Autorretrato para un artículo de moda sobre diademas. Nueva York, 1932. Foto: Lee Miller Archives, 1985

Autorretrato para un artículo de moda sobre diademas. Nueva York, 1932. Foto: Lee Miller Archives, 1985

Cine

Lee Miller, la modelo que atravesó el espejo para retratar el horror nazi y liberarse de sus traumas

Portada de 'Vogue' y musa surrealista de Man Ray, empuñó la cámara durante la Segunda Guerra Mundial, como explica la película 'Lee Miller'.

Más información: Tarde de toros, cine y letras con Albert Serra y Pere Gimferrer: de 'Cahiers du Cinéma' a Roca Rey

Javier Martín-Domínguez
Publicada

Tan culpable como redentora, la fotografía siempre acompasó la vida de Lee Miller (Poughkeepsie, Estados Unidos, 1907- Chiddingly, Reino Unido, 1977): modelo, retratista de moda y del surrealismo, paisajista de lo exótico y finalmente corresponsal de guerra. Pasó de protagonista en las portadas de Vogue a ser testigo directo del horror de los campos de concentración. De la exultante belleza a la mayor barbarie.

Liberada por fin de sus traumas interiores gracias a la fotografía, aparcó la cámara y almacenó sus fotos. Misión cumplida para una vida necesitada de redención. Parte de su agitada historia llega ahora a la gran pantalla protagonizada por la actriz Kate Winslet con la participación de Marion Cotillard y dirigida por la debutante Ellen Kuras, con un guion basado en la biografía escrita por su hijo, Antony Penrose.

Lee Miller fue víctima temprana de las cámaras, a las que terminó abrazando para conocer sus secretos y poder usarlas finalmente como elemento liberador de sus traumas. Estar a un lado y al otro del espejo tiene su traslación mecánica en ser fotógrafo y salir en la foto. Atravesar el espejo es mostrar la cara oculta. La foto tomada puede suponer la violación del sujeto que sale en ella y también una forma de catarsis del fotógrafo que libera sus demonios arrebatando a otros su presencia. La compleja historia de Lee Miller, modelo y fotógrafa, alimenta reflexiones y análisis que obligan a usar un tamiz psicoanalítico para entender la verdad de sus imágenes.

En el caso Miller, su vocación fue una cosa de familia. Lee estuvo desde niña bajo los focos. Primero fue modelo por obligación. Su exultante belleza, de cuerpo atlético, ojos claros y melena rubia fue captada en primer lugar y repetidamente por su propio padre. Un hombre amante de los nuevos artefactos que tomó a su hija como sujeto de sus incursiones fotográficas con una cámara estereoscópica. Las imágenes perduran y son las de una adolescente en muchas ocasiones desnuda o en posturas sugerentes.

No hay evidencia de que existiese una relación incestuosa. Pero Antony Penrose, el hijo de Lee Miller, declaró años después de su muerte que “quizá fuese posible” porque las estampas que ella protagonizó lo llegan a sugerir. Hay una carga incestuosa en las poses obligadas de aquellos retratos juveniles. En su diario adolescente llega a escribir. “De mi pasado oscuro y siniestro, de esa experiencia de vida precoz y tan sórdida, no diré una palabra […] sea lo que sea lo que oiga sobre mí, probablemente sea cierto”.

La vida de la joven fotografiada se convertirá en una búsqueda constante por saber cómo funciona ese mecanismo que roba la imagen, que la expone en público y que crea una realidad alterada. El primer paso fue “cambiar de fotógrafo”. Con 19 años, Lee paso de ser el foco del objetivo de su padre al de los maestros del retrato de moda de los años veinte. En Nueva York se expuso a las miradas de grandes profesionales. Se convirtió en la modelo más deseaba por las mejores cámaras, protagonizando portafolios de moda para Vogue. En marzo del 1927 apareció en portada.

