En noviembre de 2004, el escritor  y periodista sueco Stieg Larsson moría de un ataque al corazón. Acababa de entregar a su editor el tercer volumen de una saga que, aunque nunca llegó a saberlo, popularizaría su nombre y se colaría inmediatamente entre las listas de los más vendidos. Tenía 50 años y no fue hasta 2005, un año después de su muerte, cuando se publicó de forma póstuma el primero de todos sus libros, Los hombres que no amaban a las mujeres. Protagonizada por una hacker disfuncional, Lisbeth Salander, y el periodista Mikael Blomkvist, la saga Millennium llegó a España de la mano de Destino en 2008. A su primer título, le seguirían los igualmente populares La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire.

Llevada al cine en Estados Unidos por David Fincher en la piel de Daniel Craig y Rooney Mara, tras la muerte de Stieg Larsson, David Lagercrantz (Suecia, 1962) tomó su testigo  en 2015 con la continuación de sus novelas en Lo que no te mata te hace más fuerte o El hombre que perseguía su sombra. En medio de una batalla legal por los derechos del autor entre su pareja y sus padres, aquello no fue una decisión sencilla. "No sé cómo se vivió aquí pero cuando se anunció en Suecia que había aceptado el encargo de seguir con la saga Millennium la gente se volvió completamente loca –cuenta el escritor durante una rueda de prensa organizada en las instalaciones de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional-. En aquel entonces había una guerra en Siria y una crisis de refugiados pero en las portadas de los periódicos los titulares más grandes eran de mí y de Millennium. Hubo mucha indignación y yo tenía la sensación de que todos los críticos literarios estaban afilando sus cuchillos para clavármelos en la espalda. Pero afortunadamente después de algún tiempo la cosa cambió". 

"Cuando se anunció en Suecia que había aceptado el encargo de seguir con Millennium la gente se volvió completamente loca"

Hoy, más de diez años después de su origen, la saga llega a su fin con La chica que vivió dos veces (Destino), dejando tras de sí, hasta la fecha, más de cien millones de lectores. "Siento una gran liberación", confiesa Lagercrantz que, en plena gira de promoción por su libro, acaba de llegar de una semana intensa por Estados Unidos. "He escrito estas novelas con gran pasión porque es la única manera de hacerlo, porque se lo merecen y porque Stieg Larsson escribió unos personajes fantásticos. Pero si hubiera seguido seguramente tarde o temprano habría entrado en cierta rutina y estas cosas no se pueden escribir con rutina", explica.

Acompañado por el portavoz de la Unidad Central de Ciberdelincuencia, Pedro Pacheco, David Lagercrantz se deshace en halagos hacia el experto. "Es un gran honor estar a su lado porque me han dicho que esta brigada del cibercrimen es de lo mejor del mundo. A lo mejor ni si quiera Lisbeth Salander habría sido capaz de entrar aquí", bromea el escritor que ha vivido en sus propias carnes algún que otro ataque en la red desde que asumió la escritura de Millennium. Escrita, como el resto de sus títulos, sin acceso a Internet para evitar que algún hacker se hiciera con su manuscrito, reflexiona que "vivimos en un mundo nuevo donde nunca hay que llevar el móvil a los sitios importantes".

Desde el principio, añade, tuvo claro que La chica que vivió dos veces, "debía tratar la lucha final entre las grandes antagonistas, las hermanas Salander que nacieron prácticamente siendo enemigas". Titulado originalmente en Suecia como La que tiene que morir, el escritor advierte que "una cosa es odiar a alguien y otra muy distinta es matarle". Bajo esa premisa, "la gran cuestión era si Lisbeth sería capaz de matar a su propia hermana".

Pero además, continúa, "tenía el viejo sueño de intentar unir una sociedad desde los más bajos fondos hasta la aristocracia, por eso este libro arranca con un mendigo que murmura algo sobre el ministro sueco de defensa", señala. Muy atento a los temas actuales de interés social, reflexiona que "vivimos en una sociedad hipervigilada, de noticias falsas, campañas organizadas de odio que explotan técnicas muy sofisticadas para extender mentiras con el objetivo de fragmentar la sociedad. Muchos de los gobiernos de líderes poco escrupulosos, totalitarios, nacionalistas tienen su origen en esas campañas. Y las difamaciones que se expanden son peligrosas porque abren el camino a la violencia –argumenta-. Ya vivimos en esa sociedad que Stieg Larsson ya tenía en sus primeras novelas. Esas campañas ya no solo son orquestadas por aficionados o adolescentes sino por los propios estados. Son maquinarias que nos llevan a algunos gobiernos que tenemos hoy como el de Estados Unidos".

En particular, interviene Pacheco, los tres problemas con los que se enfrentan hoy en la Unidad Central de Ciberdelincuencia, y que traspasan la figura de personajes literarios como Lisbeth Salander, son los ciberataques, los delitos de odio contra la persona y los fraudes. "Hemos notado una evolución en el perfil del delincuente que coincide un poco con el de su protagonista", analiza el comisario. De hecho, entre bromas y veras, apunta que "autores como David nos lo ponen muy complicado porque están tan bien documentados que cubren todos los aspectos"”.

Pero Lagercrantz reconoce que lo suyo no es precisamente la tecnología. "Para documentarme tuve varias conversaciones con un hacker experto que me echó la bronca porque ni si quiera había cubierto con una cinta la cámara de mi ordenador", bromea. Pero incide, "quiero insistir en la importancia que tiene combatir la ciberdelincuencia en defensa de la libertad de expresión y la democracia. Realmente se pueden dirigir elecciones e ir colocando presidentes a través de metódos sofisticados. Así que el trabajo de Pacheco es realmente fundamental".

Estos y otros temas como las fábricas de fake news, la violencia de género, la capacidad destructiva de las redes o la pérdida de respeto al Himalaya discurren en este último volumen donde el peso de la actualidad también cobra protagonismo. David Lagercrantz lo asume como un reto. "Lo bueno de la novela negra es que uno es más receptivo para leer temas sociales. Es una cuestión de dosificar estos asuntos e introducirlos en momentos de más emoción". En este sentido, señala, "el suspense es la mejor herramienta para plantear temas políticos o sociales".

La saga Millennium se cierra con La chica que vivió dos veces sin haber conseguido del todo concluir uno de los capítulos de la vida de Stieg Larsson. "Lo trágico, lo triste siempre ha sido el conflicto de la herencia y de los derechos que con mucha pena no han sabido resolver. Siempre he soñado con que ojalá algún día se resuelva". Positivo, el escritor defiende que al menos "gracias a seguir con la saga se ha llamado la atención sobre la obra de Stieg Larsson. Él sobrevive entre nosotros. Hay una nueva generación que tienen acceso a su obra y eso ha sido una gran alegría para mí", celebra. 

@mailouti