Unas de las vacas de la ganadería de Enrique con el 'cencerro digital' de Digitanimal.

Unas de las vacas de la ganadería de Enrique con el 'cencerro digital' de Digitanimal. N. Hernández

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Del cencerro al GPS: sensores de temperatura y actividad para modernizar la gestión de reses y mejorar la vida de ganaderos

Visitamos una ganadería de la sierra de Madrid para comprobar cómo el empleo de collares GPS y plataformas de datos optimiza la cría de animales.

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San Mamés (Madrid)
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El cielo encapotado y el aire fresco nos reciben en San Mamés, una pequeñísima localidad del madrileño valle del Lozoya, donde predomina un paisaje de montañas y amplios prados cubiertos de encinas y robles. Las vacas pastan dispersas y se huele la tradición ganadera, aunque el sonido de los cencerros no es tan habitual como hace unos años.

Llegamos a la ganadería de Enrique y encontramos la explicación: algunas de sus reses llevan un collar con un llamativo dispositivo: un GPS con el que tener localizados y controlados a sus animales

La finca cuenta con 45 vacas, de las cuales ya casi 30 llevan esta especie de cencerro digital. Al preguntarle por el motivo de adoptar esta tecnología, Enrique responde, sin titubear, a DISRUPTORES - EL ESPAÑOL: “Ahora las tengo controladas en todo momento. Cuando las subo al monte, puedo ver desde el móvil dónde están sin tener que dar vueltas”. 

Cuenta que el año pasado perdió la pista de un novillo. El animal se separó del rebaño y terminó mezclado con otras vacas. Al no tener collar, nadie sabía si estaba vivo o no. “Si hubiera llevado el GPS, no habría tenido que pasar por esa incertidumbre”.

“Una profesión tan ligada a la tradición también puede beneficiarse de los avances que tenemos en todos los ámbitos de la vida”, interviene Carlos del Cuvillo, ingeniero agrónomo en Digitanimal, la empresa española artífice de este peculiar collar que nació como respuesta a una necesidad real

Un cencerro digital

El padre de uno de los fundadores le pidió a su hijo una solución que le permitiera encontrar el ganado extraviado por los pastos de Ávila. De ahí surgió la idea de desarrollar una tecnología que facilitara su localización y, en consecuencia, mejorar la vida de los ganaderos. “Hace diez años fue sorprendente no encontrar una tecnología GPS aplicada a la ganadería extensiva de forma comercial. Vimos esa necesidad y nos lanzamos a crear una solución”, explica el ingeniero. 

Diseñaron un dispositivo ligero y robusto que se pudiera colocar alrededor del cuello del animal, igual que un collar o un cencerro. Este pequeño aparato integra un GPS, un sensor de actividad y un sensor de temperatura superficial, que envían datos a una plataforma digital. 

El collar con el GPS con sensores de temperatura y actividad.

El collar con el GPS con sensores de temperatura y actividad.

El ganadero puede consultar en una aplicación instalada en su teléfono dónde están sus vacas, si alguna se ha salido del cercado o si presenta signos de inactividad que puedan alertar de una posible enfermedad. 

“El ahorro de tiempo y esfuerzo en buscar animales fue inmediato”, explica Del Cuvillo. “Además, el conocimiento que te dan los datos ayuda a mejorar el rendimiento de la explotación. Sabes cuántas horas pasan en cada zona de pasto y puedes prevenir incidencias de salud gracias a la información de temperatura y movimiento”. Pero esto es solo una parte.

La plataforma va más allá de la localización de animales. Permite a los ganaderos llevar el registro técnico y económico: censar todas sus reses, controlar gastos en alimentación y medicinas, programar visitas del veterinario y prever el uso de pastos a partir de datos de actividad y de imágenes satelitales. 

“El objetivo es que el productor pueda optimizar recursos, aprovechando la información sobre dónde están sus animales y en qué estado se encuentran. También sirve para presentar documentación de la PAC (Política Agraria Común) o para fines tan concretos como verificar qué zonas han sido realmente desbrozadas por el ganado, algo esencial para la prevención de incendios”, detalla el ingeniero. 

El reto de la conectividad

El sistema funciona a la perfección, pero el éxito de la solución depende en gran medida de la conectividad. En las grandes ciudades, los dispositivos IoT encuentran una amplia infraestructura de telecomunicaciones, pero en lugares como San Mamés la cobertura móvil viene y va, seguramente por la orografía del lugar con subidas y bajadas constantes. 

A pesar de que las operadoras de telecomunicaciones de nuestro país garantizan la conexión a internet en cualquier ubicación, por muy remota que sea, lo cierto es que hay barreras físicas que lo impiden. 

Una condición que complica la puesta en marcha de proyectos que dependen inexorablemente de esa conexión, y que dificulta tanto la vigilancia diaria del ganado como la aplicación de herramientas digitales convencionales

Aquí es donde entra en juego la red Sigfox, de UnaBiz, que permite montar antenas de forma relativamente sencilla, cubriendo áreas donde antes no llegaba la señal. “La ganadería extensiva requiere soluciones a gran escala, y, si no existiese una red para transmitir los datos, de poco serviría colocar un GPS al animal”, subraya Del Cuvillo. 

Además, la interconexión de todos estos datos —movimiento, estado sanitario, uso de pastos, incidencias meteorológicas— tiene un gran potencial en la gestión de la ganadería extensiva.

Digitanimal está desarrollando, en colaboración con universidades como la de Córdoba y la Politécnica de Madrid, algoritmos de inteligencia artificial para predecir partos o detectar anomalías de comportamiento con mayor precisión. “No queremos lanzar una alerta sin estar seguros —matiza el portavoz de Digitanimal—. Para un ganadero, recibir un aviso en mitad de la noche de que su vaca ‘Florita’ va a parir es algo muy serio. Tenemos que garantizar una fiabilidad alta”.

Digitalización del campo

Mientras el viento acaricia los robles y el ganado se agrupa en busca de un lugar más soleado, Enrique reconoce: “Llevo toda la vida viniendo al campo a diario (tiene su residencia en Madrid capital), y ahora puedo vigilar a mis animales desde el teléfono, incluso estando en Alemania. Es increíble pensarlo, pero también era necesario. Si no nos ponemos al día, acabaremos perdiendo la ganadería extensiva”.

Sus palabras resumen el sentir de quienes están asistiendo a esta transición. La sierra de Madrid y otras regiones rurales españolas mantienen su esencia tradicional, pero también se abren a las ventajas de la digitalización. 

Por cierto, la historia del novillo tuvo final feliz. Lo encontraron, pero tardaron cuatro meses. Lo que antes se resolvía con un par de cencerros y muchas horas de recorrido por los montes, ahora es cuestión de un dispositivo conectado y unos cuantos clics en el móvil.