
Manuel Bouzas (Pontevedra, 1993), Premio Princesa de Girona de Artes 2025
Manuel Bouzas, arquitecto: "Los gallegos tenemos una conexión especial con el paisaje"
El arquitecto, natural de la Boa Vila y docente para la Universidad de Cornell en Nueva York, ha sido galardonado recientemente con el Premio Princesa de Girona de Artes 2025
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Manuel Bouzas (Pontevedra, 1993) responde a Treintayseis desde la tranquila Ítaca, una ciudad situada en el estado de Nueva York que nada tiene que ver con la imagen de la Gran Manzana. Allí, el joven arquitecto, que imparte clases para la Universidad de Cornell, tiene paz "como si viviera en un pueblo gallego grande".
Bouzas compagina su actividad docente con su trabajo como arquitecto y comisario, por ejemplo, del pabellón español en la Bienal de Venecia de Arquitectura. Esto le ha llevado a ganar el pasado 14 de marzo el Premio Princesa Girona de Artes 2025. Un galardón que le sorprendió ganar pero que celebra su —aún corta— trayectoria.
¿Qué sentiste cuando descubriste que eras el ganador del Premio Princesa de Girona de Artes 2025?
Fue totalmente inesperado. Honestamente, pensé que no iba a ganar y, cuando se iba a leer el nombre, estaba mirando la cara del resto de candidatos porque yo tenía mis apuesta de quien iba a ganar. Pero, de repente, leen el mío y subí corriendo para que no me lo quitaran. De hecho, se ve el vídeo cómo voy dando zancadas de tres en tres en las escaleras.
¿Qué ha significado para ti haber sido premiado?
En primer lugar, el reconocimiento a una trayectoria, que aunque corta y breve está llena de esfuerzos y sacrificios. Para llegar hasta aquí he tenido que sacrificar muchas cosas, como vivir en el otro lado del mundo o trabajar incontables sábados y domingo. Es un orgullo que la Casa Real reconozca esto.
También significa la oportunidad de conectar con una comunidad joven. Hay un mogollón de talento en este país y, sin embargo, no encuentran las oportunidades como de arrancar, que están desanimadas. Por eso, creo que los premiados tenemos que tratar de contagiar ilusión y energía a toda esa gente joven.
El premio lo entregó la Reina Letizia, ¿cómo es en las distancias cortas?
Me sorprendieron varias cosas. En primer lugar, la Reina Letizia es, como era de esperar, una persona bastante cercana. Hasta me atrevería a calificarla de normal, que en distancia cortas uno podría pensar que está hablando con uno más y eso destensa y relaja.
Y ella venía a la ceremonia habiéndose conocido perfectamente a los cinco candidatos. Hasta el punto en el que la conversación era súper específica, lo cual me sorprendió. Fue una conversación bonita y me invitó el 13 de julio a recibir el galardón por parte de toda la Familia Real.
Para llegar hasta aquí he tenido que sacrificar muchas cosas
También tienes el honor de ser el comisario del pabellón español en Venecia a la que te llegaste a referir como la "Champions League" de la arquitectura, ¿cómo surge?
Como todos los trabajos que he hecho, por concurso público. Nos reunimos mi compañero —Roi Salgueiro, que fuera su profesor unos años antes— y yo en el Café Derby de Santiago de Compostela y dijimos: venga, vamos a preparar algo con lo que nos sintamos los dos cómodos trabajando. Y de ahí surgió la idea.
Venimos a celebrar como mogollón de arquitectos en España desde hace unos años vienen a repensar esa relación entre economía y ecología. Además, no es una exposición sobre sostenibilidad. Va sobre descarbonización, sobre revincular la construcción a los territorios, con lo cual estamos siendo mucho más precisos.
¿Cuál es el problema de la palabra sostenibilidad?
Sostenibilidad es una palabra que no me gusta nada, es una palabra vacía. Al menos para mi, en mi ámbito, prefiero hablar de descarbonización, que es una palabra más precisa que habla de decision, de algo que podemos cuantificar.
