Pedro Sánchez y Xi Jinping durante la visita del presidente de España a China en marzo de 2023.

Pedro Sánchez y Xi Jinping durante la visita del presidente de España a China en marzo de 2023. Moncloa

Política VIAJE A PEKÍN Y SHANGHÁI

Segundo viaje a China de Sánchez en año y medio: estrecha su relación con Xi mientras la UE se distancia

El presidente profundiza la "asociación estratégica integral" con Pekín, y trata de aprovechar la condición de España de primera potencia media de la UE.

7 septiembre, 2024 02:42

Ya fue un hito cuando, en marzo de 2023, Pedro Sánchez acudía a Pekín, invitado por Xi Jinping, en medio de las mayores tensiones dialécticas cruzadas entre la Unión Europea y el gigante asiático. El dictador de la superpotencia incluyó expresamente al presidente español en su ronda de contactos con líderes europeos, justo cuando Ursula von der Leyen acusaba a Pekín de estar "trabajando por cambiar el orden mundial".

La presidenta europea proclamaba la doctrina del derisking, o control de daños... un paso intermedio entre la dependencia creciente y debilitadora para la UE y el decoupling... es decir, la desconexión que habría preferido Estados Unidos. Europa ni puede ni quiere llegar a tanto. España, aún menos, porque como primera potencia media de la Unión, puede aprovechar para tomar posiciones de ventaja. Y eso lo han leído tanto Sánchez como Xi.

Menos de 18 meses después de aquella visita de finales de marzo de 2023, Sánchez regresa a Pekín y a Shanghái, acompañado de su ministro de Exteriores, José Manuel Albares.

Es una muestra clara, según Moncloa, de la importancia que China le da a España como actor en el concierto occidental. Y los datos lo corroboran. Ningún otro jefe de Gobierno español de la democracia ha tenido ese trato "privilegiado" con ninguna superpotencia, salvo José María Aznar con George W. Bush en los cuatro años que coincidieron en el poder, a comienzos de este siglo.

Pero aquellas eran circunstancias convulsas porque, tras el 11-S, Aznar supo acercarse al estadounidense, necesitado de aliados en su "guerra contra el terrorismo" global. El popular español tenía la experiencia contra ETA y la ambición de girar a España a un inequívoco atlantismo.

"Haremos de todo"

"En el caso de Sánchez, lo diferencial", apunta una fuente diplomática, "es que en año y medio habrá visitado dos veces a Xi y, en medio, estuvo con Biden en la Casa Blanca". Es decir, que el presidente socialista está jugando un verdadero papel de broker occidental, "explorando vías para establecer una agenda positiva" bilateral, europea y occidental con China. Y Xi lo valora y reconoce.

Cuando hace poco más de 17 meses Sánchez viajó a la capital china, se acababa de cumplir un año del inicio de la invasión de Rusia sobre Ucrania, era cada vez más evidente el apoyo logístico de China a Vladímir Putin, el "amigo sin límites", y las tensiones por el "desequilibrio comercial" cada vez más favorable a Pekín amenazaban ya con la guerra en la OMC.

La UE optó por el derisking como estrategia para evitar que China se viese obligada a decantarse explícita y definitivamente por Moscú. "Haremos de todo para evitar la guerra", había dicho Emmanuel Macron aquella semana en el Consejo Europeo. Y "de todo" fue que Sánchez visitara Pekín, y luego el francés, y el alemán Olaf Scholz, y finalmente, la presidenta Von der Leyen o el Alto representante, Josep Borrell

La Unión quiere mantener lazos, pero a distancia. Seguir haciendo negocios con Pekín, pero proteger su propia industria, del mismo modo que China se niega a abrir determinados sectores a la competencia, mientras invade el mundo con sus manufacturas, inversiones e infraestructuras.

Por eso, la UE acaba de imponer aranceles del 37,6% a los coches eléctricos chinos, por ejemplo... y por eso, Sánchez tendrá encuentros con empresas del sector allí. Si España es actualmente potencia europea en esta industria, la reconversión hacia una movilidad más verde puede hallar "sinergias" entre Madrid y Pekín.

Objetivo uno

Son tres los objetivos de este nuevo viaje a China para Moncloa. El primero, mantener el impulso político a esta "privilegiada" relación bilateral.

Por eso, Sánchez será recibido no sólo por Xi, sino por el primer ministro, Li Qiang; el presidente del Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular, Zhao Leji; y por Chen Jiningsecretario del Partido Comunista Chino en Shanghái, una figura clave para entrar en la capital comercial del país, y personaje muy relevante como miembro del politburó.

China tiene intereses muy altos en Latinoamérica y África, dos de los patios traseros más importantes para España. "Eso también nos une", explican fuentes de Moncloa. El cono sur es terreno tradicional de nuestro país, y la región del planeta a la que Sánchez más ha viajado en sus años de presidente.

