Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Tras ellos, la efigie de Pablo Iglesias.

Buenas Letras. Madrid, 2011. 238 páginas, 20 e.



Algunas historias del Partido Socialista son epopeyas para entusiastas; otras, panfletos para fervientes del corro opuesto; en ambos casos, cuentos chinos para engatusar en una u otra dirección. El escritor y analista político Juan Carlos Girauta ha procurado evitar esas maquinaciones para intentar una historia "verdadera", adjetivo que los editores realzan en la portada como oferta al lector. ¿El resultado? Girauta ha salido bien del difícil compromiso con una crónica sin aspavientos, lenguaje estricto y referencias documentales abundantes. A la historia agitada, cambiante y rica en acontecimientos de los 131 años del PSOE le va un relato contenido. Los asombros son causa de la misma realidad.



Las contradicciones que ha ofrecido el PSOE arrancan de su fundación, cuando su primer programa, abril 1880, se adhiere al marxismo aspirando a la lucha de clases y la socialización de la propiedad privada, al tiempo que reclama derecho de asociación, libertad de Prensa y sufragio universal. Mientras apelaba a los desfavorecidos, se entusiasmaba con la revolución soviética de 1917, se enfangaba en huelgas revolucionarias, combatía el capitalismo o acababa colaborando con el dictador Primo de Rivera. El autor muestra cómo se ha querido ocultar, aunque sin éxito, episodios sofocantes que refutan las proclamas democráticas de sus autores, como la amenaza de muerte de Pablo Iglesias a Antonio Maura en el Parlamento (p. 20), el atentado ferroviario en la huelga revolucionaria del 17 (pp. 33, 69), la rebelión del 34 con armas, guerrillas y el protagonismo, entre otros, de Largo Caballero (pp. 85, 91...) o la utilización de las checas en Madrid durante la guerra civil (pp. 106-109).



Esas luces y sombras adjetivan también los retratos que el autor realiza de los actores principales: Iglesias (el fundador), García Quejido (figura inicial que acabó en el PCE), Largo, Prieto (de los pocos que pidieron perdón por sus excesos), Negrín (que entregó el oro a la URSS, expulsado en 1946 y rehabilitado por Zapatero), Besteiro (opuesto a la política revolucionaria del partido), Nicolás Redondo (que pudo ser el líder y prefirió la UGT), Llopis (jefe durante el exilio), Felipe González, Guerra y, claro, Zapatero. Entre todos destaca Felipe, quien devolvió al partido la ocasión de gobernar con su audaz maniobra para anular el culto al marxismo. Su figura emerge poderosamente en los anales de la historia, aunque los desvaríos de sus Gobiernos (terrorismo de Estado, corrupción, financiación irregular del partido, Luis Roldán, las escuchas telefónicas, etc.) constituyen un abrumador contrapeso a su gestión. No hay color, sin embargo, entre González y el líder actual, llegado al poder tras agitaciones demagógicas y una "feroz campaña de desestabilización" (p. 219) y arruinado por errores imperdonables como la ocultación de la crisis económica y la designación de colaboradores que no han estado a la altura de las circunstancias.



Girauta militó en el PSOE cuatro años hasta que en 1986 escuchó aplausos en la sede de Barcelona tras un atentado etarra. Esa militancia en años de gloria del partido no le ha impedido el esfuerzo de ecuanimidad, seguramente gravoso, necesario para describir tantos claroscuros. El resultado, ya digo, es válido: quien desee conocer o repasar la identidad y el protagonismo del PSOE encontrará respuesta clarificadora en estas páginas.