La ‘capturaron’ desde Edward Steichen a Cecil Beaton, George Hoyningen-Huene, Arnold Genthe y Nickolas Muray. Fue incluso la primera modelo utilizada para publicitar las nuevas “toallitas sanitarias” para la mujer. A la postre aquello no fue sino una forma de ganarse la vida, de permitirse vivir los excesos neoyorquinos, incluso de jugar a una vida amorosa y sexual entre dos amantes, y a romper finalmente con todo para marchar a París, donde la esperaría un segundo padre del que terminaría por aprender los grandes secretos de la fotografía.

El hombre rayo y la modelo rebelde

Su gran profesor en este arte sería un americano en París que había adoptado el singular y descriptivo nombre de Man Ray, ¡el hombre rayo! A su lado Lee fue de nuevo modelo, pero más allá de la moda, musa y sujeto de la visión surrealista del artista afincado en Francia.

Pero además aprendió las complejas claves de la técnica fotográfica y finalmente también pudo mirar por el objetivo y disparar con sus propias cámaras. Daba un paso más allá para entender el influjo de ese aparato en las personas, y sobre todo en ella misma. Ahora su juego iba a estar a los dos lados del espejo. Fue musa y creadora.

Kate Winslet interpreta a Lee Miller en la película.

Kate Winslet interpreta a Lee Miller en la película.

Las tensiones con Man Ray no tardarían en producirse. Celos sentimentales y profesionales, ante su necesidad de sentirse propietaria de las imágenes creadas. Pero aquella colaboración dejaría unos frutos muy importantes en la historia del surrealismo y de la fotografía.

Lee también actuó en la película de Jean Cocteau La sangre de un poeta, en la que aparece como una estatua que cobra vida, una especie de reformulación de la relación modelo/fotografía. Una mujer sin brazos despertaba de un sueño y pronunciaba estas palabras escritas por Cocteau. “¿Crees que es tan fácil librarse de una herida? ¿Cerrar la boca de una herida? Aún puedes hacer algo: entrar en el espejo y pasear por él”.

Quiso demostrase a sí misma y al mundo que dominaba el arte de la fotografía y estableció su propio estudio profesional en Nueva York. Quedan muestras de aquella época dedicada a los retratos y la moda, pero la inquietud artística superaba la noción de negocio y terminó cerrando y optando por una salida sorprendente.

Una boda con el empresario egipcio Aziz Eloui Bey, cuyo mejor fruto fue una serie de fotografías memorables donde demuestra su personal visión de lo exótico (Portrait of space). El matrimonio duró un breve tiempo y Europa volvería a ser el destino elegido por Lee, donde la vida le seguiría sorprendiendo.

Un verano surrealista y desinhibido

En el verano de 1937 sucedió “la invasión surrealista” de Cornualles, al sur de Inglaterra. El crítico y coleccionista británico Roland Penrose, que años después sería el marido de Lee Miller, convocó en su casa de campo a un amplio grupo de artistas que a lo largo de tres semanas dieron rienda suelta a su creatividad en un ambiente de máxima libertad, ejemplificada muy claramente en los pechos al descubierto con los que se fotografiaron algunas de las mujeres asistentes: Leonora Carrington, Ady Fidelin, Nush Eluard y la propia Lee Miller. También acudieron a Lambe Creek entre otros Max Ernst, Man Ray, Eileen Agar, Joseph Bard, Paul Éluard y Henry Moore.

En una fotografía de aquel glorioso verano aparecen cuatro mujeres posando con tazas de té en las manos, ojos cerrados y actitud soñadora. Una invitación al mundo interior de Leonora, Nush, Ady y Lee. En aquellos días del manifiesto surrealista, al mismo tiempo divertidos y turbulentos, y del ascenso de las dictaduras y el prólogo de la Segunda Guerra Mundial, casi nada era lo que parecía. El ejercicio de la libertad personal sin condicionantes estaba en pleno estallido y a la vez corría un gran peligro de ser reprimido violentamente.

