Opinión

La SGAE en China

11 noviembre, 2004 01:00

Créanme que hay veces en que uno no sale de su asombro. El otro día se me ocurrió entrar en la página web de la SGAE y, miren ustedes por donde, el sitio en cuestión me da para dedicar hoy mi comentario a la Sociedad General de Autores.

Es lógico que exista una versión en inglés, sin embargo en principio no lo es tanto que el segundo y último idioma alternativo sea el chino. Pensé que detrás de tanto amor por el chino alguna razón tendría que existir, así que me puse a investigar. Una de las primeras pistas me la dio el apartado de la web en el que se informa con todo detalle de la vida y milagros del presidente del consejo de dirección de la entidad. Así me enteré de que estaba en China apenas hace quince días. Más sorprendente aún: estaba en Shangai cuando el Coro de la Comunidad de Madrid estaba en Pekín y estaba en Pekín cuando tal coro se desplazó a Shangai. El ratón y el gato. Luego me enteré que la SGAE tiene oficina en esta última ciudad, en el mismo maravilloso edificio artdecó en el que España mantiene su consulado, en la impresionante orilla vieja del río desde la que se contempla el nacimiento de una multitud de rascacielos en el más puro estilo de Manhattan. Allí trabaja Mari Cruz. Investigando un poco más supe que la SGAE no ha apoyado la difusión de nuestra música coral en China, pero sí el baile de Aída Gómez dedicado a Salomé. Vamos, que apuesta, con poca imaginación, por lo de siempre. Pero para eso no se tiene oficina en Shangai. Algo más debía de haber.

Me enteré de las reuniones de un alto dirigente con un importante grupo chino con múltiples intereses, entre otros en la venta de armamento. Claro que el armamento da dinero aunque no derechos, así que por ahí no podían ir los tiros. Una de las tapaderas del verdadero negocio tras el que anda Bautista parece ser tener colocado el cine español para cuando los chinos descubran el séptimo arte en pantalla grande, porque hoy por hoy hay pocas salas. Otro objetivo podría ser crear una asociación con las diferentes y todavía pequeñas entidades de gestión de derechos de autor chinas para ayudarse mutuamente a recaudar e incluso enseñarles cómo crearlas y ampliarlas. Pero, con todo, aún tengo por escribir aquello sobre lo que trabaja el astuto Bautista, porque pocas cosas se le escapan.