El Gobierno siempre insiste en la oportunidad que es para España ser el país hermano de algunos de los de más peso en eso que se llama "sur global". Un concepto que China sabe liderar en lo político y lo económico. Lo mismo que en África, vecindad sur española de la que viene, hace una semana, el presidente español, y a la que trata de girar los ojos de la OTAN. Entretanto, una relación "privilegiada" con Pekín permitirá a España no perder pie en el Sahel y más allá.

Recientes iniciativas chinas de éxito, como el acuerdo de reconciliación entre facciones palestinas del pasado mes de julio, hacen que para España también Pekín sea cada vez en más esencial.

Objetivos dos y tres

El segundo objetivo -realmente, el más importante, aunque sin el afianzar el primero, éste es inviable- es reforzar los lazos económicos. Los bilaterales y los europeos, en una relación "equilibrada y más simétrica". Ésa será una de las peticiones claras y expresas de Sánchez a Xi y al resto de sus interlocutores.

China es un país de enormes oportunidades en el terreno económico y comercial. Por eso, el presidente viajará acompañado de una nutrida representación de empresarios con intereses ya establecidos en el país asiático, o en perspectiva.

Sánchez, además, está invitado al Consejo Asesor Empresarial, en Pekín, que reúne a 15 empresas españolas y a 21 chinas. Además, participará en el Foro de Shanghái, donde podrá conocer los intereses y necesidades, también de varias pymes allí representadas.

Pekín es un actor esencial e insustituible en el escenario internacional, que ha ido incrementando su peso global. Su éxito económico se ha traducido en poder global. De ahí que establecer una relación económica, empresarial y comercial privilegiada, que es el lenguaje común más recíproco, abre una vía segura en el contexto geopolítico con la segunda superpotencia del mundo. 

China es el primer exportador mundial, lo que ha alterado las cadenas de valor globales, y ha generado fuertes dependencias. La balanza comercial con España es cada vez más asimétrica, ya de dos a uno (10.000 millones de importaciones por 5.000 de exportaciones). Y Sánchez tratará de explicar las ventajas de un mayor equilibrio, aprovechando sectores de interés mutuo, como la transición verde.

Son más de 1.400 millones de consumidores, de los que ya 600 millones de ciudadanos engrosan la mayor clase media del mundo. Para ello, es crucial tener una interlocución fluida con las autoridades chinas para garantizar un acceso lo más libre posible a nuestros productos y a nuestros servicios. Algo que hoy es imposible, ya que el Gobierno de Xi juega desde la ventaja, con tendencias crecientemente proteccionistas.

Se prevé firmar varios acuerdos comerciales, ya negociados antes de la visita de Sánchez y Albares. Versarán, según las fuentes consultadas, sobre nuevos mecanismos de diálogo, sobre economía digital, desarrollo verde, y defensa del medio ambiente...

En los próximos meses, la Organización Mundial del Comercio debe afrontar la denuncia europea contra la industria automovilista eléctrica china, y la respuesta de Pekín: las investigaciones contra las ayudas europeas a otros sectores económicos, siendo las sanciones al porcino las que más afectaría a España.

Las fuentes consultadas destacan que la "asociación estratégica" entre China y España ha alcanzado ya un carácter "integral", más allá de que Pekín sea la cabeza del "otro lado" del mundo. Y que esa "privilegiada relación" permite a Sánchez una interlocución con Xi creíble en este campo.

El tercer objetivo es el del apoyo a los intercambios culturales, y a la educación y ciencia española en China. Se trata de fomentar el mejor conocimiento recíproco entre ambas sociedades, muy separadas tanto geográfica como culturalmente. En Shanghái, Sánchez inaugurará el nuevo centro del Instituto Cervantes, convirtiendo a España en el primer país del mundo con dos sedes culturales de este orden en suelo chino.

Sánchez prevé firmar varios acuerdos para abrir aún más nuevos centros culturales, desarrollar la Formación Profesional conjuntamente, fomentar la movilidad de investigadores entre los dos países, y una mayor cooperación cultural en el campo del cine y las artes audiovisuales.

Actor multilateral

La apuesta de Sánchez en política internacional siempre ha sido a través del multilateralismo. No sólo de palabra, en sus discursos, sino de obra, con una presencia ininterrumpida en los foros globales, además de con aportaciones de fondos significativas.

Eso abre puertas, genera credibilidad y confianza en esos ámbitos. Y China también ha abandonado en la última década su tradicional aislacionismo. Apoyado en su poder económico, y reforzado por su creciente brazo militar, Xi ha ido incrementando su presencia en los distintos mecanismos multilaterales, como Naciones Unidas o el G-20, del que también participa España, como invitado permanente.

La influencia de China en estos espacios es reflejo de su capacidad para actuar como interlocutor en las relaciones entre los grandes bloques globales. Sánchez tratará estos asuntos con xi y el resto de interlocutores. Desde la guerra de Rusia contra Ucrania a la estabilidad en la península de Corea y las tensiones con Taiwán