Opinión

¿Y ahora qué?

13 mayo, 2004 02:00

Todos nos lo preguntamos. No vean cómo anda de revuelto el patio. Les voy con unos cuantos ejemplos.

Los que peor lo llevan son los de la ONE. ¿A quién le van a ir a contar ahora sus especiales características? Porque tienen a Campos en el INEM y a la que fue su secretaria técnica durante toda la última contienda como directora general de administraciones públicas. Vamos, que Caperucita conoce al lobo como la palma de su mano.

En el Teatro Real cunde la inquietud tras las incontinentes declaraciones de la nueva ministra en la COPE. Perdón, que digo la COPE, en la SER. Así que vendrán "muchos cambios y muchas personas nuevas"... ¿Que habrá querido decir? Lo que sí parece sensato es que Campos vuelva a su Patronato. Y, quizá, no sólo eso. Podría ser que quien, contra todo pronóstico y lógica, no fue su intendente, fuese quien mandase en el futuro en el teatro desde el INAEM. ¿Y cuando aparecerá Barenboim para hablar con la ministra a la que debe descansar en su "diván" andaluz? Sí, el mismo que le costó el cargo de directora general a Elena Angulo. Dicen que la entrevista ya se ha producido y no me chocaría porque el maestro va de político en político... aunque sea bostezando. Nos esperan muchas cosas.

Hay quien también espera novedades en el Auditorio Nacional, que no yo. Quienes piensan que la incombustibilidad de más de una década se ha terminado, no saben que, en la época de Marco en el INAEM, Campos medió para que una célebre carta en la que varios clientes del Auditorio se quejaban duramente no produjese la reacción esperada.

Dicen que al Teatro de la Zarzuela va ir Alfredo Aracil, pero a mí se me caerían todos los palos del sombrajo si así fuera. Y se me pueden caer. Tanto como el IVA a la ministra. Y qué me dicen de Duato. Sin Cortés ni aquí ni allá, puede cortésmente concluir un ciclo. Como puede y debe empezar otro para el Ballet Español.

¿Y ahora qué? Pues lo que yo tengo claro es que José Antonio Campos se pondrá a trabajar y que todos nos ahorraremos dinero en gastos de representación. Ahora cuentan los hechos y no las apariencias. Al menos eso espero y creo.