Pilar Adón, Nuria Barrios, Luisa Castro, Ana Merino y Elena Medel

Con motivo de la celebración del Día de las Escritoras, Pilar Adón, Nuria Barrios, Luisa Castro, Ana Merino y Elena Medel, que participan en la iniciativa de la Biblioteca Nacional titulada Rebeldes y transgresoras, nos narran su primer acto de rebeldía literaria y por qué se identifican con este lema.

Reivindicar la labor y el legado de las escritoras a lo largo de la historia es el objetivo del Día de las Escritoras, una conmemoración promovida por la Biblioteca Nacional de España junto a la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE) y la Asociación Clásicas y Modernas, que busca lograr este reconocimiento a partir de la lectura de fragmentos representativos de las obras de grandes escritoras del pasado.



En esta tercera edición ejerce como comisaria la periodista y escritora Joana Bonet, que ha elegido el tema Rebeldes y transgresoras, a partir del cual ha seleccionado textos de autoras españolas e hispanoamericanas que leerán personas de reconocido prestigio social y cultural como Soledad Puértolas, Montserrat Domínguez, Carmen Calvo, Mara Torres, Ana Merino, Basilio Baltasar, Beatriz Madrigal, Magüi Mira, Nuria Barrios, María Eizaguirre, Luisa Castro, Patricia Sanz, Manuel Vilas, Paloma Beamonte, Pilar Adón, Antonio Garrigues, Marwan, Mario Gas y Begoña Lasagabaster.



El hilo conductor sobre el que giran los textos es la rebelión de las mujeres contra el sometimiento intelectual y la denuncia por ser y verse consideradas como ciudadanas de segunda, y los fragmentos escogidos pertenecen a Teresa de Jesús, María de Zayas, Juana Manso, Rosalía de Castro, Rosario de Acuña, Filomena Dato, Carmen de Burgos, Delmira Agustini, Victoria Ocampo, Aurora Bertrana, Magda Donato, Sorne Unzueta Lanzeta (Utarsus), Ángela Figuera Aymerich, María Zambrano, Idea Vilariño, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa, Alejandra Pizarnik, Esther Tusquets y Maria-Mercè Marcal.



El Cultural ha pedido a algunas de las escritoras participantes, Pilar Adón, Nuria Barrios, Luisa Castro y Ana Merino que nos cuenten cuál fue su primer acto de rebeldía literaria y por qué se identifican con este lema:



Pilar Adón



Durante mucho tiempo resultó impensable que una mujer escribiera, y cualquier mujer que se atreviera a hacerlo era una rebelde y una transgresora. Sobre todo si optaba por la poesía. Yo escribo porque leer y escribir es lo que más me gusta hacer en la vida. Hasta convertirse en algo inevitable. Pero estudié Derecho, y creo que lo más transgresor que he hecho por la literatura ha sido ir dejando trabajos para dedicarme a escribir. Puede parecer algo insignificante, poco revolucionario, pero cada abandono me costaba días de decisión y días de arrepentimiento. Todo mi entorno esperaba que acabase siendo funcionaria, trabajando en un puesto estable por las mañanas y, si quería, escribiendo por las tardes. De modo que pretender escribir todo el tiempo era ya en sí un acto de rebeldía porque de escribir no se vive. Se puede considerar rebeldía hacer justo lo contrario de lo que se espera de alguien. De haber seguido el camino marcado en esa época, todo el mundo habría estado más contento, menos yo.




Nuria Barrios



Buscar mi voz. Una habitación propia significa una identidad propia. No aceptar el discurso establecido sobre numerosos personajes literarios femeninos, que por superficial es incompleto y erróneo. Rechazar los estereotipos fijados por ese discurso narrativo históricamente dominante. Retar las convenciones. Romper los barrotes que la educación, la familia y la sociedad imponen a las mujeres. Reescribir el amor, el deseo, la maternidad... Incomodar. Reivindicar que las mujeres debemos crear una genealogía propia. Ser consciente de que hacer visible lo invisible es un acto literario, pero también es un acto político. Saber que en los márgenes es donde mejor se percibe la realidad. Aferrarme al placer de la literatura, a su misterio. Estar loca. Resisitir.




Luisa Castro



El hecho mismo de escribir, y de publicar, es un acto de rebeldía, seas hombre o mujer. Pero a las mujeres les ha costado más estar en ese lugar, el de la autoría: afirmarse como personas, como un ser individual. Teresa de Jesús es un caso paradigmático. Cuando yo empecé a hacerlo no era ya ninguna transgresión escribir y publicar, en parte porque otras lo habían hecho antes, eso es lo que justifica este homenaje y este acto de la Biblioteca Nacional, y por eso participo en él. Algunas mujeres, sin una gran instrucción, pero con inquietud, con curiosidad y con deseo de participar en la conversación intelectual se forjaron en ese medio de la expresión escrita, donde todo era una transgresión, si no eras un hombre. Una de ellas fue la gallega Filomena Dato. Y la solidaridad con todas las mujeres va implícita en esa tarea. Por eso leeré un poema de ella. Muchas de las cosas que se han logrado a favor de los derechos de las mujeres nacen de ese movimiento de las primeras escritoras que se abren paso en un mundo de hombres. Siento por ellas una rendida admiración y una deuda. Y todavía queda mucho por hacer. ¿Mi transgresión? No concibo la literatura sin ella. Desde el principio escribir ha sido eso, allanar caminos, atravesar puentes, ir hasta el otro lado.




Ana Merino



La primera vez que me lancé a escribir algo con el anhelo de que me leyeran fue en febrero de 1989. De adolescente yo ya era muy lectora de la prensa, y la noticia del fallo de un juez respecto a un empresario que había cometido abusos deshonestos contra una joven empleada de 16 años me dejó helada. En la sentencia el juez indicaba que la joven con su minifalda provocó en el empresario ese tipo de reacciones. No daba crédito, me pareció el colmo y decidí mandar una carta al director de El País en la que criticaba duramente al juez. En ella recordaba la responsabilidad que tenía el sistema judicial para que nuestra sociedad fuera más justa y respetuosa con las mujeres. Me la publicaron, y eso hizo que me diera cuenta del poder de las palabras y de que tenemos siempre que verbalizar nuestro pensamiento y tratar de luchar con ellas contra toda injusticia... como nos enseñaron Don Quijote y Sor Juana Inés de la Cruz.




Elena Medel



Me temo que yo no soy rebelde ni transgresora, ni sé nada de rebeldías literarias en primera persona... Entiendo que el lema del Día de las Escritoras alude más bien a las autoras pioneras, que allanaron el camino a quienes escribimos después. Al menos, en ese sentido hablaré en la Biblioteca Nacional. Hablaré sobre Concepción de Estevarena, que frente a la prohibición familiar desarrolla una escritura originalísima por su planteamiento del género -o más bien de la ausencia del género-; o sobre Lucía Sánchez Saornil, en cuya obra poética se encuentran la renovación lingüística de la vanguardia y la carga política de su pensamiento anarcofeminista; y sobre Margarita Ferreras, cuyos poemas me interesan por la forma en la que aborda el deseo erótico, y cuya figura resulta muy interesante por el concepto modernísimo que defiende de escritora profesional; y tantos nombres de rebeldes y transgresoras verdaderas.