Banderas LGTBI.

Banderas LGTBI. Shutterstock

Opinión

El Orgullo fue, es y será siempre una revolución

Una reflexión sobre sobre el riesgo de que los Orgullos pierdan su carácter reivindicativo y político para dar paso a un modelo de consumo enfocado en el ocio nocturno y el turismo

27 julio, 2024 12:00

El movimiento LGTBI+ en todo el mundo denuncia desde hace años la escalada del capitalismo rosa, que poco a poco va despojando a los Orgullos de su carácter reivindicativo y político, para dar paso a un modelo de consumo enfocado en el ocio nocturno y el turismo, centrado en hombres gais, cisgénero, blancos, occidentales y con un poder adquisitivo medio-alto.

Como una onda expansiva, este modelo de Orgullo ha ido conquistando primero las grandes ciudades como Madrid o Barcelona, para ir poco a poco canibalizando los Orgullos provinciales. A Coruña no es una excepción. En los últimos años desde algunas asociaciones vemos con preocupación cómo el Orgullo se licita, se tutela y se reduce cada vez más a iniciativas comerciales. No nos cabe duda de que los espacios de socialización son necesarios. La cultura también es imprescindible y la comunidad LGTBI+ ha desarrollado una vibrante cultura de una riqueza inigualable. Tanto es así que hoy en día forma parte del mainstream. Esta apropiación y asimilación por parte del público mayoritario es otra conversación que lleva dándose dentro de la comunidad LGTBI+ desde hace un tiempo. Todo forma parte, sin embargo, del mismo fenómeno: la monetización de la vida, cultura y derechos de las personas LGTBI+.

Cuando el 28 de junio 1969 la policía de Nueva York entró una noche más en el bar Stonewall Inn, no esperaban la respuesta de la comunidad LGBTI+ que, harta de la persecución, violencia, abusos y vejaciones, se levantó al grito de Gay Power! para luchar con todas sus fuerzas, dando lugar a varios días de disturbios y a lo que sería el nacimiento del movimiento LGTBI+ moderno. Tampoco se esperaban los cientos de personas queer, (la mayoría personas trans, racializadas y pobres), quienes lo único que habían conocido durante toda su vida había sido la violencia y la infamia, que 45 años después de resistir a golpe de bolso y ladrillo contra la policía, las grandes cadenas de ropa harían colecciones especiales del Orgullo, fabricadas en países donde los derechos de las personas LGTBI+ brillan por su ausencia. Tampoco esperarían que discotecas que durante el año ejercen violencia LGTBIfóbica y niegan la entrada a las personas cuya expresión de género se aleja de la heteronorma iban a organizar "fiestas gais" durante el mes del Orgullo y además promocionarían todo con carteles que aúnan todos los estereotipos más rancios del colectivo LGTBI+, o que los ayuntamientos iban a invertir grandes cantidades de dinero público en promocionar festivales LGTBI+ con el único fin de servir como reclamo turístico para las ciudades.

45 años después de Stonewall, y en el contexto de este pequeño rincón atlántico en el que nos encontramos, nos negamos a olvidar la memoria de lo ocurrido. Nos negamos a que nuestras vidas y nuestros derechos sean mercantilizados para beneficio de unos pocos. Nos negamos a un modelo de Orgullo y de activismo que ponga por delante la imagen de la ciudad a la igualdad real de su ciudadanía. La comunidad LGTBI+ ni somos un negocio, ni un nicho de mercado. Por eso seguiremos luchando con el mismo espíritu con el que lucharon nuestras madres y compañeras en el 69, porque el Orgullo fue, es y será siempre una revolución. El Orgullo es lucha y reivindicación los 365 días del año. Y, le pese a quien le pese, lo defenderemos hasta el final.

Ana G. Fernández

Presidenta de ALAS Coruña, Asociación LGTBI+