Izarbe Cera, una joven de Zaragoza

Izarbe Cera, una joven de Zaragoza E. E.

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Izarbe, una joven abstemia de Zaragoza, lo tiene claro: "No hace falta beber para pasárselo bien"

Cada vez son más famosos, como los hermanos Casas o Dani Martín, los que están compartiendo con sus seguidores que han optado por una vida más sana.

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Cada vez más nombres reconocidos alzan la voz ante sus seguidores para señalar que son abstemios. Los hermanos Mario y Óscar Casas compartieron meses atrás en diversas entrevista que han dejado de beber. No ha sido el único ya que el cantante Dani Martín habló en una reciente entrevista sobre sus adicciones. Los expertos definen estos mensajes como "positivos" para los más jóvenes al ver referentes públicos llevando hábitos saludables. 

Más allá de famosos, no es raro encontrar a gente que se considere abstemia. Ejemplo de ello es Izarbe Cera, una joven de Zaragoza de 25 años, que lleva años sin beber alcohol. Esta joven admite que lo probó cuando tenía 16 años como una experimentación cuando era adolescente, pero nunca fue más allá: "Para mi nunca ha sido una decisión, es que simplemente no me gusta el alcohol, me quema por dentro y nunca le he dado importancia al alcohol", explica.

Ante la falta de imágenes de ella con un cubata en la mano cuando sale de fiesta o tomando una cerveza en una terraza, esta joven señala que a pesar de que puede ser que se esté visibilizando más el llevar hábitos saludables, sigue sorpendiéndole a la gente: "Todo el mundo que no me conoce siempre me pregunta porqué no bebo, si me ha pasado algo con el alcohol", señala. Además, en muchas ocasiones ha notado que esa sorpresa se convierte en un reto para algunos: "Me sorprende siempre mucho que cuando lo digo la gente se lo tome como una competición para ver quién consigue emborracharme", recalca. 

Aunque ella admite que su "autoestima" ha podido ser clave para no verse afectada por los comentarios nocivos, además de contar con unos amigos que no la han excluido, reconoce que pueda suponer un problema para edades tan tempranas: "Te pilla muy vulnerable porque somos muy pequeños cuando empezamos a beber y ni siquiera eres capaz de plantearte si realmente quieres o no", reflexiona. 

Así, matiza: "Me parece muy importante la asocación que tiene el alcohol con el pasárselo bien. Tengo amigas que si no beben, no salen. Su finalidad para salir es emborracharse. Yo entiendo que quizás sea una forma de evadirse, pero yo me lo paso igual de bien y aguanto de fiesta como el resto de mis amigas sin beber".

Según datos del informe de Observatorio español de drogas y adicciones de 2024, el consumo del alcohol entre los jóvenes sigue prevaleciendo y cada vez es más temprano. La edad en la que se comienza a consumir bebidas alcóholicas se sitúa en una media de 13,9 años. Mientras, el consumo semanal de alcohol comienza, por término medio, en los 15 años, y la primera borrachera se experimenta a los 14,5 años.

La psicóloga Maria Bruil de la Unidad de Atención y Seguimiento de Adicciones (UASA) en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza recalca que este tipo de mensajes, ya sea de gente famosa como de a pie, son "potentes" para la sociedad. 

Aún así destaca la "normalización" tan asentada del alcohol en la sociedad: "Está normalizado en nuestras familias, como hábito también lúdico, de ocio, de celebración y eso influye, no sólo la presión del grupo, sino que culturalmente y socialmente estamos haciendo algo de alguna manera que la sociedad nos incita a hacer". 

Ante la presión que viven las generaciones más jóvenes para equipararse al resto y replicar comportamientos, Bruil lo achaca al sentimiento que se genera de "pertenencia a nuesto grupo y que nos acepten": "Es una época difícil si tu grupo de pertenencia es un grupo que tiene esa tendencia a experimentar, a probar, tú te puedes ver de alguna manera más orientado hacia esas conductas", explica. 

De esta manera, advierte del peligro del consumo de sustancias alcohólicas como una vía para suplir carencias: "El riesgo se encuentra en que vaya más allá de puntual, más allá del ocio, sino que cubran muchas otras funciones del área de la persona que no se desarrollan bien y que las drogas acaban teniendo esa función". Ejemplo de ello, es el desarrollo de habilidades sociales y emocionales de una manera más fluida por el consumo de estas sustancias. 

Además, recalca: "El alcohol es un tóxico, es un veneno, entonces eso significa que afecta directamente al sistema nervioso central, a las áreas cerebrales que están implicadas con el aprendizaje, con la memoria, afectan a la química cerebral, a la sinapsis entre neuronas y entonces tiene un impacto muy dañino sobre la madurez cerebral de todas estas áreas implicadas".