Teatro

Ezio Frigerio

El Villa de Madrid le dedica una exposición y él prepara la próxima ópera del Real

16 noviembre, 2006 01:00

Ezio Frigerio

Hoy se inaugura en el Centro Cultural de la Villa de Madrid una exposición destinada a mostrar algunas de las 250 escenografías más destacadas del artista italiano Ezio Frigerio, conocido por haber colaborado muy de cerca con Giorgio Strehler. La muestra, comisariada por Giorgio Ursini y Angel Martínez Roger, coincide con la presencia de Frigerio en Madrid, que prepara la escenografía de la próxima ópera del Teatro Real, Los cuentos de Hoffmann, de Offenbach, cuyo estreno está previsto para el próximo 4 de diciembre.

Se le conoce por haber sido el escenógrafo de Giorgio Strehler, pero su trayectoria, iniciada en 1955, es larga y notable y está ligada a los teatros y directores de escena más importantes del mundo. Ezio Frigerio es un escenógrafo singular. Además de por la belleza de sus creaciones, por su contribución a que la escenografía sea entendida como algo más que la mera recreación de un ambiente al servicio de un espectáculo. Participa de la idea de considerar la escenografía como un arte completo, tan independiente como pueda ser la escultura o la pintura: "Del mismo modo que un director y un actor dan sus ritmos y sus tonos a la interpretación del texto, un escenógrafo interpreta las didascalias en la misma clave en la que el director y actor hayan sentido ese texto", ha dicho Frigerio, para quien identificar las emociones buscadas por el autor y reconstruirlas con los medios de que dispone es el objetivo principal del escenógrafo.

Haciendo un poco de historia, se puede decir que en la posguerra europea la escenografía abandonó la experimentación y, desde un punto de vista estético, únicamente se encontraron entonces dos tendencias o corrientes. Una es la alemana, en la línea del teatro posbrechtiano, que niega la forma. La otra es la italiana, que se apoya en lo contrario: la tradición de impronta renacentista basada en la aspiración a la belleza absoluta de las formas, en el recurso arquitectónico del espacio y en el uso de la imagen concebida como proyección del mundo. Frigerio, arquitecto de formación, hará suyas estas ideas cuando en 1956 se une a Strehler para hacer el vestuario de La ópera de perra gorda, precisamente de Brecht, y, poco después, los figurines y la escenografía de Arlequín, criado de dos amos, el espectáculo estrella del Piccolo Teatro de Milán que hoy, sesenta años después, sigue representándose. De él, Frigerio ha hecho unas siete versiones más o menos. La original, llamada "la de Juventud", recreaba los antiguos escenarios que los actores de la commedia dell’arte empleaban en el XVIII. Era un montaje historicista que se ambientaba en un lugar de ruinas, donde se supone que estos artistas solían acampar. Más tarde mantendría el teatrito, pero dándole una dimensión más arquitectónica, para finalmente, en el llamado "Arlequín de la despedida", hacer desaparecer los telones y quedar solo una estancia vacía iluminada con una cálida luz. "Arlequín no es un espectáculo de especial interés para un escenógrafo", ha dicho Frigerio, "pero lo quise porque ha representado mi presencia constante en el Piccolo Teatro durante años, mi cercanía a este teatro, mi formación".

Si bien su relación con Strehler fue, además de providencial, muy duradera ya que se mantuvo durante 40 años, Frigerio ha trabajado con muchos otros directores. En cine con Vittorio de Sica (con el que se inició en este arte), Liliana Cavani o Bertolucci (Novecento). En teatro y ópera con Eduardo de Filippo, Werner Herzog, Nuria Espert, Pasqual o Roger Planchon, a quien le agradece la ayuda que le prestó para "salir de una jaula ideológica en que me había encerrado de una forma un tanto superficial. Hablo de comunismo y del inmovilismo ideológico".

El elemento que mejor identifica la obra de este escenógrafo es su concepción arquitéctonica del espacio teatral, su estilo monumental que en las óperas alcanza su más depurada expresión, y que denota la gran influencia de la pintura y la arquitectura clásica italiana. Uno de sus trabajos más señalados es el que realizó para Planchon, Atalía, y en el que colocó al nivel del escenario la cúpula del Panteón de Roma. "He usado la arquitectura para crear ambientes, no para hacerme el arquitecto. Adoro la arquitectura y la estudio constantemente, pero la utilizó como un arma impropia. He usado los distintos elementos que he ido encontrando, los he transformado, los he ‘posmodernizado’, pero siempre para evocar otras imágenes, nunca para construir elementos primarios y definitivos". A Frigerio también se le reconoce como una de sus aportaciones el empleo de "la columna": "En la arquitectura es el único elemento que puede penetrarse. No se puede penetrar una pared, pero sí se puede pasar entre dos columnas. Lo único que un actor puede hacer desde detrás de una pared es dar voces, desde detrás de una columna puede asomarse, dejarse ver... ; esto siempre me pareció una oportunidad que no había que dejar pasar"

"Las imágenes las crea el escenógrafo"

Frigerio nació en Erba, en la provincia de Como, en 1930. Después de unos años de experiencias variadas (como su intento de seguir estudios naúticos), se interesó por las artes plásticas. Conoció al pintor Marco Radice y a Strehler, quién le animó a seguir el camino de la escenografía. En el Piccolo Teatro de Milán firmó todos los trabajos escenográficos y de figuración hasta 1960. A partir de entonces diversificó su labor con otros directores de cine, teatro y ópera. Desde los años 70 acostumbra a trabajar con la figurinista Franca Squarciapino, con la que está casado. Sobre la función del escenógrafo, Frigerio ha dicho que "mientras el espectáculo lo crea el director... es inamovible que las imágenes son responsabilidad del escenógrafo. Si un escenógrafo no sabe crear imágenes, entonces es que se conforma con un trocito del pastel". Respecto al sistema de trabajo que sigue, ha explicado que "primero escucho lo que quiere el director y luego elaboro las imágenes teniendo presente que ahí dentro tendrán que actuar los intérpretes". Difiere totalmente de la idea que tenía Strehler de construir la escenografía mientras se levanta el espectáculo con los actores. "Es una teoría, no una realidad", ha dicho el escenógrafo, "ni siquiera él lo hace... La escenografía la diseña el escenógrafo en su estudio, luego se construye en los talleres, se monta y ya está. Después la cosa se complica: llega Strehler y te dice que lo has entendido todo mal...; pero pasan tres días y ya le parece magnífica".