
Haruki Murakami y su colección de vinilos. Foto: Tusquets.
Haruki Murakami y el 'jazz': una eterna pasión hecha libro
El escritor japonés publica 'Retratos de jazz' una declaración de amor a sus artistas favoritos acompañada por ilustraciones del pintor Wada Makoto.
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Son varias las novelas de Haruki Murakami (Kioto, 1949) en las que a través de sus páginas se cuelan numerosas referencias al jazz, desde la afamada Tokio Blues, pasando por 1Q84 hasta su última y excelente obra La ciudad y los muros inciertos. Incluso él mismo ha declarado repetidas veces que su estilo de escritura está inspirado en el ritmo, la armonía y la improvisación de este estilo musical.
Además, el escritor japonés regentó durante años, en la década de los 70, un club de jazz llamado (en honor a su querido gato) Peter Cat, donde reconoce haberse "sentido muy feliz por poder escuchar jazz desde la mañana hasta la noche" justo antes de dedicarse a tiempo completo a la escritura y regalarnos algunas de las mejores y más absorbentes novelas del siglo XXI.
De tal manera que la pasión del escritor japonés (y eterno aspirante al nobel) por este estilo musical le ha llevado a compartirla en Retratos de jazz (Tusquets) un libro compuesto por cincuenta y cinco perfiles de músicos, acompañados de una ilustración del pintor japonés Makoto Wada y de un comentario sobre un álbum de cada artista.

Portada de 'Retratos de jazz' de Murakami y Makoto Wada (Tusquets).
Gracias a la particular escritura del autor japonés, cada texto se convierte en una pequeña y sugerente historia personal, en un fragmento de memoria autobiográfica, en consejos a la hora de escuchar a un intérprete, o en frescas pinceladas para describir a un músico o una época. Todo ello acompañado de una propuesta musical de un disco procedente de la colección personal de Murakami que, a juicio del escritor, resulta más representativo de la carrera del personaje.
Así, desde el mítico Chet Baker hasta Ella Fitzgerald, por el libro desfilan figuras legendarias como Billie Holiday, Lester Young, Duke Ellington, Miles Davis, West Montgomery, Bill Evans, Charlie Parker o Art Pepper. Y aunque sorprenden algunas ausencias de nombres tan célebres e imprescindibles como Keith Jarrett o John Coltrane, sí que concede un espacio a músicos menos conocidos pero también reivindicables como Bix o Jack Teagarden.
El mismo Murakami describe con humildad nipona su habitual ritual a la hora de acercarse a su extensísima colección de vinilos de jazz (más de 3000) así como su aproximación subjetiva y pasional: "Solo le pido al lector que sea comprensivo con mi punto de vista, mi principal propósito como melómano es divertirme escuchando música y pasarlo bien escribiendo unas líneas acerca de eso que tanto me gusta".
Y añade: "Nada, sin embargo, me haría tan feliz como hacerle sentir también al lector parte del placer que yo experimento cuando el tocadiscos se pone en marcha, la aguja de este cae sobre uno de mis viejos elepés de jazz y, cómodamente arrellanado en mi poltrona, escucho la música que se disemina en el aire, al calor de mi madriguera".
El inconfundible estilo literario del escritor japonés se asoma en todo momento por las páginas de Retratos de Jazz, así a la música del icónico Chet Baker la describe como “poseedora del inconfundible aroma de la juventud y el intenso soplo de la primavera de la vida". Del excepcional músico y arreglista Gil Evans dice que "tiene una esencia cristalina que me recuerda la luz de los países nórdicos" y al particular genio pianístico de Thelonius Monk lo representa como si "su golpeo de piano fuese como quien graba en hielo con un punzón".
De la reconocida "primera dama del jazz", Ella Fitzgerald, Murakami elige la magnífica interpretación de "These Foolish Things" perteneciente al álbum Ella and Louis Again (Verve). "El magnífico acompañamiento corre a cargo del trío del pianista Oscar Peterson, que cuál blusa de seda se adapta a la piel de la canción sin pegarse demasiado a ella. Así pues, ¿el jazz puede ponerle a uno de tan buen humor? esto fue lo que pensé la primera vez que escuché este disco y todavía hoy lo pienso. Aunque la sublimadora voz de Ella Fitzgerald es tan luminosa que no puedo evitar echar en falta alguna que otra alusión a las sombras que junto a las luces también conviven en nuestro espíritu humano".
Resulta sorprendente que de toda la extensa y magistral carrera de Miles Davis haya elegido la pieza "Four" del disco Four & More Live in Concert (Columbia Récords) donde la ejecución del genio norteamericano resulta profundamente amarga y punzante, "el talento trompetístico de Miles lanza fogonazos implacables que se van insertando en cada resquicio, sin pedir nada y sin entregar nada, no solicita nuestra empatía, ni sacia nuestra sed, toca desde lo más hondo de una intuición musical, pura y primigenia".
También el escritor nipón reconoce que existe una filosofía (casi cercana al rock) en el acto de escuchar al gran Count Basie y su orquesta en el directo Basie In London (Verve), "la música de Count Basie debería escucharse al máximo volumen posible, según lo permitan las circunstancias. No se trata de una filosofía demasiado profunda, pero sí, de una verdad irrefutable. Solo podrás decir que has captado el sentido de la interpretación de la orquesta de Count Basie, sentado ante los altavoces, si acabas teniendo la impresión de haber sido desplazado unos centímetros después de escuchar su música durante un rato. Esa capacidad para modular el swing a su antojo no estaba el alcance de ninguna Big Band, por mucha calidad que tuviera".

En definitiva, Retratos de Jazz se perfila como un libro perfecto para leer con los oídos mientras rinde un excepcional tributo a unos artistas imprescindibles que dejaron una huella legendaria e inconfundible en la cultura del siglo XX. Y tal y como reproduce Murakami al comienzo del texto, "desde que el jazz me sedujo y entró en mi vida no ha dejado de ser una parte sustancial de ella". Ojalá muchos lectores puedan tener una experiencia similar. Hay muy pocas cosas tan libres y bellas como el jazz en este mundo.