Destacamos sobre el mapa las excavaciones más intersantes de este verano. Ilustración: FDQ

Con el verano llega la temporada de excavaciones arqueológicas y paleontológicas a lo largo y ancho de nuestra geografía. El motivo para excavar en estas fechas no es únicamente el buen tiempo; más bien se debe a que la mayoría de las campañas se nutren de investigadores y de alumnos en prácticas que durante el curso dedican su tiempo a sus quehaceres universitarios, explica el paleontólogo Luis Alcalá, director de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel - Dinópolis. No obstante, él y su equipo realizan excavaciones durante todo el año.



En webs de universidades, blogs especializados y redes sociales hay información de decenas de excavaciones programadas para este verano en España. Unas se enmarcan en la disciplina de la paleontología, que busca las huellas biológicas dejadas por el ser humano y otros seres vivos como los dinosaurios, y otras en la arqueología, ya que rastrean el pasado cultural e histórico de la humanidad mediante la búsqueda y estudio de objetos, construcciones y documentos.



Como muestra de esta ingente actividad investigadora hemos destacado seis interesantes proyectos que exponemos a continuación en orden cronológico según su época de estudio.




Guardería de dinosaurios y jirafas españolas

Investigadores extraen un fósil de dinosaurio en el yacimiento de Galve, Teruel.

Teruel es la provincia española donde se han encontrado más fósiles de dinosaurios (el primero apareció en el siglo XIX), tanto que la paleontología se ha convertido en un motor de desarrollo para la región a través de la fundación y el parque científico Dinópolis, que cuenta además con seis museos en distintas localidades de la provincia, aparte de la sede principal de la capital.



Además de la visita al parque, orientado al público familiar, Dinópolis ofrece a los amantes de los dinosaurios que quieran profundizar en la materia un curso de paleontología organizado conjuntamente con la Universidad de Verano de Teruel, perteneciente a la Universidad de Zaragoza. Como explica el director de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel - Dinópolis, Luis Alcalá, no es necesario tener ninguna formación específica para asistir a este curso en el que los alumnos pasan la mayor parte del tiempo realizando prácticas en excavaciones del enclave de El Castellar, municipio que cuenta con nada menos que 61 yacimientos de huellas y huesos de dinosaurios.



Además de esta, Dinópolis lleva a cabo simultáneamente otras campañas más técnicas en las que acogen a estudiantes y paleontólogos profesionales procedentes de otros centros. Este verano excavarán en la localidad de Galve, con yacimientos de 127 millones de años de antigüedad en los que Alcalá y su equipo han descubierto una nueva especie de iguanodon, a la que han llamado Iguanodon galvensis. El conjunto de huesos más peculiar de este lugar revela la existencia de una guardería de dinosaurios, ya que contiene restos de 13 crías que fosilizaron juntas. "Esto indica que se estaban criando juntas, ya que no eran recién nacidas, sino que habían superado el año de edad", explica el paleontólogo. Esto demuestra que el cuidado parental, más allá de los primeros meses de vida de las crías, era entre esta especie de dinosaurio una práctica más habitual de lo que se creía.



El equipo de Dinópolis también descubrió el ya famoso Turiasaurus riodevensis (hallado en Riodeva), un dinosaurio gigante que se encuentra estos meses de gira por Japón. Sus huesos pudieron verse recientemente en una exposición en Tokio y a partir de este viernes, 15 de julio, estarán en el museo de historia natural de Toyohashi.



Ya en septiembre, los paleontólogos de Dinópolis excavarán en un yacimiento de los alrededores de Teruel mucho más reciente, con una antigüedad de solo 5 millones de años. En esta época se cerró el Estrecho de Gibraltar y el Mediterráneo se quedó aislado como un gran lago que acabó evaporándose, y muchas especies animales cruzaron de África a Europa. Por eso en este yacimiento se han encontrado restos de hipopótamos, camellos y jirafas.



Más información en la web de Fundación Dinópolis.




Atapuerca, línea directa con nuestros ancestros

Yacimiento del Portalón, en Atapuerca

Los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, en Burgos, siguen siendo el lugar estrella de la paleoantropología en España y uno de los más importantes del mundo. Desde el descubrimiento de Miguelón, el cráneo más completo de Homo heidelbergensis, la comunidad científica internacional y los medios de comunicación siguen de cerca los constantes hallazgos que se producen allí y que arrojan luz sobre las raíces del gran árbol genealógico de la humanidad. Juan Luis Arsuaga, director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos y codirector de los yacimientos de Atapuerca, explica los pormenores de la campaña de este verano, que continuará las líneas de investigación de la temporada pasada. "Tenemos abiertas muchas ventanas a distintos periodos, cada una con distintas posibilidades. Trabajar aquí es un lujo".



