El homenaje de la familia de Lasa y Zabala en Busot en 2023,

El homenaje de la familia de Lasa y Zabala en Busot en 2023, Manuel Lorenzo Efe

Alicante

Cuarenta años del hallazgo de los cuerpos de los etarras Lasa y Zabala, víctimas del GAL, en Alicante

Los jóvenes fueron secuestrados, torturados y finalmente asesinados en la localidad de Busot, donde un cazador los encontró en 1985. 

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El 20 de enero de 1985, un cazador que paseaba por un sendero de la Foia de Coves, en el pequeño pueblo alicantino de Busot, encontró una fosa de unos seis metros de profundidad que contenía dos cuerpos en cal viva. El próximo día 20 harán cuatro décadas desde que los miembros de ETA José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala fueron hallados tras ser secuestrados en Francia, torturados en Donostia y enterrados en Alicante por los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) en lo que fue su primer atentado.

Ramón Soriano, como se llamaba el cazador, encontró restos humanos esparcidos por las alimañas. Una vez abierta la fosa, se descubrió que contenía no uno, sino dos cadáveres que presentaban mordazas en la boca, los ojos tapados con cinta aislante y aún conservaban restos de vendas.

La conmoción en el tranquilo municipio alicantino, de menos de 4.000 habitantes, no llegó con el hallazgo de los restos, sino diez años después, en 1995, cuando un forense logró identificar los cuerpos, que habían permanecido en el cementerio municipal de Alicante durante esa década.

La noticia sacudió la provincia y convirtió Busot en un lugar de peregrinación al que acudieron familiares, amigos y simpatizantes de ETA. De un día para otro, autobuses partieron de Euskadi para recorrer los 800 kilómetros de distancia hasta la provincia donde fueron asesinados los jóvenes Lasa y Zabala, de 

Atados, amordazados y con los ojos vendados, los asesinos, los guardias civiles Enrique Dorado Villalobos y Felipe Bayo Leal, junto con otros implicados, los trasladaron a aquel paraje.

El lugar tenía acceso por un camino de tierra que partía de la carretera local A-182 (Busot-Aguas de Busot), por el que circularon unos 15 km. Después abandonaron los coches y caminaron unos 200 metros monte adentro.

Allí, con una pistola Browning, hicieron un disparo a José Antonio Lasa en la cabeza y dos a José Ignacio Zabala, también en la cabeza, lo que les causó la muerte inmediata. Los enterraron en una fosa que les habían obligado a cavar, según recoge la sentencia.

Los jóvenes habrían pedido un sacerdote como última voluntad, pero los guardias civiles no se lo concedieron porque "no se lo merecían".  

Desaparición y tortura

Su identificación acabó con la angustia de sus familiares 11 años y medio después de su desaparición en la localidad de Bayona, en el País Vasco francés, donde se encontraban escondidos tras un atraco en un banco.

Fueron secuestrados el día 15 de octubre de 1983 por los GAL y trasladados y retenidos en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo. Desde allí, los llevaron a San Sebastián, al palacio de La Cumbre, para torturarlos.

Tres meses después, ya en 1984, un comunicado remitido a Radio Alicante anunciaba que ambos habían sido asesinados por los GAL y se indicó que estaban en Busot, aunque entonces no se le otorgó credibilidad.

La Audiencia Nacional condenó en abril de 2000 a 71 años al exgobernador civil de Guipúzcoa, Julen Elgorriaga; a 69 años al general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo; y a los mismos años al teniente coronel Ángel Vaquero. También fueron sentenciados a 67 años y 8 meses de prisión los guardias civiles del cuartel de Intxaurrondo Enrique Dorado y Felipe Bayo, autores materiales del crimen.

Homenaje

En octubre de 2023, cuando se cumplían 40 años de su desaparición, una comitiva llegada desde Tolosa, la localidad natal de Lasa y Zabala, viajó a Foia de Coves, en Busot. Allí, los familiares recorrieron el sendero hasta llegar al punto exacto donde encontraron a sus seres queridos.

Era la segunda vez que visitaban el lugar desde 1995 y plantaron un algarrobo como símbolo de la supervivencia frente a cualquier inclemencia. María Rosario, Asun Lasa y Pilar Zabala, tres de las hermanas, realizaron una ofrenda floral.

El daño fue tal que muchos de los familiares reconocieron que durante décadas evitaron mencionar el nombre de Busot por los recuerdos que les traía del cruel crimen. Asun Zabala describió, en declaraciones a Efe, el lugar como "dramático" y el paisaje "inhóspito", y reconoció que pisar suelo alicantino "no es grato".