Lee Miller: operadoras de faros antiaéreos en el norte de Londres, en 1943.  Foto: Lee Miller Archives, 1985

Lee Miller: operadoras de faros antiaéreos en el norte de Londres, en 1943. Foto: Lee Miller Archives, 1985

Algunas protagonistas de aquel verano –como Leonora Carrington y Lee Miller – quedarían marcadas para siempre por los vaivenes de un cambio profundo que la guerra frustró. Pero no renunciarían a ser ellas mismas y a ejercer su libertad hasta los limites más insospechados.

Lee vivió amores desencadenados, turbulentos, antes, durante y también en el periodo de guerras que vendría. El deseo secreto de Lee lo había escrito años atrás en su diario: “Quiero ser amada al menos una vez, pura y castamente. Y recobrar así la juventud y la inocencia. ¿Acaso es ya demasiado tarde para ser algo mas que un animal con deseos malsanos?”.

Fue la guerra la que finalmente condujo a la modelo convertida en fotógrafa de moda a dar un salto en su visión de lo que la cámara podía conseguir y aportar. Decidió quedarse en Inglaterra en lugar de huir de la Segunda Guerra Mundial y se alistó como fotógrafa.

Cubrió la invasión nazi de Francia, los días de otro París tan distinto al de los surrealistas, la caída del Reich, sacándose la famosa foto en la bañera de la casa de Hitler en Múnich en 1945. Pero el acontecimiento definitivo que la marcaría como fotógrafa y como persona fue su entrada con la 45.ª división del ejército estadounidenses en el campo de concentración de Dachau, en compañía de su inseparable colega David Scherman, fotógrafo y amante.

Picasso y Lee en el estudio del artista, tras la liberación  de París. Agosto de 1944. Foto: Lee Miller Archives, 1985

Picasso y Lee en el estudio del artista, tras la liberación de París. Agosto de 1944. Foto: Lee Miller Archives, 1985

Aquellos cuerpos dañados por la inanición, los esqueletos esparcidos, el dolor injustificado y la miseria humana que tuvo que retratar la llevaron a romper el espejo. Pudo ser el anverso de sus fotografías de moda, el reverso de los cuerpos gloriosos, el negativo de la bella vida. Y al mismo tiempo una reflexión de fotógrafo sobre la lógica de exponer aquel encuentro con lo más pérfido de la humanidad.

Lee Miller cruzó al otro lado del espejo para verse quizá a sí misma en aquel tiempo, cuando la fotografía también fue para ella una humillación personal. Cuando Lee Miller apretaba el disparador de su cámara para preservar la horrible memoria del Holocausto en el campo de concentración de Dachau estaba al tiempo utilizando la fotografía para liberarse finalmente de la humillación a la que fue sometida de adolescente como modelo de desnudos para ser fotografiada por su propio padre. Principio y fin de su intensa relación con “el espejo mecánico”. El mal revelado.

Lee Miller: La caída de la ciudadela. Bombardeo aéreo  de Saint-Malo, Francia, 1944. Foto: Lee Miller Archives, 1985

Lee Miller: La caída de la ciudadela. Bombardeo aéreo de Saint-Malo, Francia, 1944. Foto: Lee Miller Archives, 1985

Ahí acabó todo. No hubo más fotos. Fue la experiencia definitiva. Cambió su vida para siempre. Fue madre. Se dedico a explorar la gastronomía. Su marido preservó su legado en el desván de su casa hasta que fue rescatado años más tarde por su único hijo. Hoy podemos contemplar una colección de fotografías única que abarca un tiempo y una vida. La infinita Lee Miller que supo atravesar el espejo para encontrase a sí misma.

Javier Martín-Domínguez fue corresponsal de RTVE durante los 80 en Nueva York. Es autor de sendos documentales sobre Leonora Carrington y Paul Bowles.