Al poderlo cuantificar, lo podemos gestionar. En ese sentido, mi objetivo con lo que hago es plantear estrategias para, no solo reducir esas emisiones hasta llevarlas a cero, sino entender los edificios como sumideros de carbono.
Para lograrlo, ¿es importante la elección de materiales cuando se construye?
Muchos materiales, que son hasta ahora estándar, son súper contaminantes, como el hormigón, el acero o el aluminio. Por eso, empiezo a pensar que tenemos que transicionar hacia otro tipo de materiales: la madera, la piedra y la tierra. Cuando uno construye con materiales orgánicos, como son la madera o las fibras, puedes almacenar ese CO2 y quitarlo de la atmósfera.
También me interesa de dónde provienen esos materiales. Tanto me interesa esa madera, como el bosque de dónde viene y cómo gestionarlo. Hay una relación de equilibrio entre un material y su territorio que tengamos que cuidar. Nuestros antepasados construyeron con ellos y volver a ese vínculo de no traer las cosas desde el otro lado del planeta, es lo que más guía mi trabajo.
¿Cómo puede impactar este tipo de arquitectura en el desarrollo de las ciudades?
En primer lugar, hay gente que dice 'necesito una vivienda, pero no tengo dinero para pagar una vivienda ecológica. No es verdad, una vivienda ecológica no es más cara que una normal, incluso posiblemente sea más barata. Esto es una cuestión de ética, no económica.
Luego, cuando empiezas a reequilibrar economías de la construcción con ecologías de la producción y vuelves a mirar esos paisajes de canteras, piedras, bosques y suelos, empiezas a descubrir que hay un tejido industrial que puede reactivar una industria y generar empleo en lugar de externalizarlo.

Manuel Bouzas, arquitecto pontevedrés premiado con el Princesa de Girona de Artes 2025
En tercer lugar, la población va para arriba y las emisiones tiene que ir para abajo. La única manera de resolver este problema es construyendo más vivienda con menos emisiones. Esto se hace entendiendo cada una de esas viviendas bien como sumideros de CO2, o bien en contribuciones de emisiones nulas.
¿Galicia se podría beneficiar económicamente de este tipo de trabajos?
Claro, en Galicia estamos viendo un resurgir de la industria forestal. Por varios motivos, aquí se corta cerca de la mitad de los árboles de España. Tenemos una industria potentísima que es superimportante para la construcción en mader que estamos viendo en España desde hace cinco años. Esto implica que tienes que revisitar tus estrategias forestales para garantizar que tienes la madera para cubrir ese stock.
Teniendo en cuenta esto, ¿valoras volver a Pontevedra, a Galicia, en el futuro para llevar este tipo de proyectos?
Ese es mi sueño. Yo me he ido a dar la vuelta al mundo pero con el objetivo de regreso. Este es mi objetivo a medio plazo, me gustaría poder abordar todas estas cuestiones desde Galicia, desde luego. Llevo tiempo buscándolo, pero no ha surgido la oportunidad. Nadie es profeta en su tierra.
¿La distancia pesa?
Cada vez más. Antes me costaba menos viajar, ahora ya me cuesta más. Pero bueno, de todas maneras trato dividirme el año en dos. Soy como una especia de ave migratoria que escapa de la lluvia gallega en invierno y, cuando sale el sol, me vuelvo.
Soy como una especie de ave migratoria que escapa de la lluvia gallega en invierno
¿Cómo crees que ha impactado crecer en Pontevedra en tu arquitectura?
Los gallegos tenemos una especial conexión o vinculación con el paisaje. Esto de la morriña, en el fondo, es una morriña por el paisaje. Hemos crecido con esos bosques que siempre están de telón de fondo en cualquier ciudad. Con lo cual, cuando uno tiene que hacer arquitectura, tiene en mente todos esos paisajes de madera, la piedra con musgo, etc.
Entonces, esto nos habla en realidad de una arquitectura que es la del sentido común, la de esos materiales milenarios que uno tiene a mano, como son la madera y la piedra. Es una arquitectura de austeridad que creo que es la que yo me aplico. No es una arquitectura de colores, de formas raras, de plástico o de vidrio.