Image: Río Napo (Ecuador)
A veces he viajado no tanto para llegar a un lugar, como para llegar a un personaje. En este caso, para imaginar cómo levanta la vista Olivia hacia la niebla, cómo se despereza al amanecer delante de su cabaña y huele a humedad y a hojas podridas, cómo juega de niña con un palito en el agua -¡pero atención a los cocodrilos!-.
Quizá lo que más me fascinaba del pasado de Olivia era que hubiese vivido en una aldea a la que no llega ninguna carretera, y sólo algún camino en la selva que no lleva muy lejos. A la escuela en barca, a misa en canoa, siempre entrar en el agua para salir de donde te encuentras. Y, salvo quizá por el zumbido de algún equipo electrógeno, rodeada únicamente de los sonidos de la naturaleza.
Sólo así puedo pensar a Olivia en Madrid, lo que siente al montar en autobús, en un embotellamiento, aspirando el aire enrarecido del metro, o moviéndose por el apartamento que comparte con sus amigas y desde el que no se puede ver un solo árbol. Con Olivia he viajado a Ecuador y he regresado a Madrid, para ver esta ciudad con sus ojos desolados.
José Ovejero (Madrid, 1958) es escritor. Este año ha ganado el Premio Anagrama de Ensayo con 'La ética de la crueldad'.