El líder de Vox, Santiago Abascal, y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en los actos del 12 de octubre de 2023.

El líder de Vox, Santiago Abascal, y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en los actos del 12 de octubre de 2023. Europa Press

Política PP-VOX

"¿Es Abascal o es Obescal? ¿Defiende a España o a Trump?": el PP halla la grieta para quitarle votos a Vox

Por primera vez en la legislatura, gracias a la alianza indestructible de Abascal con Trump, el PP sale al ataque con una estrategia para recuperar parte del voto perdido.

Más información: Feijóo critica a Trump por Ucrania y pide que Europa no sea ignorada en las negociaciones.

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"Hemos encontrado una grieta".

Lo cuenta uno de los colaboradores más estrechos de Feijóo pocos días después de que Abascal escenificase en Washington –con un discurso en español– su servidumbre hacia las ideas más rocambolescas de Donald Trump. Pocas horas después de que, ocurridos los ataques al presidente de Ucrania en la Casa Blanca, el líder de Vox acusara a Zelenski y a los europeos que lo respaldaron de "estar dispuestos a que sigan muriendo ucranianos".

En agradecimiento, el presidente de los Estados Unidos llegó a homenajear en acto público el nombre de "Sandiego Obescal". Esa fue más o menos la expresión.

"¿Lo ves? Esa es la frase que muestra la grieta. Debe elegir entre ser Obescal o Abascal. Y por el momento ha elegido ser siervo de sus aliados internacionales, en lugar de un patriota que defiende a España". En el núcleo duro de Feijóo no son capaces de reprimir cierta emoción. Es la sensación del que encuentra El Dorado tras una legislatura donde parecía que El Dorado no existía.

Desde que Sánchez levantó el "muro" –palabra que él mismo utilizó en el Congreso–, la pugna por el voto conservador se ponía más favorable para Vox. Cualquier acercamiento institucional entre Feijóo y el Gobierno venía siendo utilizado por la extrema derecha como signo de "traición". Da igual la medida o el propósito. Hablar con Sánchez es –según el diccionario de Vox– "traicionar a España".

En un momento de máxima polarización, el temperamento moderado de Feijóo –un votante de Felipe González que estaría más cómodo pactando con la socialdemocracia clásica que con la extrema derecha– abría una autopista para Vox, que lograba crecer en las encuestas gracias a ese voto del cabreo.

Para más inri –el padre Feijóo no es un católico ortodoxo, pero sí un hombre que afronta los reveses con resignación cristiana–, el regreso de Trump a la Casa Blanca insuflaba a Vox un viento favorable. Algo que parecía el signo de los tiempos. El auge de las formaciones de derecha radical en Europa liderado por el trumpismo. Los "vientos del pueblo" que escribió Miguel Hernández parecían los de Trump y sus aliados.

Hasta que llegó "la grieta".

En el PP, confiesan que ha sido como un maná llovido de la providencia. No han tenido que hacer nada. Les ha caído igual que les cayeron los pactos de Sánchez con el independentismo. "Pero lo vamos a aprovechar", refieren con indisimulado entusiasmo.

Hablan del atlantismo abortado por Trump al poco de instalarse en el Despacho Oval. De la infamante bronca que propinó a Zelenski ante las cámaras de todo el mundo. Ningún signo de reconocimiento al líder de la resistencia. Fue lo contrario. Lo acusó de estar jugando con la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial.

Los diplomáticos que asesoran a Feijóo le habían prevenido de las disrupciones del magnate sobre inmigración, fiscalidad y cambio climático. Era un mal presagio porque Vox podía capitalizar mejor que el PP ese "antiwokismo" populista y desenfadado. Hasta que Trump aceleró en Ucrania y estrelló los principios fundacionales de Europa, que también son los principios de España.

Trump llamó "dictador" a Zelenski, libró a Putin de ese calificativo y hasta rechazó hablar de "invasión". Como si la guerra fuera la consecuencia de un suceso abstracto. Además, cargó contra Europa y endosó subsidiariamente a los países miembros la culpa de la guerra. A partir de ahí, con un país donde no se respetan los derechos humanos como sede –Arabia Saudí–, comenzó unas negociaciones bilaterales con Rusia, apartando a Europa –¡y a España!– de cualquier solución.

En esa tesitura, algunos altos cargos de Vox, incluidos los nada díscolos Hermann Tertsch y Javier Ortega Smith, se descolgaron de Trump y se llevaron las manos a la cabeza. Hubo debate allí donde ya apenas existe debate después de las últimas purgas. Pero Abascal, al que le tocaba precisamente visitar Washington, no sólo calló, sino que compró el nuevo discurso de Trump al completo. Ahí el PP encontró "la grieta" y activó una maquinaria que se ha puesto en marcha esta semana.

