Santiago Posteguillo. Foto: Arduino Vannucchi

El Julio César de la novela histórica explica las claves de Yo, Julia, la novela sobre el ascenso de la mujer más poderosa de toda la historia del Imperio romano, que le ha valido el Premio Planeta 2018.

Más de 1.300.000 lectores avalan su obra, una reconstrucción vibrante y documentada de la historia de Roma a través de grandes personajes por los que la literatura había pasado de puntillas. Profesor de literatura en la Universidad Jaume I de Castellón, Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) se inició en el mundo literario en 2006, cuando comenzó la exitosa trilogía Africanus, donde desgrana la política y la sociedad de la Roma republicana a través de las figuras de los militares y estadistas Publio Cornelio Escipión y Aníbal. A estas novelas, tildadas de auténtico fenómeno y merecedoras de grandes elogios por parte de los expertos, le seguiría su segunda trilogía, centrada en el emperador Trajano y finalizada en 2016.



Su próximo protagonista es una mujer, la emperatriz Julia Domna (170-217), mujer de Septimio Severo, cuya fuerza y determinación por alcanzar el poder han otorgado a Posteguillo el Premio Planeta más femenino de todos los tiempos. ¿Cómo esta mujer logro ascender y consolidar una dinastía en un Imperio romano convulso y al borde de la guerra civil, un mundo dominado constantemente por hombres? A esta pregunta responde el autor en Yo, Julia, la historia del ascenso de una mujer inteligente y ambiciosa que supone una reivindicación de "las grandes mujeres de la historia que la historiografía masculina ha orillado o directamente olvidado".



Pregunta.- Descontextualizando el marco histórico, la historia podría ocurrir en la actualidad, ¿sigue la mujer apartada del poder igual que hace 1800 años?

Respuesta.- Sí, no lo dudes. Pensemos que en la época de la Roma imperial la mujer tenía una serie de derechos mucho más amplia que la de épocas posteriores. Tenía la posibilidad de abortar, de divorciarse y de retener y gestionar la fortuna familiar. Pero, es verdad que no dejaba de ser un mundo machista, como el de hoy. Además, con las mujeres orientales había un gran prejuicio desde Cleopatra, porque no les gustaba ser un florero, algo que horrorizaba a los senadores y sus esposas. Julia llegó a ser la mujer más poderosa de toda la historia del Imperio romano, llegó a ser por momentos incluso la dueña. Pero lo hizo, sin renunciar a su lado femenino, a enamorarse apasionadamente de su marido, a tener hijos... Fue esposa y madre además de una mujer influyente en su mundo, y en esa lucha por compaginar todo hay aspectos muy extrapolables a las mujeres de hoy día.



P.- Tras dos trilogías protagonizadas por hombres, ¿por qué decidió escribir sobre una mujer?

R.- A lo largo de todos mis anteriores libros se ha dado una evolución. He añadido paulatinamente personajes femeninos en mis novelas, a medida que he dejado de seguir rígidamente las fuentes clásicas, donde apenas aparecen. Cada vez me fui interesando más por ellas sin dejar de ser fiel a mi estilo. En esa evolución el cuerpo me estaba pidiendo una protagonista, porque pienso que en la búsqueda de igualdad actual, esta visión feminista no debe mirar sólo al presente o al futuro, sino también al pasado. No se trata de construir un falso igualitarismo, sino de releer la historia y observar las mujeres de relevancia de las que no se ha hablado. Así que me propuse recuperar a esas grandes mujeres que la historiografía masculina ha orillado o directamente olvidado. No inventármelas, sino encontrarlas y contarlas. Y cuando encontré a Julia me extasié, porque además no hay ninguna novela sobre ella.



P.- Salvando las distancias que debemos tener para mirar el pasado y no llevarlo a nuestro terreno, ¿las estrategias de Julia para conseguir y conservar el poder resistirían el juicio moral de hoy?

R.- No, para nada, y creo que así debe ser, porque eso implica que hemos evolucionado moralmente. Igual que siempre que pensamos en el pasado, hay que entender al personaje. Julia estaba rodeada de senadores que se dedican a asesinar y traicionar, y controlaban una policía secreta. En ese contexto no puedes pretender negociar en plan moralista, tienes que ser igual. Y por eso ella tiene exactamente la misma determinación que sus oponentes. Ellos van a muerte, y ella también. Si hay que hacer una intriga para envenenar a alguien, se hace. Si hay que montar una batalla campal o declarar una guerra, se monta... Por eso terminará siendo, además de esposa y madre de emperadores, madre del senado, madre de los ejércitos y madre de la Patria. Además, fue conocida como la emperatriz filósofa, porque se rodeaba de intelectuales, lo cual es una gran muestra de persona inteligente y sin complejos de inferioridad. Quiere estar con gente brillante. De hecho, uno de ellos es el narrador de la novela, el famoso médico Galeno, que sirvió a cuatro emperadores.



