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Aunque varios pueblos celebran carnavales en plena calle que son un espectáculo audiovisual,  como el Entroido de Xinzo de Limia, el Entroido de Laza o el Entroido de Verín, las celebraciones que dan paso a la cuaresma en Galicia son fiestas de reuniones familiares.

Gran parte de las jornadas carnavaleras, los gallegos las pasamos en la cocina o sentados a la mesa compartiendo los platos típicos de estos días con familiares, amigos y vecinos.

Desde hace días, los supermercados de las provincias gallegas, cuentan con una zona destacada dedicada exclusivamente a los manjares que se degustarán durante estas jornadas: trozos de lacón, manojos de grelos, habas, cabezas de cerdo saladas, orejas de cerdo, chorizos para cocer, harina, huevos, azúcar, botellas de anís... todo lo necesario para preparar el reconfortante lacón con grelos, el pantagruélico cocido gallego y los postres que nunca faltan en las mesas gallegas del entroido.

Un postre menos conocido que es el más bonito

El Carnaval tiene en Galicia dos de sus preparaciones reposteras más célebres: las filloas, a las que muchos, por simplificar, las llaman las "crepes gallegas", por su parecido con la preparación francesa; y las orejas, unas finas láminas de masa fritas y rebozadas en azúcar que resultan muy crujientes y sabrosas.

Pero, en estos días en los que es frecuente que se reúnan varias generaciones frente a los fogones y que la elaboración de los postres sea un trabajo en equipo, las abuelas gallegas también preparan las deliciosas flores de Carnaval o flores de sartén. Este postre no es patrimonio exclusivo de la cocina gallega, pues en Extremadura, en Castilla y León y en Castilla-La Mancha también las hacen muy ricas.

Me atrevería a decir que las flores son el postre más "de abuela" de los tres, porque, aunque es un postre que se hace con una masa en la que solo hay que mezclar unos pocos ingredientes, no es fácil que las flores salgan bien a la primera. Es muy probable que las primeras veces, aunque estén muy ricas de sabor, las flores pueden tener un aspecto algo abstracto. ¿El motivo? La soltura en el manejo del "rosetón" que tienen las abuelas tras años de práctica.

Rosetón para hacer flores de Carnaval

El rosetón o florón es el utensilio con el que se da forma a las flores de Carnaval, se trata de una plantilla de metal con un mango suficientemente largo como para poder meter la plantilla con la masa en el aceite caliente sin quemarnos. La teoría es muy sencilla y, en cuanto se han hecho unas cuantas, ya empiezan a salir bastante decentes, así que no hay que tener miedo a salir de la zona de confort y aventurarse con unas flores de sartén.

Un postre sin versión ligera

Aparte de la destreza con el rosetón, la clave para que las flores salgan es que la masa tenga la textura adecuada, por lo que cualquier cambio en su composición hecho a la ligera puede conducir al desastre. No quiere esto decir que alguien, haciendo las pruebas pertinentes, no pueda conseguir una masa modificada que funcione bien, pero como yo no le hecho, pues no puedo dar más opciones.

La versión tradicional es un postre contundente y calórico, pues aunque no lleva grandes cantidades de azúcar ni grasa en la masa, está hecho con harina y va frito, así que es algo pensado para un consumo ocasional. Lo que sí recomiendo, es probar las flores antes de rebozarlas en azúcar y canela, pues algunos, que no somos muy amantes de las cosas excesivamente dulces, las preferimos así.

Ingredientes para hacer flores de Carnaval

  • Harina de trigo, 200 g
  • Leche fría, 200 ml
  • Huevo, 1 ud
  • Azúcar, 1 cucharadita
  • Anís dulce, 50 ml (puede sustituirse por ron añejo)
  • Levadura química tipo Royal, 1 cucharadita
  • Sal, un pizca
  • Azúcar glacè, para rebozar
  • Canela en polvo, para rebozar
  • Aceite de girasol, para freír

Paso 1

Batimos el huevo con el agua, la leche, el anís, el azúcar y la sal.

Paso 2

Vamos incorporando poco a poco la harina y mezclando con cuidado con ayuda de una espátula de silicona para que no se formen grumos. Una vez incorporada la harina, seguiremos mezclando hasta que tengamos una masa homogénea de textura parecida a unas natillas. Tapamos y dejamos reposar durante media hora.

Paso 3

En un cazo o en una sartén honda ponemos a calentar abundante aceite de girasol y sumergimos el rosetón del molde dentro del aceite para que también se vaya calentando. Es importante que el molde esté muy caliente para que la masa se adhiera correctamente y se pueda formar la flor.

Paso 4

Cuando el molde esté muy caliente, lo sacamos de la sartén, lo introducimos en la masa dejando fuera como medio centímetro, y lo metemos de nuevo en el aceite sujetándolo con la mano para que no se apoye en el fondo. En unos segundos, si todo ha ido correctamente, la flor se desprenderá del molde y podremos retirarlo de la flor para dejarlo sumergido en el aceite. Durante todo el proceso de fritura de las flores, el rosetón sólo sale del aceite para coger la masa.

Paso 5

Cuando la flor esté dorada, le damos la vuelta para que se haga bien por dentro de los pliegues. Las flores flotan en el aceite, por lo que podemos ayudarnos de una espátula metálica para para presionar un poco y que se mantenga sumergida.

Paso 6

Cuando esté lista la flor, la sacamos del aceite, la dejamos sobre una rejilla para que enfríe y, cuando esté fría la espolvoreamos con azúcar glacè y un poco de canela en polvo.

Paso 7

Se pueden comer en cuanto se hayan enfriado y, si sobran, se conservan crujientes un par de días si se guardan en una lata bien cerrada.