
P: ¿Cómo se vivió realmente el momento Montoya en La isla de las tentaciones?
R: Jamás hubiera pensado que iba a ser tan bestia. Se grabó en una noche en la que hubo una tormenta eléctrica épica. Recuerdo salir corriendo detrás de él gritando que no llegaba a cogerle, y verle entrar en la villa y pedir a los tentadores de la villa de las chicas que le agarrasen. Después conseguí que se sentase en la playa y, de repente, vino una ola gigante y nos empapó. Y al segundo apareció Anita huyendo de su Villa para encontrarse con Montoya. Y al minuto Andrea también.
En ese momento fue cuando le dije a producción: "Voy a entrar en la casa, dejadme entrar porque esto es el pito de sereno”. Les cogí a todos y se lo dije bien claro: "Sois adultos y esto hay que pararlo. Así que calmaros". En ese momento empezó la tormenta que fue impresionante, con rayos, muchísima lluvia... Pero pese a todo eso, nunca nos imaginamos que podía tener tanta trascendencia. Pero me alegro muchísimo porque es un premio para un formato que ha sido denostado, del que la gente sentía vergüenza decir que lo veía, y ahora ya no.
P: ¿Iría a La isla de las tentaciones, a Supervivientes o a los dos?
R: A La isla de las tentaciones no iría nunca porque ir allí es poner en riesgo a mi pareja. Vamos, ni por todo el oro del mundo porque yo sé lo que se vive allí, sé que la tentación es muy fuerte para todos y los miedos, las inseguridades que se despiertan y los malos entendidos ponen en peligro a otra persona, a mi pareja, y no podría hacerlo. En cambio a Supervivientes creo que sí porque sólo yo me pondría a prueba. Yo soy la que pasaría hambre, a la que picarían los mosquitos, la que no dormiría, la que sufriría las tormentas…
P: ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre cuando no está en televisión o escribiendo?
R: Me gusta mucho darme ‘baños de naturaleza’, me lo paso bomba. También estar en familia, con amigos, con mi círculo y reírme, tener momentos de absoluta relajación social. También leer, la música… Y ahora estoy, intentando aprender a montar a caballo y me da mucha tranquilidad. No lo había hecho nunca. Le tengo mucho respeto, pero es algo que me conecta con los animales.