Juan José Guijarro en su confitería de Tudela de Duero

Juan José Guijarro en su confitería de Tudela de Duero Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Juanjo y su confitería centenaria en un pueblo vallisoletano: "Me gusta endulzar la vida a los demás"

Tercera generación de un negocio que brilla con su línea de dulces más tradicional y con otra para bebés sin azúcar que se puso en marcha con el nacimiento de la hija del actual dueño.

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Tudela de Duero es un municipio de la provincia de Valladolid que se ubica a tan solo 16 kilómetros de la capital, a unos 15 minutos en coche, y que se encuentra rodeado, casi al completo, por el río Duero. En la actualidad, y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) cuenta con una población de 8.786 habitantes.

Allí brilla la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, templo del siglo XVI de estilo gótico, que cuenta con una fachada con una gran hornacina que enmarca la portada y la Ermita del Humilladero, del siglo XVI, y también, del mismo siglo, la Ermita del Santo Cristo.

Además de por su encanto arquitectónico, histórico y cultural, Tudela de Duero brilla por su importancia gastronómica con el espárrago y el tomate como principales joyas y con establecimientos hosteleros y negocios que brillan en el lugar.

Uno de ellos se ubica en la calle Cervantes número 3 y cuenta, ni más ni menos, que con 101 años de historia cumplidos este mismo mes de febrero. Hacemos mención a la Confitería Guijarro.

EL ESPAÑOL de Castilla y León charla con Juan José Guijarro Asensio, el propietario actual, desde el año 1985 de un negocio familiar de los que cada vez quedan menos, por desgracia, en la provincia de Valladolid.

Conocemos todos los secretos de una confitería que endulza, y muy bien, los días tanto a los vecinos como a los turistas que por la localidad vallisoletana pasan.

La Confitería Guijarro en Tudela de Duero

La Confitería Guijarro en Tudela de Duero Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

De Tiana a Tudela de Duero

Me defino como un pastelero de pueblo. Me gusta endulzar la vida a los demás. Me dedico a ello y disfruto de mi trabajo. Me considero una persona habladora que lucha por sacar adelante su negocio cada día”, asegura Juanjo.

Nuestro entrevistado nació hace 61 primaveras en Tiana, en la provincia de Barcelona. Recuerda su infancia por allí como “la de cualquier niño de la época” con “mucha vida en la calle y yendo al colegio”. Compartiendo esos primeros años de vida con familia y amigos.

“El primer dibujo de mi obrador lo hago con 11 años. Ya soñaba por aquel entonces. A los 14 le dije a mi padre que quería ser pastelero en Tudela de Duero, que me enseñara. Allí llegué en 1985 para ser la tercera generación de la Confitería Guijarro”, cuenta nuestro protagonista, amante del cine y las series.

Tenía claro que quería seguir con un negocio que abrieron sus abuelos antes incluso de que estallara la Guerra Civil.

101 años de una pastelería familiar

Mis abuelos Eleuterio y Honorina, conocida como Honoria, comienzan a elaborar dulces y a venderlos por los pueblos de alrededor allá por el año 1924. Con un obrador sin tienda. En 1936 fue cuando se instalan en el local de la calle Cervantes. Confitería Guijarro tiene, por tanto, 101 años de vida”, asegura nuestro entrevistado.

Juan José posando con una de sus elaboraciones

Juan José posando con una de sus elaboraciones Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Sus abuelos son los que empezaron con esta bonita historia. Ellos fueron los titulares del negocio hasta el año 1970. Fue entonces cuando su hijo mayor, Antonio, que siempre trabajó con su padre, coge las riendas para llevar la confitería con su mujer Esperanza hasta 1985.

“En ese año 1985 cojo yo las riendas del negocio. Solo. Llevó 40 años al frente de una tienda que cuenta con unos 16 metros y con otros 35 de obrador. Estoy muy orgulloso de ser la tercera generación que pasa por la confitería”, añade Juan José.

Allí elabora unos dulces que quitan el sentido y que enamoran a todos los que los prueban.

Sus delicias para el paladar

“Elaboro pastas de té, fundamentalmente. También, en fines de semana y festivos, pasteles, tartas y cañas de hojaldre y merengue que gustan mucho a nuestros clientes”, afirma nuestro protagonista.

En lo que a las pastas de té se refiere cuenta con una línea tradicional, con la fórmula de su abuelo. Y, desde hace unos años introdujo una línea vegana con una formulación propia. Dentro de esta introdujo otra de pastas para bebés sin azúcar que se endulzan con dátiles y que “ha tenido una buena acogida”.

“Cuando nace nuestra hija Alba, que ahora tiene 12 años, pensamos en hacer algo sin azúcar. Son esas bebitas. Las hago para ella, pero las comercializo y han tenido un gran éxito, sobre todo, a través de la línea online”, explica el pastelero.

Una idea brillante, sana y saludable que ha triunfado. Confitería Guijarro no vende a terceros. Comercializa sus productos a través de la tienda física, de esa venta online y en diferentes ferias.

La jubilación al acecho

Estoy a un diez por ciento de acabar mi vida laboral. A no ser que Alba quiera continuar con la tienda, yo me jubilaré en enero de 2029 y si no la compra alguien tendremos que cerrar el negocio familiar. De no ser por mí, estaría con las persianas bajadas desde 1985”, añade.

Juan José trabajando

Juan José trabajando Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Juan José se levanta a las 4 de la mañana, cada día, para hacer sus elaboraciones. No tiene ni fines semanas ni festivos de relax. Por suerte, su mujer Eva, informática de profesión y que dejó Valencia para teletrabajar desde Tudela de Duero tras conocer a su ya marido, lo entiende.

“Precisamente fue Eva, con sus conocimientos de informática, la que confeccionó la tienda online que funciona muy bien. Mi objetivo pasa por seguir endulzando la vida de los demás hasta que me jubile en 2029”, finaliza nuestro protagonista.

Con su energía y vitalidad seguro que lo consigue.