Hola, amigos:

Después de explorar el fascinante mundo del azúcar en los relatos de esta semana, la tentación inicial era que la semana que viene nos sumergiéramos en historias dedicadas a la sal, pero he decidido que lo salado no radique en el tema, sino en vuestra creatividad y, así, la semana que viene escribiremos sobre lo soso; es decir, la ausencia de sal en los alimentos o la falta de gracia y viveza en los seres vivos y objetos. Este es el desafío que os propongo para la semana que viene. A partir del lunes.

Veamos, entretanto, quiénes son los finalistas de la semana dedicada al azúcar.

DevaPrada

“Lo que no mata, engorda”, rio el verdugo mientras chupaba un terrón de azúcar.

Lobarcio

Chocamos con un iceberg de azúcar en aquel verde océano; fue cuando le sugerí al piloto que dejáramos la absenta.

Lachica

"Al menos tuvo un dulce final", dijo el inspector, y dio orden de que sacaran el cuerpo de la cuba de chocolate.

Nicolás

Junto a la pistola con la que cometió el crimen esconde el tabaco, el güisqui y los sobrecitos de azúcar que su médico le prohibió.

Tono

Justo cuando salió del hospital tras varias horas en urgencias por una hiperglucemia, un camión cargado de azúcar lo arrolló.

gpm

Antes del examen, tomó mucho azúcar porque era bueno para el cerebro. No supo ninguna pregunta, pero se dio cuenta de que ella no lo quería.

MikaNibal

“El azúcar estimula el cerebro”, le dijeron al escritor. Abandonó su consumo cuando su caspa empezó a glasearse.

Lluviausente

Le dijo que el azúcar no caducaba, como su amor. Ella respondió con una amarga sonrisa.

Vilma

“Eres tan dulce que te comería”. Cuando la policía entró en la casa, sólo quedaban los huesos.

Lucio

Nada más verle entrar en la consulta rodeado de moscas, supo que otra vez tenía el azúcar alta.

Bite

Tenía que dejar el tabaco y el azúcar. Sus amigos le dijeron que se lo tomara con filosofía y así fue como conoció el nihilismo.

Meraki

En la concurrida sala de espera de aquel dentista siempre había caramelos con azúcar.

Rumor

La camarera se estaba enamorando de aquel cliente soso y distante; una mañana decidió echarle azúcar al café y regalarle una chocolatina.

Meraki

Escribía sus famosas novelas románticas en frías noches de invierno acompañada de una buena taza de café negro.

Lluviausente

Como ministra de sanidad su primera medida fue subir el precio del azúcar. Poco después tuvo que bajar el de los ansiolíticos.

DevaPrada

“Dulces sueños”, le decía su madre al arroparlo. Lo recuerda mientras, ya adulto, se inyecta insulina.

Nicolás

Las tropas invasoras regalaban algodón de azúcar a los niños que habían sobrevivido a los bombardeos.

Vilma

“Señoría, ella mató a su marido con una sobredosis de azúcar”. El juez la declaró inocente, extasiado por aquella sonrisa tan dulce.

Amanita

En el descanso se entretenía analizando las frases de los azucarillos, volvía a la consulta y aplicaba las terapias.

Lachica

El militar se mantuvo firme, hasta que la niña le pidió un caramelo.



Y uno, de regalo:

Rumor

Le habían dicho que el azúcar era muy dañino, pero sólo veía personas alegres salir de aquella confitería.



Para aparecer con nombre y apellidos en caso de ganar, escribid por favor a cuenta140@elcultural.es.

Saludos cordiales

Consulta aquí las bases del concurso.