
Lúa Coderch: 'Echo (The Couch One)', 2022. Foto: Eva Carasol / Cortesía de Fabra i Coats Centre d'Art Contemporani
Lúa Coderch, una voz en el diván de las emociones
La exposición de la artista en la madrileña galería The Ryder muestra un brillante trabajo que hipnotiza con unas narraciones donde no solo importa lo que cuenta sino cómo se cuenta.
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En el actual panorama performativo, últimamente viene adquiriendo protagonismo la voz, como confirman varias propuestas de jóvenes ahora en Generaciones y para quienes la artista y también docente catalana Lúa Coderch (1981) ya es una referencia.
Su trabajo combina vídeos, performances e instalaciones en torno a narraciones donde no solo importa lo que cuenta sino cómo se cuenta. Desde la capacidad de decir, o no, a la entonación in/adecuada y el timbre de la voz hay un abanico casi infinito que desafía la interpretación semántica, complejizada con la autoría o no del sujeto y su voluntad e intención de enunciación en un contexto en el que pueda ser reconocido o bien, anulado como subalterno.
Una selección de piezas de la última década enfatiza esta línea en su trabajo, signada por la perspectiva de género. El título contradictorio "exhausta y exuberante", cuyas raíces etimológicas latinas remiten al líquido y que podrían sustituirse por "quedar seca y rebosar", alude a la lógica capitalista imperante de la autoexplotación, y agradecida, que hoy se espera de nosotros, desde el ámbito laboral a las redes sociales. Como ilustra la pieza Reaction (sonrisa con lágrima, 1 Kb), 2025, que nos saluda a la entrada de la exposición: 1024 chinchetas de níquel bañadas en oro y pintadas a mano por la artista que, pretendiendo contestar a la cultura digital, al final terminó ajustando la cantidad de emojis a los bytes mínimos con que se puede contar una historia.
A uno y otro lado de la sala quedan distribuidas sendas piezas principales, en torno a las que gravitan series gráficas. Una nueva versión de Eco, 2022, dispositivo oval con larga melena rubia adaptado a un diván de psicoanalista, que viene a sumarse al mobiliario tubular rosa característico de Coderch, repite lo que le decimos. Como en el mito de la ninfa Eco, descrita por Sófocles en su tragedia Filoctetes como "la niña sin puerta en la boca", según recuerda la escritora canadiense Anne Carson en El género del sonido, donde afirma: "Cerrar la boca de las mujeres ha sido un proyecto importante de la cultura patriarcal desde la Antigüedad", denigrando sus voces inadecuadas por agudas, chillonas o incontinentes y así, apartándolas del discurso masculino articulado en la esfera pública.
Y de la mano de La política cultural de las emociones de Sara Ahmed, Lúa Coderch aborda la expresión emocional tradicionalmente femenina en la grabación We Can Be Still Friends (Todavía podemos ser amigos), 2018, repertorio de frases de dejadas en tonos variados e ilustradas con plantas sanadoras de la voz.
Para disfrutar del vídeo Not I (No yo), 2018, podemos sentarnos en un banco balancín también de estructura tubular. Los movimientos de la boca van narrando historias encadenadas, produciendo cierta sensación hipnótica, que esconden un imaginario juego visual. Alrededor, cartelones en impresiones borrosas nos advierten de estrategias eficaces en esta época de posverdad.