La propia Sheilah rememora aquellos dos años maravillosos que fueron los últimos de vida del escritor al que se lo llevaría un ataque al corazón en casa de su amada. Scott estaba enfermo, bebía mucho y sufría por no poder dejar a su mujer, "la pobre y perdida Zelda". Pero su inteligencia aún deslumbraba. Inventó versos para facilitar el recuerdo de la historia de Francia, diseñó planes de lecturas de cuarenta libros cada diez meses que incluían nada menos que todo Proust, Victor Hugo, Tolstoi, Dostoievski y Joyce, y se le fue la mano con la poesía, que acabó por desbordar el programa de estudios. Y cuando Sheilah tuvo dificultades con Marx, Scott ofreció Henry James como aliviadero. Una historia fascinante.
Lecciones de un Pigmalión
Sheilah Graham
17 octubre, 2014 02:00La propia Sheilah rememora aquellos dos años maravillosos que fueron los últimos de vida del escritor al que se lo llevaría un ataque al corazón en casa de su amada. Scott estaba enfermo, bebía mucho y sufría por no poder dejar a su mujer, "la pobre y perdida Zelda". Pero su inteligencia aún deslumbraba. Inventó versos para facilitar el recuerdo de la historia de Francia, diseñó planes de lecturas de cuarenta libros cada diez meses que incluían nada menos que todo Proust, Victor Hugo, Tolstoi, Dostoievski y Joyce, y se le fue la mano con la poesía, que acabó por desbordar el programa de estudios. Y cuando Sheilah tuvo dificultades con Marx, Scott ofreció Henry James como aliviadero. Una historia fascinante.