La huida hacia delante de Abascal tras la humillación de Trump a Zelenski denota que no hay vuelta atrás en el camino emprendido por Vox. Ni una palabra sobre Putin. Ataques a las instituciones europeas e incluso a Zelenski, al que colocan como exponente del "wokismo". "Lo único que pretenden es la continuidad del wokismo, de la inmigración masiva, de la censura en las redes y del latrocinio fiscal", dijo Abascal tras contemplar los sucesos del Despacho Oval.

Al ataque

Feijóo –apuntan las fuentas consultadas– ha pasado al ataque en un terreno, el de la disputa con Vox, donde le había tocado casi siempre ponerse a la defensiva. Sus calificativos más gruesos contra Abascal habían sido el fruto de previos calificativos lanzados contra él por su excompañero de filas.

Lo ha hecho, eso sí, "midiendo mucho" su discurso. Ha remarcado que Trump es el "presidente legítimo" y que a España le conviene tenerlo como "aliado firme y seguro": "Pero eso no nos obliga a compartir todo lo que diga o haga". Esa es la diferencia –destacan– entre PP y Vox: "Nosotros somos autónomos, pero ellos son siervos de sus aliados internacionales".

El líder del PP se ha reunido con los exministros de Defensa y Exteriores, ha hablado con sus barones, con los expresidentes Aznar y Rajoy. El camino, por primera vez, se aparece sencillo. "Se unieron a Trump pensando que era una garantía de éxito y ahora no saben por dónde salir", celebran. Utilizando la jerga de Abascal, que es tan parecida a la del "muro" de Sánchez, acusan: "¿Quién es ahora el traidor a España?".

Y luego, en una batería memorizada como una oración, dicen: "Estar a favor de los aranceles que perjudican a los pequeños productores españoles, ¿no es traicionar a España? Estar a favor de una negociación que aparte a España de cualquier posición geopolítica importante, ¿no es traicionar a España?".

En Génova ya bucean en todas las contradicciones a las que de pronto Trump ha obligado a "Obescal". Adoptar las posturas del trumpismo condena a Vox a desligarse de la idea de los "Estados-nación". ¿Ya no es lo más importante sostener una negociación que garantice la soberanía de Ucrania? Uno de las puntas de lanza más afiladas por Abascal ha sido la relación entre Sánchez y al oligarca Soros. ¿Ya no es tan importante que Trump entregue una gran cuota de poder al oligarca Musk?

Abascal se ha mofado mucho en el Congreso de la relación entre el PSOE y la prostitución. Véanse el caso Mediador y el caso Aldama. ¿No es tan sangrante la corrupción bañada de prostitución si la practica Trump comprando el silencio de la actriz porno Stormy Daniels? O qué decir de los indultos a los líderes del procés. ¿No es tan relevante si esos indultos se aplican a quienes asaltaron el Congreso norteamericano?

Y en definitiva: Abascal siempre ha catalogado todos los males del sanchismo –tiene razón en eso– en la mentira. Todo es un "cambio de opinión" constante, un engaño. ¿No es mentira y engaño asumir las nuevas posiciones de Trump? ¿No ha obligado eso a Abascal a renunciar a sus principios irrenunciables?

Consciente de que es Aznar quien puede ayudarle mejor a recuperar parte de ese voto conservador fugado a Vox, Feijóo está en pleno contacto con Faes, que no deja de publicar papeles sobre la redifinición mundial. El último, acompasado a esta nueva estrategia del jefe de la oposición, lleva el provocador título de "brazos en alto", en clara alusión a los saludos de Elon Musk y Steve Bannon.

"Cada vez que Vox escenifica su adhesión a la Internacional Nacionalista provoca la zozobra de simpatizantes y afines, atrapados en una tormenta de paradojas (...) No parece muy patriótico ni de derechas aplaudir aranceles de represalia contra productos españoles; tampoco secundar –por activa o por pasiva– la victoria de un coronel del KGB", reza el editorial de Aznar.

Este texto concluye con un irónico: "Es pintoresco querer fiar al cliente de Stormy Daniels la restauración de la moral tradicional".

En Faes y en Génova, recuerdan que la "deriva" de Vox comenzó cuando, pudiendo unirse a la "europeísta" Meloni, prefirieron romper con ella y "unirse a la quinta columna del Putin club".

Y en esa "grieta" escarbará el PP todo lo que pueda.