Como tantas otras personas, Vicente Montolio vivió en Torrent el horror de la dana. Es uno de los dueños del concesionario Ferto, ubicado justo a uno de los laterales del barranco del Poyo.
Vivió la riada y ahora sus consecuencias, pues la dana del 29 de octubre va mucho más allá del agua que arrasó con todo a su paso.
Cuatro meses después, Vicente recibe clientes con coches que aparentemente no están afectados, pero que incluso comienzan a arder de un momento a otro sin motivo aparente. Pero sí que lo hay.
"Algunos coches no dejaron de funcionar pero sí que acumularon barro y cañas en la parte de abajo. El coche funciona y, al calentarse, esas ramas secas se prenden", explica Vicente.
Durante este tiempo ya ha tenido varias experiencias de este tipo. Una, incluso, en el propio taller: "Tuvimos que echar mano de los extintores porque empezó a salir mucho humo".
Afortunadamente, para Vicente y su concesionario la dana quedó en el pasado, aunque todavía existe rastro de ella. Desde los grandes ventanales del local se puede ver el barranco del Poyo, y cómo este arrasó incluso con parte del carril bici que discurría por la calle del taller.
Por suerte, el día 29 tanto él como sus trabajadores lograron marcharse a casa antes de que el agua irrumpiese en el lugar, arrasando todo a su paso.
Desde el concesionario dieron la orden de irse a casa antes de la hora de cierre: "Los trabajadores se fueron sin saber que iba a entrar el agua".
Pese a su buena decisión, algunos sí que "quedaron atrapados por carreteras y puentes". "Cuatro o cinco trabajadores estuvieron día y medio sin cobertura, durmiendo en el coche", relata.
Recuerda cómo llegaron a "valorar" el sacar los vehículos almacenados en el sótano del concesionario "por si llegaba el agua". "Eran ya las siete de la tarde y optamos por irnos", cuenta aliviado.
El sótano del concesionario, anegado. EE
El agua comenzó a entrar en este concesionario de Torrent en torno a las 20 horas, por lo que "ya no había personal en la empresa".
Se trata de una situación peculiar. Este concesionario está situado prácticamente en la confluencia del barranco del Poyo con el barranco de l'Horteta, y fue este segundo el que inundó el concesionario de Vicente.
"El agua del barranco del Poyo se quedó a ras, pero por el otro lado llegó un agua que tiró un muro del concesionario", explica. Y añade: "Por la pendiente, todo se canalizó hacia el sótano".
"Dentro de la desgracia tuve la suerte de tener un garaje muy grande, 1.200 metros cuadrados y cinco metros de altura", resalta. Es precisamente esta gran capacidad lo que mantuvo intacta la planta baja del local.
En ese momento Vicente se encontraba en Valencia. Desde casa veía, a través de las cámaras de seguridad, cómo el agua arrasaba con todo a su paso: "Vi cómo se rompió la puerta del sótano y en seis minutos se llenó de agua".
El momento más crítico, según narra Vicente, es cuando ve que los coches comienzan a flotar y, al llegar el agua al techo, la conexión de la cámara se corta: "Te quedas sin imágenes y ya no sabes lo que está pasando".
Tras esa agónica noche, los días posteriores Vicente fue capaz de conseguir dos bombas de achique de agua: "Estuvimos una semana entera sacando agua del sótano gracias a la ayuda de un cliente".
Destaca que el voluntariado "no llegó a las empresas", sino que se volcó "con los particulares". Así, explica, tuvieron que "echar mano de clientes y recursos propios".
Se puso manos a la obra para encontrar proveedores a los que alquilar la maquinaria pesada, camiones, palas, remolcacoches... "Fue muy costoso de encontrar y también en términos económicos", recuerda Vicente.
Coches afectados del concesionario. EE
Así, descubrió que un total de 80 coches habían quedado destrozados por la riada. Además, la maquinaria que tenía en el sótano y el taller también quedaron inoperativos. Sacaron del sótano "12 toneladas de barro".
En total, recuerda que les llevó "tres semanas recuperar el concesionario". Durante ese tiempo, la práctica totalidad de la plantilla sufrió un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). Se trata de más de 50 personas.
Además, en su situación, los residuos debían gestionarlos de un modo específico: "Al ser una empresa tuvimos que pagar a una firma especializada para que gestionase el barro, porque estaba contaminado con gasolinas, aceites y demás".
Así, tan solo tres semanas después de la tragedia, Vicente pudo volver a abrir su concesionario. Y todos los trabajadores pudieron volver a sus puestos de trabajo. Incluso han tenido que contratar a más personas para tareas administrativas.
Extrayendo coches afectados del concesionario. EE
"Somos un sector que a nivel comercial seguimos teniendo mucho trabajo", subraya Vicente. No le falta razón, pues con la dana las cifras oficiales fijan en cerca de 120.000 los vehículos siniestrados, y "todas esas personas tienen que reponer el coche, necesitan recuperar la movilidad" .
Con cifras objetivas, apunta Vicente que "las cifras del mercado de la zona de los meses de diciembre o enero de este año, comparados con las cifras del año anterior, han crecido más de un 300%".
Eso sí, las semanas e incluso meses posteriores a la dana, llegar desde Valencia a Torrent era todo un desafío para Vicente: "Salía a las cinco para llegar a las ocho al trabajo. Pasaba cinco horas diarias en el coche entre ida y vuelta, cuando estoy a veinte minutos de casa".
El terreno
En algunos puntos del territorio valenciano es curioso observar cómo una calle resultó gravemente afectada por la riada pero, sin embargo, la de al lado quedó prácticamente intacta.
Esto es lo que ocurrió en la vía Mas del Jutge de Torrent, donde se encuentra el concesionario de Vicente. Tanto su negocio como los de al lado resultaron afectados, pero a unos metros de distancia no ocurrió nada.
La razón no es ninguna incógnita, se trata de la propia elevación desigual del terreno. Aun así, es complicado que no llame la atención.
Ahora, la mayor parte de comercios ha conseguido volver a levantar la persiana, aunque siguen quedando rastros de la dana que aparecen y desaparecen según el punto de la ciudad en el que uno se encuentra.