Image: Arcadi Espada

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Letras

Arcadi Espada

"Siempre he tenido el pescado vendido antes de pescar"

El Cultural
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Arcadi Espada. Foto: Antonio Pastor

Yo siempre he escrito por dinero (como Samuel Johnson, nadie espere rebajas) y las honorables y enternecedoras angustias de esta sección no son las mías. Yo no tuve que llevar ningún manuscrito a parte alguna ni esperar la sentencia del editor porque siempre he tenido el pescado vendido antes de pescar. Errará el que me adjudique en este gesto concreto vanidad. Sólo es modestia. Si ahora mismo alguna caprichosa (no desespero, ¡aún hay mujeres!) comprara mi silencio me sometería gustoso y enmudecería ipso facto hasta hacerme definitivamente transparente. El lujo califal de callar, si pudiera.

A punto de cumplir los treinta años, año 1987, mi bondadoso amigo Emili Teixidor me dijo que el gobierno buscaba, y con desespero, alguien que hiciera una guía de Ibiza. Me miró. Yo no había escrito jamás un libro, y mucho menos una guía, que es un libro con la obligación de ser útil; pero es que tampoco había estado jamás en Ibiza . Sin que lo preguntara me anunció el precio y el volumen de gastos que aceptaban, y dije rápidamente que sí. A diferencia de la inmensa mayoría de escritores yo nunca había tenido la necesidad de escribir una guía sobre Ibiza. Sí, comprendo; es probable que a otros la necesidad les naciera del propio verso de su universo; pero no era mi caso. En cambio tenía necesidad del dinero, porque iba a casarme; y la verdad es que unas cuantas semanas comiendo por cuenta ajena me parecía un plan muy agradable. Como al difunto Félix Göell de Sentmenat a mí lo que siempre me ha ido es la vida de hotel. Le pregunté a Emili si podía acompañarme mi novia y se encogió de hombros, como diciendo, si quieres partirte el dinero es cosa tuya, advertencia circunspecta que es muy propia de Cataluña.

Durante varias semanas leí todo lo que se había publicado sobre la isla de Ibiza, incluyendo, y fue lo peor, las excrecencias beat. Cumplía con mi obligación de escritor por encargo. El escritor por encargo tiene una gran superioridad sobre el escritor convencional, por entrañas: sabe que no sabe nada. Y así, una mañana de principios de verano, mi novia y yo desembarcamos en la isla, sabiéndolo todo ya, pero en busca de algunas localizaciones imprescindibles. El paso del tiempo ennoblece cualquier paisaje, y además fueron días muy alegres, sin fingimientos; pero nada borrará la tremenda tortura de comer o cenar dos veces fuera de casa, más desayuno y merienda, a la que nos obligó la proliferación de establecimientos de la isla y la urgencia de concluir el proyecto. Mourrons pour des idées, d'accord, mais de mort lente.

Quedé contento con el librillo, con la isla, con aquellos días de tanto sol y juventud, y en especial con la traducción al idioma inglés. Ahí es nada: un primer libro y ya traducido al inglés. Me leía (yo que no he sabido nunca inglés) y me parecía imposible. Es lógico que nunca me haya vuelto a suceder. Pero sí se han sucedido los encargos. Disciplinadamente los he ido aceptando unos detrás de otros, hasta formalizar una estantería y media vida. Primero cobrando y luego escribiendo. ¡Qué tran tran! No conozco método mejor de convocar la inspiración.

Desvelada mi historia y dado por sabido el carácter paradójico de la naturaleza humana se comprenderá que nada me tiente tanto como ver llegar el día en que me siente a solas para escribir algo que aún no esté pagado. Algo escrito con la gratuidad, el anhelo y la furia con los que escribí a los diecisiete años el que yo creía mi primer artículo (y en consecuencia, el primer acorde de las trompetas de Jericó) y que las buenas gentes de la remota revista En Punta (que ni habían pedido el artículo ni nada sabían de mí) tuvieron la generosidad de publicar como Carta al Director. Aunque sin pagar, claro.

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DESDE ENTONCES

Arcadi Espada (Barcelona, 1957), que se ha dedicado sustancialmente al periodismo, ha escrito ensayos como Contra Catalunya (1997), Raval: del amor a los niños (2000); Diarios (premio Espasa de Ensayo, 2002) Terrorismo y sus etiquetas (2007), Periodismo práctico (2008) o En nombre de Franco (Espasa, 2013). Su blog es, además de pionero, uno de los más leídos.