Annika Larsson, tensión emocional
Annika Larsson
24 diciembre, 2010 01:00Drunk, 2010
Cómo miramos, cómo entendemos nuestros sentimientos y cómo nos relacionamos con las imágenes es la línea sobre la que se articula la nueva exposición de la artista sueca Annika Larsson que presenta en La Fábrica Galería sus vídeos Drunk y Copia.
A este juego mimético Annika Larsson lo titula Copia (2010) para reflexionar sobre el poder de ciertas imágenes y cómo nos afectan emocionalmente. Ése es el mensaje que sobrevuela en su segunda exposición individual en Madrid que presenta dos de sus vídeos más recientes. Nos convertimos -parece decirnos la artista- en nuestros pensamientos dominantes. Nada es arbitrario en los comportamientos, que tienen que ver con el modo en que miramos, en cómo entendemos los sentimientos y en cómo los dominamos.
Ese mensaje tintinea también en el subconsciente del protagonista de Drunk (2010). Larsson llegó a este vídeo tras su habitual uso de internet, al encontrar una inusual cantidad de imágenes de personas en estado de embriaguez. Así aparece también el protagonista. Pero su estado de aparente borrachera feliz pronto se vuelve opresivo y claustrofóbico. Un pájaro que vuela libre a su alrededor ayuda a potenciar esa sensación. Cuenta la artista que hizo este trabajo a partir de una selección de stills de vídeos subidos por distintos usuarios de YouTube, repletos de situaciones tragicómicas de los efectos del alcohol. La teatralización que hace Larsson de ello añade aún más dramatismo. De nuevo, con el mismo espíritu vouyerista que Copia, encontramos un juego de tentativas en torno al autocontrol y la pérdida del mismo, que transforma los miedos en deseos y estos en situaciones llenas de expectación.
En ambos trabajos, Annika Larsson utiliza el vídeo de manera ejemplar. No en vano es considerada una de las más importantes artistas suecas que trabaja con este medio. Sus primeros planos largos hacen que perdamos el sentido de orientación debido al exceso de carga ambigua. Las situaciones que presentan sus vídeos superan la acción cinematográfica y las convenciones narrativas. Una incertidumbre latente se apodera de inquietantes imágenes que se adentran directamente en nuestra mente. Como es habitual en su trabajo, Annika Larsson nos habla de normas, de estereotipos, de relaciones y de poder. De los nuevos significados que puede tener un cliché si se cuestiona. Se coloca en un lugar neutro, esa especie de vacío durante el cual parece que no ocurre nada, para hablarnos de las muchas posibilidades que ofrecen las relaciones emotivas.