
Mujer con aspecto cansado.
Ni depresión ni ataques de ansiedad: el trastorno crónico que cada vez preocupa a más personas en España
Desde fatiga crónica, mareos a problemas de salud intestinal que terminar afectando seriamente a la calidad de vida de miles de personas.
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La preocupación por nuestra salud y estilo de vida en ocasiones nos lleva a pasar por alto dolencias que, lejos de ser normales, se les debe prestar especial atención. Se estima que 70 millones de personas sufren de disautonomía en el mundo, una enfermedad crónica que afecta a la mente y al cerebro, y sin embargo, no siempre es diagnosticado.
En España, concretamente, esta enfermedad afecta especialmente a miles de mujeres. Sin embargo, a pesar de su prevalencia, esta condición sigue siendo infradiagnosticada y malentendida, lo que hace que muchas mujeres sufran en silencio durante años sin recibir un tratamiento adecuado.
Los principales síntomas van desde mareos frecuentes, fatiga crónica, problemas digestivos o incluso taquicardias sin explicación aparente. Por el que, si notas frecuentemente algunas de estas señales, es el momento de acudir a tu médico y preocuparte por tu salud más a fondo.
¿Qué es la disautonomía y cómo afecta al cuerpo?
El sistema nervioso autónomo (SNA) es el encargado de regular funciones vitales del cuerpo como la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la digestión, la temperatura corporal y la sudoración.
Este sistema funciona de manera automática, sin que lo notemos, para mantener el equilibrio en el organismo. Cuando el SNA no funciona correctamente, se produce una afección conocida como disautonomía.
Esta condición no es una enfermedad en sí misma, sino un conjunto de síntomas que surgen cuando el sistema nervioso autónomo no puede regular adecuadamente las funciones corporales.
La disautonomía afecta a diferentes partes del cuerpo, lo que puede generar una amplia variedad de síntomas. A menudo, estos síntomas se confunden con los de otras enfermedades, lo que dificulta el diagnóstico.
Síntomas comunes de la disautonomía en mujeres
La disautonomía puede presentarse de diferentes formas, pero existen ciertos síntomas comunes que suelen alertar a los médicos sobre la posibilidad de que una persona sufra de esta condición. Los síntomas más frecuentes incluyen:
- Mareos y desmayos. Uno de los síntomas más comunes es la hipotensión ortostática, una caída abrupta de la presión arterial al ponerse de pie, lo que puede causar mareos, desmayos y sensación de inestabilidad.
- Fatiga crónica. Muchas personas con disautonomía experimentan una fatiga persistente, incluso después de dormir bien. Este cansancio extremo afecta significativamente la calidad de vida.
- Taquicardias y palpitaciones. El corazón puede latir rápidamente y de manera irregular sin una razón aparente. Esto es especialmente frecuente en el síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS), que es una forma de disautonomía.
- Problemas digestivos. La disautonomía puede interferir con la motilidad intestinal, lo que puede causar estreñimiento, náuseas, hinchazón y, en casos más graves, gastroparesia (una disfunción del estómago que impide su vaciamiento adecuado).
- Intolerancia al calor. Debido a la incapacidad del cuerpo para regular la temperatura, las personas con disautonomía pueden experimentar sudoración excesiva o incapacidad para sudar, lo que dificulta soportar ambientes calurosos.
- Alteraciones urinarias. Los problemas de control urinario, como la incontinencia o la retención urinaria, son comunes entre quienes padecen esta enfermedad.
¿Por qué es tan difícil diagnosticar la disautonomía?
Una de las principales razones por las cuales la disautonomía es tan difícil de diagnosticar es que sus síntomas se solapan con los de muchas otras enfermedades, lo que puede llevar a confusión.
Además, la disautonomía afecta de manera diferente a cada persona, lo que hace que el diagnóstico sea aún más complicado. Mientras que algunas personas experimentan principalmente mareos y taquicardias, otras pueden tener problemas digestivos o dificultad para regular la temperatura corporal.
Por otro lado, la disautonomía suele ser más común en mujeres, especialmente en aquellas que están en su adolescencia o en sus años previos a la menopausia. Esto hace que muchas mujeres puedan ser diagnosticadas erróneamente con trastornos emocionales como ansiedad o estrés crónico, ya que algunos de los síntomas, como la fatiga o los ataques de pánico, pueden parecer síntomas típicos de estos trastornos.
Factores de riesgo de la disautonomía
Aunque no se conoce una causa exacta de la disautonomía, se sabe que varios factores pueden contribuir a su desarrollo. Entre ellos se incluyen:
- Predisposición genética. Algunas personas tienen una mayor susceptibilidad a desarrollar disautonomía debido a factores genéticos.
- Enfermedades autoinmunes. Trastornos como el lupus o la fibromialgia pueden afectar el sistema nervioso autónomo y desencadenar disautonomía.
- Infecciones virales. Algunas infecciones, como el COVID-19, pueden desencadenar síntomas persistentes relacionados con la disautonomía, como la fatiga crónica y los mareos.
- Estrés y ansiedad crónica. Las personas que experimentan niveles elevados de estrés o ansiedad durante períodos prolongados pueden ser más propensas a desarrollar disautonomía.
- Enfermedades crónicas como la diabetes. La disautonomía también puede estar relacionada con enfermedades metabólicas, como la diabetes, que afectan la función del sistema nervioso autónomo.
Tratamiento de la disautonomía
Aunque actualmente no existe una cura para la disautonomía, existen tratamientos que pueden ayudar a controlar y aliviar los síntomas. El tratamiento suele ser individualizado y depende de los síntomas específicos de cada paciente. Algunas de las estrategias más comunes incluyen:
- Medicamentos. Para controlar la hipotensión o las taquicardias, se pueden prescribir betabloqueantes, midodrina o fludrocortisona. Para los problemas digestivos, los anticolinérgicos pueden ser útiles. Pero siempre bajo prescripción médica.
- Ajustes en la dieta. Aumentar el consumo de agua y sal puede ayudar a mantener la presión arterial estable. Las medias de compresión también pueden ser útiles para mejorar la circulación y prevenir los mareos.
- Ejercicio físico. Aunque las personas con disautonomía pueden experimentar fatiga, el ejercicio moderado es importante para mejorar la resistencia cardiovascular. Es recomendable realizar actividades físicas bajo la supervisión de un fisioterapeuta especializado.
- Apoyo psicológico. La terapia psicológica, especialmente para gestionar el estrés y la ansiedad, puede ser fundamental para las personas que padecen disautonomía, ya que el apoyo emocional juega un papel crucial en el manejo de la enfermedad.
Si experimentas síntomas como fatiga crónica, mareos, problemas digestivos o taquicardias inexplicables, es fundamental que consultes con un médico especializado para obtener un diagnóstico adecuado.