Una niña come  come gachas enriquecidas en un acto sobre nutrición de Plan Internacional.

Una niña come come gachas enriquecidas en un acto sobre nutrición de Plan Internacional. Fabien Akakpo Plan Internacional

Historias

Matrimonio infantil, violencia y explotación: la crisis climática incrementa la vulnerabilidad de las niñas en el Sahel

La oenegé Plan Internacional ha publicado 'A Gathering Storm', un informe que analiza el impacto de esta emergencia en cinco países de la región. 

Más información: La infancia amenazada: el cambio climático se ensaña con los más vulnerables y los deja sin oportunidades

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Burkina Faso, Malí, Mauritania, Senegal, Chad, Sudán, Nigeria y Níger son algunos de los países que se pueden encontrar en la región del Sahel. Situada en África Occidental, se trata de "una de las zonas más vulnerables a los impactos del cambio climático". O, por lo menos, así lo define Rubén Expósito, técnico de programas de la oenegé Plan Internacional y especialista en esta zona. 

La pobreza, el hambre y la inestabilidad, exacerbadas por el cambio climático, no cesan. Las condiciones extremas, tampoco. Las sequías prolongadas, las precipitaciones erráticas y las inundaciones están deteriorando los medios de vida de millones de personas, mientras el riesgo de desplazamiento forzado no deja de aumentar. 

Toda la población está sufriendo las consecuencias, pero las niñas y adolescentes, asegura Expósito, son "las más afectadas por esta crisis". La inseguridad alimentaria, la escasez de agua y la pérdida de ingresos familiares está limitando su acceso a la educación. A su vez, el riesgo de matrimonio infantil, violencia de género y explotación incrementa por momentos. 

Es un patrón que se detecta también en otros territorios, especialmente en las comunidades vulnerables. El Cuerno de África, el sur de Asia o América Latina son algunos de los lugares donde el calentamiento global impacta con mayor severidad.

Allí, mucha población, indica Expósito, "depende de la agricultura o vive en zonas más afectadas por los fenómenos climáticos extremos, la degradación ambiental, la deforestación y la sobreexplotación de recursos naturales". 

La falta de infraestructuras resilientes y un acceso limitado a las tecnologías de mitigación tampoco ayuda. Y es que esto se traduce en una menor capacidad de adaptación a los cambios del entorno

Níger enfrenta la peor crisis de hambre en décadas debido a la irregularidad de las lluvias y a temporadas secas más largas.

Níger enfrenta la peor crisis de hambre en décadas debido a la irregularidad de las lluvias y a temporadas secas más largas. Fabien Akakpo Plan Internacional

De nuevo, la desigualdad de género toma partido. Ellas, dice el especialista en el Sahel, "tienen menos acceso a la educación, la información y los recursos económicos". Lo que, de un modo u otro, termina convirtiéndose en una capacidad inferior para enfrentarse a los efectos del cambio climático y, principalmente, una menor contribución para solucionar este escenario.

Falta de recursos naturales

La crisis del agua se intensifica. La disminución de lluvias y el agotamiento de fuentes hídricas en el Sahel está llevando a una creciente escasez de este recurso. Como consecuencia, menciona Expósito, "las niñas y adolescentes deben recorrer distancias cada vez mayores para recolectarla, lo que no solo les deja menos tiempo para su educación y ocio, sino que las expone a un mayor riesgo de violencia, abusos y acoso". 

En muchas comunidades, el acceso seguro a fuentes de agua potable es un desafío diario. De hecho, hay quienes aseguran, según el informe A Gathering Storm publicado por la oenegé, haber encontrado pozos completamente secos, llenos tan solo de arena. 

Al mismo tiempo, esta problemática impacta en la salud física y mental, repercutiendo directamente en la dignidad y el bienestar de las niñas y adolescentes. Muchas, dice Expósito, se enfrentan a "dificultades para gestionar su higiene, aumentando el riesgo de contraer enfermedades y provocando que falten a la escuela durante sus periodos menstruales". 

En lo que respecta a alimentación, la situación no es mucho mejor. Y así lo muestra el especialista en el terreno: "El cambio climático está empujando a millones de familias al límite. Las pérdidas en la producción agrícola y ganadera, ya sea por el aumento de sequías prolongadas, inundaciones o plagas, están generando una grave crisis de hambre". 

