Metamorfosis de la lectura
Román Gubern
7 mayo, 2010 02:00Román Gubern. Foto: Sergio González
Gubern, al igual que hiciera Anthony Grafton (Codex in Crisis, 2008), examina los hábitos de lectura en la era digital desde una perspectiva meditada, y consigue cuestionar la prisa que llevan los amantes de lo digital, ansiosos de dar el golpe de gracia al libro de papel. Comienza explicando el largo recorrido que condujo al nacimiento del libro desde Homero, cuando la oralidad empezaba a ceder el paso a la escritura. Considera con minuciosidad la riqueza que supuso el invento del alfabeto y de la escritura, que permitieron la aparición de escritos que fijaban lo dicho sin las ambigüedades de la tradición oral, y el nacimiento del libro.
En el quinto y último capítulo, "De la computadora al libro electrónic", se enfrenta al dilema que le llevó a redactar el ensayo: ¿sustituirá el libro digital al libro de papel en el inmediato futuro? Los libros electrónicos forman parte ineludible del futuro, según Gubern, pues permiten guardar cientos de títulos y resultan socialmente responsables, por el ahorro de tinta y de papel. No obstante, quienes crecieron con el libro de papel lo preferirán al digital. El placer de tener un volumen impreso en la mano, su fácil manejo y portabilidad, la riqueza de diseño ofrecida por las portadas, de las diferentes letras y papel, seguirá tentando con su sensualidad a los letraheridos. Los investigadores disfrutarán, a su vez, de poder llevar guardados en el ordenador cientos de volúmenes digitalizados. En consecuencia, el autor cree que ambos formatos coexistirán.
Román Gubern, que vota, en principio, por un alto el fuego, no puede contenerse, y cierra el ensayo enumerando diez ventajas del libro de papel. Cierre entrañable, pues cabe visualizar al ilustre profesor pensando ventajas, como la siguiente: el libro digital, afirma, no se puede usar en la bañera, ni cerca de la piscina... Otras supuestas ventajas sentimentales también nos hacen sonreír: "El libro electrónico se opone al fetichismo del libro como objeto sensual, es decir, como objeto táctil, visual y oloroso a la vez. Y ese fetichismo ha sido tradicionalmente un componente hedonista del placer intelectual de la obra" (p. 121). Desde luego, y la riqueza y sensualidad de los objetos de diseño industrial, iniciada por la Bauhaus, y que en nuestro tiempo conoce formas dinámicas tan preciosas como la de un BMW. El libro de papel y el digital producen un placer hedonista semejante, aunque de otro orden. Bien lo sabe Gubern que termina el libro con estas palabras: "los que ahora percibimos a veces como dos rivales, probablemente no sean más que dos medios complementarios en nuestro abigarrado paisaje intelectual" (p. 123).
Lo cierto es que los libros digitales, según datos ofrecidos por amazon.com, no los compran los jóvenes, sino los mayores. Otra paradoja del tiempo presente.