Los 200 investigadores que conforman el equipo de excavación este año se repartirán el trabajo en dos turnos. Unos se centrarán en la Sima del Elefante, donde se han hallado fósiles humanos de hace 1,2 millones de años; en el yacimiento conocido como Gran Dolina se está excavando en un nivel de 900.000 años de antigüedad, correspondiente a un periodo anterior al homo antecessor. Por las dimensiones reducidas de esta excavación, es difícil encontrar en ella fósiles humanos, pero se suelen encontrar restos de fauna, tecnología lítica (es decir, herramientas de piedra), explica Arsuaga. En la Sima de los Huesos (400.000 años a.C.) los trabajos tienen como objetivo extraer nueva información sobre la anatomía y la genética de nuestros antepasados, así como su modo de vida.



En otro yacimiento, informa el paleontólogo, se estudian restos humanos más recientes, de menos de 100.000 años de antigüedad, algo anteriores a los neandertales de la Galería de las Estatuas. La primera publicación científica relativa a este yacimiento, explica Arsuaga, se publicará este otoño, de cara al el congreso de la Sociedad Europea para el Estudio de la Evolución Humana, que se celebrará en Madrid en septiembre.



Atapuerca abre sus puertas al público de manera continua y los visitantes pueden ver los trabajos de excavación desde unas pasarelas. "La mayoría de los investigadores de Atapuerca son catedráticos y profesores titulares de universidad, hay un nivel muy alto de especialización. Los que fuimos alumnos al principio de las excavaciones ahora pasamos de los 60 años, y quienes fueronnuestros alumnos ahora tienen más de 50. También hay alumnos de tesis y de másteres, y algunos de universidades extranjeras", explica Arsuaga.



Arsuaga es también el director del yacimiento de Pinilla del Valle, en Madrid, de la época de los neandertales. Cuando acaben los trabajos en Atapuerca, a mediados de agosto, el paleontólogo supervisará la campaña de este yacimiento, que se extenderá hasta finales de octubre.



Más información en la web de la Fundación Atapuerca.




Alicante, almacén del tiempo

Yacimiento del pueblo medieval de Ifach, en Calpe

Alicante es una de las provincias españolas más prolíficas en hallazgos arqueológicos. El MARQ, su museo arqueológico, realiza a través de un plan anual nueve excavaciones que cronológicamente abarcan desde la prehistoria hasta la Baja Edad Media (siglo XV).



Para hacer ver que la arqueología implica mucho más que excavar, el director del MARQ, Manuel Olcina, compara sus fases con la producción cinematográfica: "La excavación sería el rodaje, el análisis y la interpretación de los materiales encontrados sería el montaje, y la publicación y divulgación de los resultados sería la exhibición de la película en las salas de cine".



En el Cabeçó d'Or se documentan pinturas rupestres, en la comarca de la Vega Baja del Segura se estudian varios asentamientos de la Edad del Bronce y en una cueva de la Marina Alta se investigan unas vasijas del Neolítico.



El proyecto de mayor envergadura se lleva a cabo en Calpe, donde se estudia desde hace doce años un poblado medieval amurallado ubicado en el Peñón de Ifach. Esta temporada, en los meses de julio y agosto, los investigadores y voluntarios se centrarán en algunas partes de la muralla y en la necrópolis.



En el yacimiento del Tossal de Manises, ubicado en el barrio alicantino de La Albufereta y dirigido por Olcina, aparecieron el año pasado restos de la muralla y la Puerta del Mar que separaba el muelle de la antigua ciudad de Lucentum, de origen íbero y conquistada posteriormente por los romanos. Este verano el equipo continúa excavando el vano de la puerta y los pavimentos que lo atraviesan para intentar datar con exactitud la estructura.



Más información en el blog del MARQ y en el del Proyecto Ifach.




Vestigios de Tartessos en Extremadura

Yacimiento 'Casas del Turuñuelo', en Guareña (Badajoz)

Los griegos consideraban a Tartessos la primera civilización occidental. Ubicada en el suroeste de la Península Ibérica, fue mencionada por primera vez en un texto histórico por Heródoto en el siglo V a.C. En el cerro del Turuñuelo (Guareña, Badajoz), el Instituto de Arqueología de Mérida, adscrito al CSIC, continuará excavando este verano los restos de un edificio tartésico perteneciente a una familia de la élite social de aquella civilización, en el que se han encontrado objetos y decoración de bronce y marfil. "En Extremadura encontramos este tipo de materiales con frecuencia porque no ha habido tanto expolio como en Andalucía por parte de los furtivos", explica Sebastián Celestino, el director del instituto.



El objetivo de la campaña de este año es seguir desenterrando el edificio, que conserva paredes de hasta dos metros de altura, e individualizar cada estancia. La construcción se conserva bastante bien porque, ante la inminente invasión de los rudos celtíberos, los pobladores de Tartessos enterraron sus casas y templos antes de abandonar forzosamente su tierra.