La reducción en la cantidad y la calidad de los alimentos es uno de los recursos más comunes, aunque no la única. Adoptar "estrategias de supervivencia nocivas", como la alimentación a base de forraje para el ganado, es también otra de las alternativas empleadas, de acuerdo con el informe. 

En Fada, un grupo de mujeres desplazadas internamente ha comenzado su propia huerta tras recibir capacitación y equipo de jardinería del proyecto PURE de Plan International.

En Fada, un grupo de mujeres desplazadas internamente ha comenzado su propia huerta tras recibir capacitación y equipo de jardinería del proyecto PURE de Plan International. Christian Zaongo Plan Internacional

Y una vez más el escenario, pero no el resultado; las mujeres y niñas son las más afectadas. Así lo explica el técnico de Plan Internacional: "Cuando hay hambre son las últimas en comer y, si al repartir los alimentos entre la familia no hay suficientes, son las primeras que se quedan sin nada que echarse a la boca"

La falta de una dieta adecuada, señala Expósito, provoca retrasos en el crecimiento, debilitación del sistema inmunológico y dificultades en el aprendizaje. Además, "la inseguridad alimentaria genera altos niveles de estrés en las familias, lo que puede derivar en un aumento de la violencia intrafamiliar y de la explotación infantil". 

El género sí importa

Los roles de género tradicionales y la discriminación vuelven coger fuerza. Por supuesto, asegura Expósito, "los niños se ven afectados por la inseguridad alimentaria y la falta de acceso a la educación", sin embargo, son las niñas quienes "sufren una carga aún mayor". 

Y es que son ellas las que se ven obligadas a abandonar la escuela para ayudar en las tareas del hogar, cuidar a sus hermanos o recorrer largas distancias en busca de agua. Se enfrentan, además, al matrimonio infantil, dado que "se percibe como la única opción para garantizar la supervivencia cuando los recursos escasean". 

Al mismo tiempo, la violencia de género, continúa Expósito, se intensifica con las niñas y adolescentes expuestas a acoso y agresiones sexuales, sobre todo en los desplazamientos para conseguir agua o alimentos. En definitiva: "El cambio climático no solo agrava la pobreza y la inseguridad en el Sahel, sino que también intensifica la discriminación de género, dejando a las menores en una situación de especial vulnerabilidad".  

La falta de recursos, incluso, indica el técnico de la oenegé, "ha llevado a algunas menores a intercambiar favores sexuales por comida o dinero". Porque, dice, "la desesperación económica también las expone a la explotación sexual, ya sea por necesidad propia o por la presión de sus familias". 

La voz de las silenciadas

Revertir esta situación es fundamental. De ahí que desde Plan Internacional estén trabajando por la implementación de mecanismos de protección y respuesta comunitaria con el objetivo de reducir la vulnerabilidad de la infancia ante la crisis climática. 

Lo hacen a través de iniciativas, lideradas por las propias niñas y jóvenes, como pueden ser los proyectos de reforestación, de saneamiento ambiental o las campañas de sensibilización sobre la importancia de la adaptación al cambio climático. Sin embargo, indica Expósito, "la falta de inversión en estas soluciones limita su impacto".

Plan International trabaja en la región de Gao para proporcionar comidas escolares nutritivas a más de 4.000 estudiantes cada día.

Plan International trabaja en la región de Gao para proporcionar comidas escolares nutritivas a más de 4.000 estudiantes cada día. Diafara Traoré Plan International

Las normas de género tradicionales vuelven a ser un reto. Este pensamiento está limitando la participación femenina en la toma de decisiones comunitarias.  Y es que, dice el especialista en el Sahel, "la falta de acceso a educación climática y la ausencia de plataformas donde puedan expresar sus preocupaciones representan barreras significativas". 

"Sin un enfoque que garantice la participación activa de las niñas y mujeres jóvenes, las respuestas al cambio climático seguirán ignorando las desigualdades de género y dejando atrás a quienes más sufren sus efectos", asegura Expósito. 

Motivo por el que, concluye, las acciones prioritarias deben tener el foco puesto en "la inclusión de la educación climática en los planes de estudio, el acceso a infraestructura resiliente al clima y la protección de las niñas contra la violencia de género".