Menchu Gutiérrez

Autora de obras como Latente o Detrás de la boca, publica ahora araña, cisne, caballo (Siruela), un libro sobre presencias animales.

Nos encontramos con Menchu Gutiérrez en la sede madrileña de la editorial Siruela. Presenta araña, cisne, caballo, un compendio de prosas poéticas sobre los animales y el modo en que se relacionan con los hombres. La escritora acaricia, cuando piensa, una taza blanca de la que apenas bebe durante la entrevista; habla despacio, y su voz se va apagando a lo largo de cada respuesta: es algo tan natural que uno solo lo percibe al transcribir la conversación. Menchu Gutiérrez vivió veinte años en un faro. Abandonado el faro, se fue a vivir a un pueblo de Cantabria, en donde, desde hace tiempo, mantiene una singular relación con una cabra con la que se cruza cada mañana en su paseo. La cabra es una de las "presencias animales" de araña, cisne, caballo, un libro que, confiesa, admitirá "tantas lecturas como lectores".



Pregunta.- Mallarmé sostenía que todo prosista, en el momento que intenta dar ritmo y musicalidad a una frase, está versificando. Es inevitable recordar esto al leer araña, cisne, caballo.

Respuesta.- Es que mi prosa y mi poesía no son sustancialmente diferentes. Varía el tiempo, la condensación. Pero la mirada y el compromiso son los mismos; hay un compromiso poético en todo lo que escribo. Yo creo que si no hay metáfora no hay creación y fuera de ahí no estoy muy preocupada por los géneros.



P.- En libros como El faro por dentro incorporó la presencia de la niebla, del mar. En este, sin embargo, los protagonistas son los animales. ¿Qué significado tienen para usted?

R.- Creo que estamos profundamente ligados a los animales. Aunque vivamos en casas inmaculadas, todos entendemos, por ejemplo, la metáfora que hay implícita en la telaraña, que es la trampa. No nos hace falta perdernos en un bosque para conocer la amenaza del lobo, ni para percibir su mirada en el perro. Creo que lo animal siempre nos pone en contacto con el origen, con una realidad muy esencial. En este libro hay, digamos, dos tipos de presencias animales: la benéfica, que es como un espejo de ti mismo, y la maléfica, que tiene que ver con nuestros fantasmas.



P.- Pero predomina más el aspecto amenazante de ciertos animales, ¿no es así?

R.- Eso es porque yo al escribir este libro tenía muy presente una parte de El psicoanálisis del fuego, de Bachelard. En esa obra se formula una pregunta muy interesante: ¿Cuál es tu fantasma? Porque para cada uno es distinto: puede ser la ondina, o el gnomo, o la salamandra, o el aire, o el fuego o el agua. Es una pregunta que yo me he hecho para escribir este libro, y por eso estos animales tienen que ver con eso, con los fantasmas que aparecen en nuestras pesadillas.



P.- ¿Su fantasma cuál es?

R.- ¡No te lo voy a decir! Pero la verdad es que tengo muchos. Para mí, ya digo, hay animales benéficos y hay animales malignos e inquietantes. Pero un animal puede tener, en mi mente y dependiendo de mi estado de ánimo, los dos signos.



P.- ¿Utiliza la escritura para hacer frente a sus miedos?

R.- En la escritura hay una sanación, no hay duda. Los problemas no desaparecen, pero hay algo en ese proceso de escritura que se queda contigo y te alivia.



P.- ¿Qué hace que usted se siente frente a la página y escriba?

R.- Supongo que hay algo que se va apoderando de ti, y, cuando ya se convierte en obsesión, escribes.



P.- Tiene que ocurrir algo.

R.- Sí, ocurre algo, se apodera de mí y entones comienzo. Un suceso, algo que pone en marcha un viaje. Luego el libro, generalmente, me lleva. Un libro tarda mucho tiempo en escribirse, desde luego mucho más de lo que dura el proceso de escritura. En este caso, los animales están en la vida de todos desde la infancia, y en mí han ido adquiriendo poder a lo largo de los años en qué he vivido en el medio rural.



P.- En sus textos no hay personajes individualizados, sino arquetipos: el hombre, el lobo, la araña. ¿Con qué fin elige presentarlos de este modo?

R.- Yo siempre he deseado trascender ese yo inmediato. Por eso trato de desaparecer de mis libros, aunque haya en ellos vivencias personales. Yo vivo desde hace ya muchos años en el medio rural, así que la presencia animal que plasmo es la que yo tengo a diario cuando paseo. Por otro lado, este libro es un viaje de ida y vuelta: tú cuentas la historia del animal y el animal cuenta la tuya.



P.- Antes de vivir donde vive ahora, estuvo en un faro durante veinte años. ¿Hasta qué punto influye el espacio en su obra literaria?

R.- Muchísimo. El espacio nos conforma e invita a explorarlo o a aislarse. Hay espacios que invitan a la introspección, y otros, como el rural, que te invitan a salir, a tocar el árbol, a sentir la presencia del animal. En ese sentido, el medio rural te recuerda tu lado animal.



P.- En su libro hay reflexiones sobre una gran cantidad de temas: el nacimiento, la muerte, la idea de frontera...

R.- Es un libro de fragmentos que constituyen un libro mayor. De animales que conforman un solo animal. Habla del tiempo, de la vida y de la muerte, todo contado por animales y hombres. Unos se cuentan a otros. En el libro hay también metamorfosis completas e incompletas, abortadas o en proceso.



P.- ¿Qué papel juega el duelo en su literatura?

R.- Está muy presente, como lo está la muerte y, con ella, la vida.



P.- A usted le preocupa más lo sensorial que la reflexión pura, ¿no es así?

R.- En realidad es una combinación de ambos. Dependemos de los sentidos para reflexionar. En mi caso las sensaciones dan lugar a esas reflexiones, aunque comprendo que esto no tiene por qué ser así necesariamente.



P.- En muchos textos se da un análisis del hombre a través de lo que le rodea que recuerda a Virginia Woolf. Si a eso añadimos sus veinte años en el faro, ¿es una escritora importante para usted?

R.- He releído su obra; me gusta muchísimo Al faro, efectivamente, que releí para escribir mi anterior libro. Las olas es magistral. Es muy interesante porque tiene muchos estratos de lectura. Quizás lo que más me guste de ella sea su relación con el tiempo, y la mirada poética con que lo aborda.



P.- Ha traducido a clásicos como Faulkner o Auden. ¿Qué implicación tiene en su obra está faceta suya?

R.- Me alegra esa pregunta porque para mí es muy importante, sobre todo en la medida en que me ayuda a investigar el idioma. Cuando traduces te das cuenta de los matices que permite la lengua, adviertes cómo cada lengua ha tomado caminos distintos para expresar aparentemente las mismas cosas. Es un ejercicio fantástico, muy fructífero, porque te pone constantemente contra las cuerdas de la interpretación, y te invita a captar la esencia de las cosas.