
La opositora venezolana, María Corina Machado. Europa Press
Maduro necesita un arca de Noé que le permita sobrevivir a la perdida del poder
Incluso si el régimen de Nicolás Maduro se mostrara dispuesto a abandonar el poder a cambio de garantías de impunidad, nos faltaría saber el cómo.
Las elecciones presidenciales venezolanas del 28 de julio de 2024 agravaron la crisis política. El régimen no quiere entregar el poder.
La situación es muy compleja. Una transición en Venezuela no depende sólo de Nicolás Maduro. Él no es un jefe supremo, como lo fueron Pinochet o Fidel.
Maduro tiene socios y, por ahora, sólo les queda aferrarse al poder. Saben que, después de veinticinco años de abusos y persecución política, al final no les espera un cielo tisú.

Nicolás Maduro, presidente ilegítimo de Venezuela, durante la jura de su cargo.
En la otra acera, el presidente electo Edmundo González, desde el exilio, apela a la comunidad internacional para presionar al régimen y lograr la tan necesaria transición.
Esto es lo que hay.
Muchos hemos planteado la necesidad de una transición política. María Corina Machado y Edmundo González lo hicieron durante la campaña electoral.
El requisito imprescindible para esa transición es la voluntad política de ambos bandos, especialmente de quien detenta el poder. Por más que la oposición ha asegurado que no busca venganza, la gran pregunta es ¿está la cúpula del régimen dispuesta a dar el paso?
Parece que no.
"Hoy no existe en Venezuela un espacio político donde los grupos en conflicto puedan llegar a acuerdos y, lo más importante, donde estos acuerdos sean respetados"
Pero, suponiendo que existe algún ánimo de transición, ¿es suficiente la simple promesa de paz y amor de la oposición?
Un acuerdo verbal y un apretón de manos no bastan. Menos todavía en un conflicto tan grave como el de Venezuela.
Si el régimen (o al menos una parte suficiente de quienes lo componen) quisiera avanzar hacia la transición, nos faltaría el cómo.
Hoy no existe un espacio político donde los grupos en conflicto puedan llegar a acuerdos y, lo más importante, donde estos acuerdos sean respetados.
Esos acuerdos no pueden ser simples pactos verbales. Son necesarios acuerdos políticos con rango constitucional. Este debate debe darse en un espacio donde sus miembros tengan un fuero especial de protección, pues podrían ser víctimas de ataques políticos, ya sea por enemigos del proceso, o por revanchas.
Ese espacio no es otro que la Asamblea Nacional.
En Venezuela no hay una verdadera Asamblea Nacional, aunque así la llamen. La AN 2020, la de Jorge, no es un parlamento. Allí no está representada la inmensa mayoría del país. No hay debate, sólo están ellos.
Y en la AN legítima de 2015 ellos no están, porque se fueron, dejando sola a la oposición. Aunque ellos sean minoría en el país, es con ellos que tenemos que negociar. Tienen el poder y las armas.
Esto no es poca cosa. La crisis política actual se desató tras el rechazo por parte del régimen de la Asamblea Nacional legítima, electa en 2015, hace casi una década.
¿Dónde debería prestar juramento el presidente electo?
¿Donde se designa a los magistrados del TSJ, al CNE y a todos los poderes públicos?
En la Asamblea Nacional.
Sin una AN legítima, el juego seguirá bloqueado.
Y en una eventual transición, este parlamento tendría una función trascendental.
"Hay una larga lista de líderes nacionales y regionales encarcelados o en el exilio"
Este parlamento sería una especie de arca de Noé donde estarían a salvo todos sus tripulantes, y especialmente el entorno de Maduro, del diluvio que supone dejar las prebendas del poder.
Además, brindaría protección constitucional a sus miembros, por lo menos hasta 2031.
Por respeto a mis compañeros, no puedo hablar de inmunidad parlamentaria para ellos sin mencionar que muchos diputados opositores fueron injustamente encarcelados, como Juan Requesens, Gilberto Sojo, Rosmit Mantilla, Ismael León y Renzo Prieto.
Hoy, varios diputados de la AN 2015 siguen presos: Freddy Superlano, Dignora Hernández, Biagio Pilieri, Williams Dávila, Américo de Grazia y Goyo Graterol, entre otros.
Además, hay una larga lista de líderes nacionales y regionales encarcelados o en el exilio.

Edmundo González en el Parlamento Europeo.
El saldo de la represión posterior al 28J ya supera los dos mil presos políticos.
Hasta ahora, el régimen no ha dado ninguna señal de querer una transición. Todo lo contrario.
El régimen ha convocado otra elección fraudulenta, violando la ley electoral, vetando a la Mesa de Unidad Democrática, y con condiciones aún peores que las del 28 de julio. Volverán a leer una servilleta con resultados inventados, y la Asamblea que salga de ese proceso no les servirá ni al país ni al régimen.
Lejos de ser una sólida arca de Noé, será una barca tan frágil que terminará naufragando como el Carmen Ernestina, incluso antes de que llegue el diluvio.
Maduro insiste en vender la ilusión de que puede quedarse en el poder.
Más aun tras el contacto con el enviado de Donald Trump (quien, por cierto, ya no es el mismo empresario metido en política de hace ocho años).
La realidad es otra. Trump hoy es mucho más político que empresario y tiene claro que Maduro, Cuba y Nicaragua no sólo son culpables de su crisis fronteriza, sino que además son socios de sus enemigos.
Por lo tanto, son sus enemigos.
Mientras ellos sigan en el poder, la crisis migratoria continuará. Y acabar con la crisis fue la principal promesa electoral de Trump.
El pragmatismo político se impondrá.
Así que, por ahí, nada.
El fin del régimen podría ser mucho más incierto y los costos de salida, muchísimo más elevados.
El diluvio podría ocurrir en los peores términos.
Según la Biblia, Noé construyó su arca siguiendo las instrucciones de Dios para salvar toda forma de vida del diluvio universal que se avecinaba.
La pregunta es ¿construirá el régimen su arca de Noé antes de que el diluvio los arrastre definitivamente?
*** Roberto Marrero es ex preso politico venezolano y actualmente vive en el exilio.