
Un anciano sostiene distintos medicamentos en sus manos.
La paradoja de la España polimedicada: por qué el norte envejecido toma menos fármacos que el sur joven
Unos cuatro millones de españoles toman cinco o más medicamentos cada día y casi medio millón consume 10 o más.
Más información: El paracetamol desbanca al omeprazol como fármaco más consumido: por qué España está 'enganchada' a los analgésicos
Casi la mitad de los murcianos mayores de 75 años toma, al menos, cinco medicamentos al día. Al norte, en la provincia de Álava, ni uno de cada cinco lo hace. El mapa de la España polimedicada muestra una clara diferencia: cuanto más al sur, más fármacos se consumen.
Paradójicamente, las provincias más envejecidas –aquellas con más población mayor en relación a la joven– se encuentran en la mitad norte: Asturias, Galicia, Castilla y León, Cantabria y País Vasco.
Según la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria del Ministerio de Sanidad, el 8,2% de la población española, unos cuatro millones de personas, está polimedicado, es decir, que consume cinco o más medicamentos crónicos.
El 0,9%, cerca de medio millón, se considera polimedicado severo, esto es, que consume 10 o más medicamentos crónicos al mismo tiempo.
La población polimedicada se concentra en la franja de edad de los 65 años en adelante, especialmente a partir de los 75 años. "Fundamentalmente, son pacientes crónicos que tienen diferentes patologías", explica Francisco José Sáez, responsable del Grupo de Trabajo de Cronicidad de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
"Quizá lo más frecuente son pacientes con patología cardiovascular o respiratoria pero nos encontramos con distintas variedades".
Los medicamentos crónicos más usados son los de la hipertensión arterial, como enalapril y valsartán, y los medicamentos que bloquean la acidez estomacal como el omeprazol. Dos de cada diez fármacos son de estos tipos.
Les siguen las estatinas (para el control del colesterol), la vitamina D, los antitrombóticos o los psicoanalépticos (antidepresivos y medicamentos para la demencia), los diuréticos y los analgésicos.
Juan Torres Macho, jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital Infanta Leonor, ve lógico la presencia de antitrombóticos, estatinas y otros fármacos para afecciones crónicas prevalentes como la insuficiencia cardíaca o la diabetes.
Pero le llama la atención la presencia de antiulcerosos y de la vitamina D, lo que indica que "posiblemente hay margen de mejora para prescribir. El omeprazol se suele indicar cuando tomas antiinflamatorios y tienes más de 65 años, pero tomarlo de forma crónica no es inocuo".
En el caso de la vitamina D, "salvo en algunos casos de osteoporosis y otras afecciones, suele ser suficiente con salir a la calle a dar un paseo y no hace falta recetar un suplemento, por lo que puede haber una posible sobreprescripción".
Sáez y Torres Macho son médicos generalistas en distintos niveles asistenciales, la atención primaria y la hospitalaria. Pero a ambos les llama la atención el gradiente norte-sur en cuanto al número de medicamentos.
Los datos ofrecidos por el Ministerio dibujan (con sus excepciones) una mitad norte de la Península más comedida que el sur. País Vasco registra los niveles más bajos de polimedicación entre sus mayores de 75 años (Álava, 17,9%; Guipúzcoa, 19,7%; Vizcaya, 24,8%), junto a Navarra (26,5%), Asturias (28,4%), La Rioja (22,5%) o, más al este, Girona (23,8%).
En cambio, Murcia (47,7%), Huelva (46,9%) y Cádiz (45,4%) registran los mayores niveles de polimedicación. Les siguen Ciudad Real (44,7%), Córdoba y Jaén (44,6%) o Albacete (44,2%), todas en la mitad sur peninsular.
Dispersión y PIB per cápita
Para Francisco José Sáez, que trabaja en un centro de salud en Arganda del Rey (Madrid), hay dos cuestiones entrelazadas que explican ese gradiente: la dispersión de la población y el acceso a los servicios sanitarios.
"Los pacientes de zonas rurales están un poquito más abandonados, tienen menos continuidad de la atención y menos tratamientos, mientras que en las zonas urbanas son muy seguidos y tienen una mayor continuidad en la atención".
Esto explica el bajo nivel de polimedicación en zonas de Castilla y León, Asturias y Cantabria, donde, a pesar de haber una alta proporción de personas mayores, "tienen menos continuidad en la atención por tener menos médicos y enfermeras y, además, tenerlos más lejos".
Juan Torres Macho se muestra de acuerdo con esa visión. "En los núcleos urbanos estamos más acostumbrados a ir a urgencias que en los pueblos y, por tanto, nos llevamos más pastillas. Existe también una cultura de ir al médico".
Sin embargo, esto no explica del todo ese gradiente. Después de todo, el nivel de dispersión a lo largo de la península es muy heterogéneo. Por eso el internista apunta otro motivo: "Está claramente demostrado que, a menor nivel socioeconómico hay más obesidad, peor alimentación, mayor tabaquismo... Los hábitos de vida condicionan la enfermedad y un gran porcentaje de la misma, más que la genética o el sistema sanitario".
Si acudimos a la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria, observamos un mayor nivel de polimedicación en las rentas más bajas. Un 12% de los personas mayores con rentas "muy bajas" está polimedicada, por un 5% de los que ganan más de 100.000 euros anuales.
La proporción de mayores polimedicados cuadra con la renta per cápita de cada comunidad. Andalucía, Murcia, Extremadura y Castilla-La Mancha están en los últimos lugares en este indicador, mientras que País Vasco, Navarra o La Rioja se encuentran en la parte alta, observándose una correlación inversa con el consumo de medicamentos.
Esto también explicaría por qué el archipiélago canario (es la comunidad con el PIB más bajo por habitante) también puntúa alto en el nivel de polimedicación: 43,9% en Las Palmas de Gran Canaria y 42,5% en Santa Cruz de Tenerife.
Por eso, a Torres Macho le preocupa —"de forma intuitiva, sin profundizar en los datos"— más el alto número de fármacos que el bajo. "Hay que desarrollar estrategias de conciliación de la medicación y desprescribir lo que no sea necesario, sobre todo para mejorar la adherencia terapéutica, que está por debajo del 50% en muchas ocasiones".
De ahí que vea positivo el avance de nuevas fórmulas farmacéuticas "para administrar los fármacos una vez a la semana o al mes o, como en el caso de la polipíldora cardiovascular, varios medicamentos en uno".
También ve crucial la necesidad de educar en hábitos de salud, "que puede retrasar hasta en un 50% el desarrollo de enfermedades crónicas".
Francisco José Sáez hace la misma observación pero advierte de una conjunción muy peligrosa de factores: una pirámide de la población cada vez más envejecida, la falta de profesionales sanitarios y un foco cada vez mayor en el tratamiento y no en la prevención.
"La pandemia rompió la situación. Si antes nos planteábamos prevenir la enfermedad, ahora nos dedicamos a lo contrario. Es un punto de vista político, está desapareciendo esa atención previa a los pacientes crónicos, que acaban siendo pacientes polimedicados porque no hemos sido capaces de prevenir".