Busto de Julia Domna de época romana

Los límites del poder

Posteguillo decide que depositar el peso de la narración en este narrador testigo que comienza a narrar la historia de Julia desde un desinterés que pronto se convierte en admiración por la emperatriz. "Al contrario que en Yo, Claudio, novela a la que hago un guiño, Julia no tenía tiempo para contar su historia, estaba actuando para influir y controlar su mundo. Por eso introduzco a Galeno, que además es un personaje de una capacidad intelectual muy sobresaliente y puede hacer unas valoraciones de Julia que no puede hacer cualquiera". Como suele ocurrir en sus novelas, este personaje le sirve también al autor para crear mayor profundidad a una trama donde los espectaculares avances médicos de la época tendrán también su peso.



Y, por supuesto, como narrador que empezó escribiendo novela negra, también el misterio y el suspense tendrán su papel en Yo, Julia. "El misterio se despliega en la búsqueda de Galeno de unos libros secretos de la época del Egipto ptolemaico, en la que le ayudará la emperatriz", explica Posteguillo. Por su parte el suspense nace de la propia historia de los afanes de Julia para consolidarse en el trono. "Hay unos límites en el ascenso al poder, y Julia tiene un problema, que es joven e impulsiva. ¿Sabrá ver los límites o se pasará de frenada? En Roma se gana o se muere. O muere alguien que tú quieres. Ése es el punto de suspense. Hay momentos que Julia no sabe si lo va a perder todo", avanza el escritor.



P.- El libro narra exclusivamente un breve periodo de su vida, su llegada al poder, ¿habrá más libros sobre Julia Domna o se detendrá aquí?

R.- Este libro se ocupa de cinco años potentísimos de la historia de Roma, entre el 192 y el 197. Es un periodo especialmente convulso, pues tras la muerte de Cómodo, cinco hombres muy ambiciosos se posicionan para sucederle y se declaran emperadores a lo largo del Imperio, de Britania a Siria. Fue un Juego de Tronos total, una especie de Risk donde ganas o mueres. Y Julia ganó porque calibró mejor que todos ellos la importancia del juego. Un hombre puede conquistar un imperio pero solo una mujer puede forjar una dinastía. Así que sí, la historia de Julia da para mucho más, ya vernos.



P.- Mantiene que escribiendo de Roma habla de hoy, que en el presente se perciben constantes ecos del pasado, ¿qué paralelismos ve con esa época y qué mujer de hoy sería equivalente de Julia?

R.- Para empezar, la naturaleza humana no ha cambiado en estos siglos, y por ello, salvando la parte sangrienta, la lucha por el poder era igual los tiempos de la antigua Roma que hoy. Además, la Unión Europea está en una encrucijada equivalente a la que se encuentra Roma cuando Cómodo está a punto de ser asesinado y perder el poder. Es una época de cambio. Me sigue interesando contar la historia de Roma porque es un espejo donde podemos encontrar muchos modelos para la actualidad. A ver si tenemos la capacidad de escoger el mejor modelo, el menos doloroso. En cuanto a mujeres fuertes, entiendo que en épocas recientes sí ha habido personajes análogos. Julia sería una Margaret Thatcher o una Angela Merkel, una mujer fuerte y segura con las riendas del poder. Es importante saber y recordar que ha habido mujeres en la historia que se han movido mejor que los hombres en los puestos de poder, ejemplos de liderazgo político incuestionable.



¿Salir de Roma?

P.- En sus novelas fue escogiendo cronológicamente ciertos personajes de la historia de Roma. ¿Por qué dio ese salto de Escipión (siglo III a.C.) hasta Trajano (siglo II d.C.)? ¿No volverá a ocuparse de algún periodo anterior?

R.- En narrativa la analepsis, el flash back, siempre es posible, y hay evidentemente personajes inmensos que no he tratado. De momento he seguido la idea de novelar personajes que no se habían novelado mucho: Escipión, Trajano, Julia Domna... Es verdad que hay algún personaje que despunta como Julio César, que es el gran personaje. Nunca me he aventurado de momento a abordarlo porque no encontraba la forma de contar un César complementario a toda la bibliografía existente, desde lo clásico hasta la estupenda heptalogía de Collen McCullough, pasando por Shakespeare. Pero no lo descarto, porque voy reuniendo información y voy viendo matices de ese personaje o de otros sobre los que quizá quiera volver. Esa época de la disolución de la República es brutal, pero hay otras muy relacionadas con Hispania que me he saltado también.



P.- Usted empezó con novela negra sin contenido histórico, ¿se plantea salir del género en algún momento?

R.- Es una opción, sí, me tienta probar otros géneros o incluso hacer un salto a otras épocas históricas fuera de Roma. Lo que pasa es que se me van cruzando multitud personajes de Roma que me gustan, y además es una época en la que estoy cómodo novelando. Supongo que alguna vez saldré, pero no lo preveo próximo, porque tengo varias ideas en mente y están relacionadas con Roma. Además, escribir sobre Roma también es contar lo que nos está pasando ahora. Aunque pueda parecer que sólo escribo del pasado, realmente siempre estoy también escribiendo de la actualidad. Así que seguiré en Roma bastante tiempo. Amenazo con ello.