La trama oculta de la guerra civil. Los servicios secretos de Franco
Manuel Ros Agudo y Morten Heiberg
11 mayo, 2006 02:00Francisco Franco y Benito Mussolini (1941)
Parece difícil encontrar algún aspecto de la tragedia del 36 que no haya sido objeto de la curiosidad investigadora en los últimos decenios. Es sintomático a este respecto que desde hace algunos años autores y editores reclaman la atención del público aludiendo a elementos inéditos.
El problema, como en tantos casos de la historia contemporánea, estriba en el acceso a los datos, mucho más en este ámbito tan sensible. La reciente desclasificación de doscientas cajas del SIMP (Servicio de Información y Policía Militar) ha permitido a los autores acceder a una documentación importantísima que, complementada con parte de los fondos del AEM (Alto Estado Mayor) y algunos archivos extranjeros (en especial italianos) dan como resultado la mejor visión de conjunto hoy disponible sobre la labor que realizaron los servicios secretos franquistas durante la contienda civil y la Segunda Guerra Mundial. Téngase en cuenta no obstante que el panorama sigue siendo incompleto, porque aquí sólo aparece de pasada el espionaje republicano y, sobre todo, porque la sección más jugosa del AEM es inaccesible, bien porque se ha perdido o porque está celosamente custodiada.
El libro de Heiberg y Ros, estructurado con gran racionalidad y didactismo, está escrito con admirable claridad: comienza contrastando la importancia del tema con la escasa bibliografía que se le ha dedicado, para entrar luego en una somera visión de los servicios de inteligencia españoles y extranjeros en nuestro país antes de 1936. Analiza después la ayuda nazi-fascista al bando de Franco, destacando cómo la península se convierte en campo expedito de las potencias extranjeras. De ahí que a las alturas de 1937, con la importante reorganización del coronel Ungría, se trate de recuperar el control nacional de las operaciones de inteligencia, objetivo no plenamente culminado por la dependencia franquista del suministro exterior. Al estallar la guerra mundial los servicios secretos del régimen franquista, lejos de seguir una dinámica propia, acentuarían su dependencia de los intereses estratégicos germanos.
Lejos de las tramas novelescas de espías individualistas y aventureros en el filo de la navaja, la atención de estas páginas se centra en los objetivos y funcionalidad de las diversas redes de espionaje. Adquieren por ello relevancia cuestiones geoestratégicas como la vigilancia del Mediterráneo para impedir la llegada de armas al enemigo, al tiempo que se valora como factor trascendental la preservación de las comunicaciones propias e interceptación de las ajenas.
Es difícil establecer un balance inequívoco -éxitos, fracasos, contribuciones decisivas- de los servicios secretos franquistas en el período estudiado. Menos aún que en otros campos de la política, en este ámbito no hay lealtades sino intereses cambiantes, y hasta el mejor amigo traiciona (Güring en persona supervisaba la venta de armas a la República desde tierras griegas). Estamos hablando además de muy diferentes tipos de asuntos sucios, desde promover sabotajes en Francia hasta fomentar disensiones en el campo republicano o preparar atentados contra personalidades como Negrín: sabemos por sus resultados que algunas de esas operaciones tuvieron éxito y otras quedaron abortadas por causas diversas. Pero a menudo no sabemos hasta dónde llegó la larga mano del soborno o la efectividad de la delación. La obra de Heiberg y Ros no pretende engañar con disquisiciones infundadas: llega hasta donde los documentos permiten llegar. Si siguen existiendo zonas de sombra no es por culpa de ellos.