Más información en la página de Facebook del IAM.




Tesoros de la historia en la costa catalana

Arqueólogos trabajando en el derrelicto Deltebre I

Gustau Vivar, coordinador del Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña (CASC), atiende a El Cultural por teléfono a bordo del Tethis, el barco que utiliza como base de operaciones. Acaba de salir del agua. A pocos metros de profundidad, en el Delta del Ebro, él y su equipo estudian los restos de un barco inglés hundido en 1813. Era un transporte que formaba parte de la flota que intentó asediar Tarragona para liberarla de las tropas napoleónicas durante la Guerra de Independencia. En su retirada, 18 barcos embarrancaron en la zona por culpa de un temporal de levante. 13 fueron recuperados y 5 permanecen bajo el agua. Uno de ellos es este Deltebre I, bautizado así por los investigadores ya que aún no saben el nombre verdadero de la nave. "Hemos recuperado tres toneladas de munición de este barco", explica Vivar.



El barco, de 35 metros de eslora, apareció en 2008 debido a la falta de sedimentación en el Delta del Ebro y los arqueólogos llevan trabajando en él desde 2009. Con la información y algunos materiales encontrados montaron una exposición que ha podido verse en varias ciudades como Barcelona y Alicante y este verano estará en el municipio donde se halló, Deltebre. Pero aún queda trabajo que hacer. Entre otras tareas, realizar planimetrías del barco y ampliar la documentación.



Para evitar saqueos por parte de otros submarinistas, al terminar cada jornada los arqueólogos tapan de nuevo el derrelicto (palabra que designa a un buque abandonado en el mar y que procede de la misma raíz latina que derelicto, término aplicado a cualquier objeto abandonado). No obstante, el CASC ofrece de lunes a viernes, por 50 euros, la posibilidad de realizar una visita bajo las aguas para ver cómo trabajan sus investigadores en los restos del buque. Eso sí, es imprescindible estar "bautizado" como submarinista.



Además de los furtivos, el mayor enemigo de los arqueólogos subacuáticos es el teredo navalis, un gusano marino también conocido como "broma" que se come la madera del mismo modo que la carcoma lo hace en tierra firme. "Por eso los grandes puertos donde atracaba la flota de Indias estaban en ríos, para matar con el agua dulce a estos gusanos y evitar que dañaran el casco de los barcos", explica Vivar.



El CASC trabaja en toda la costa catalana, donde hay yacimientos que se remontan al siglo I a.C. En Puerto de la Selva (Gerona) descubrieron el primer barco íbero encontrado hasta la fecha, que exportaba vino para las tropas romanas. "Estas naves, de fondo plano, estaban diseñadas para navegar por la costa catalana, que en aquella época tenía muchas zonas de marismas y lagos interiores como la actual Albufera de Valencia o la Camarga francesa", explica Vivar. De este modo evitaban encallar, como le pasó 19 siglos después a la flota británica.



Más información en la web del CASC.




Las huellas de la Guerra Civil en Madrid

Casquillo de Mosin Nagant recuperado en la excavación de Ciudad Universitaria

En el imaginario popular, la mención de la palabra "arqueología" dispara como un resorte la estampa de las pirámides de Egipto o el Partenón ateniense, pero esta ciencia no solo sirve para reconstruir épocas remotas. A menudo sirve para reescribir momentos de la historia reciente de los que creemos tener todos los detalles en archivos y hemerotecas. El arqueólogo Alfredo González Ruibal, del Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC, coordina el proyecto que desde hace diez años rastrea en el subsuelo de Madrid las huellas de la Guerra Civil Española.



"Casa de Campo fue el primer escenario de la guerra en la capital y preludio de la guerra urbana que ha caracterizado las guerras posteriores, desde Berlín o Leningrado hasta la Alepo actual", explica el investigador. En esta zona su equipo ha encontrado huellas de un combate entre las tropas franquistas, que entraron en la ciudad en noviembre de 1936, y los primeros brigadistas internacionales que lucharon en España. Hasta entonces se había pensado que los sublevados fueron frenados en el río Manzanares, pero González Ruibal y sus colaboradores han documentado "la penetración de soldados franquistas un kilómetro y medio más adentro, hasta la Dehesa de la Villa". Allí han encontrado balas de pistola y restos de granadas -municiones usadas en distancias cortas-, lo que sugiere un combate "casi cuerpo a cuerpo que si hubieran ganado los franquistas habría cambiado el curso de la guerra".



En el caso de Ciudad Universitaria, lo que más encuentran los arqueólogos son objetos de la vida cotidiana en la trinchera, "como una caja de especias utilizada para guardar objetos personales". Ambos escenarios pueden visitarse el próximo 23 de julio durante una jornada de puertas abiertas.



Más información en el blog del proyecto Arqueología de la Guerra Civil.



@FDQuijano