Ensayo

Zapatero y el pensamiento Alicia

Gustavo Bueno

2 noviembre, 2006 01:00

Temas de hoy. Madrid, 2006. 370 páginas, 18’50 euros

Este libro, escrito por un filósofo con métodos de filósofo, es una crítica política, un libro político. Analiza el modo de razonar y de proceder de José Luis Rodríguez Zapatero, que compara con el del entrañable y cándido personaje Alicia de Lewis Carroll. El cotejo no puede ser positivo para el protagonista. El lector tiene esa impresión desde el momento en que se topa con el título, que además va complementado por un subtítulo que reza Un presidente en el país de las maravillas. Y confirma la sospecha en las primeras páginas. A lo mejor el protagonista se siente cómodo con el símil pero no se verán tan dichosos los destinatarios de ese pensamiento hecho realidad, pues no es inofensivo sino que encierra serios peligros.

Gustavo Bueno define el pensamiento Alicia como el que procede representándose un mundo distinto del real, y no sólo eso sino "un mundo al revés de nuestro mundo, como es propio del mundo de los espejos". El pensamiento Alicia es simplista en sus formulaciones -detalle que Bueno ilustra con la referencia a eslóganes tantas veces repetidos "¡Paz, Paz, Paz, no a la Guerra!"- y peligrosamente invasor, como lo demuestra el hecho de que lo manejen personajes tan dispares como el ministro Moratinos o el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan.

Para explicar las consecuencias del pensamiento Alicia, el autor analiza once cuestiones en las que ha insistido Zapatero, empezando por la llamada Alianza de Civilizaciones, caso paradigmático, siguiendo por la política sobre la mujer, los derechos de los simios, la solidaridad… hasta llegar al humanismo, asunto nuclear que también ha sufrido los embates de la frivolidad.

Bueno, a sus 82 años, tras una vida dedicada a filosofar, está brillante e ingenioso en muchos pasajes de su libro; en otros es provocador y hasta se manifiesta agresor. Trasluce su desconcierto y su turbación por los estragos que causan los bosquejos fáciles y simples, intelectualmente pánfilos. Y hasta tal punto se esfuerza por rechazar los tópicos que, desde sus planteamientos de izquierda ilustrada, sorprende con un análisis reposado y nada políticamente correcto del franquismo y de la II República. De ésta dice, por ejemplo, que alcanzó el poder de un modo muy poco ortodoxo desde el punto de vista de las formalidades democráticas, por "una suerte de golpe de Estado incruento" (p. 87); y del golpe militar de 1936 sostiene que "no se dio contra la República sino en su nombre" (p. 89). No es extraño que cargue contra la operación de la memoria histórica, un ejemplo característico del pensamiento Alicia enfrascado en reconstruir el laberinto desde la simplicidad pero también desde la parcialidad, la revancha y el sectarismo.

Nada del pensamiento Alicia sería preocupante si no fuera porque puede desatar consecuencias fatales, en especial cuando a él se suma la mala fe. Las últimas páginas del libro son una invitación a inquietarse por la gravedad de algunos acontecimientos del presente. "El simplismo de los pensamientos Alicia puede llegar a ser […] encubrimientos de la realidad, intentos para disimularla arrojando sobre ella velos legales destinados a tranquilizar a electores y consumidores; pensamientos que son valores impregnados de perfumes que huelen a opio del pueblo" (p. 350). Y esto afecta a la calidad de nuestra convivencia, que es tanto como decir la calidad de nuestra democracia. El estudio sobre el pensamiento Alicia no es un divertimiento de filósofo; es una radiografía alarmante de lo que está pasando.